XI Congreso del PIT-CNT
Hay que seguir hablando
de fuerzas productivas y
relaciones de producción

Por el Dr. Rodrigo Arocena

En el marco del XI Congreso del PIT-CNT se realizó el pasado 3 de octubre, un acto conmemorativo y de homenaje del 45º aniversario del PIT-CNT y sus fundadores. Participaron; el abogado laboralista Jorge Bruni, el ex rector de la Udelar, Rafael Guarga, el historiador Gerardo Caetano y el rector de la Udelar Dr. Rodrigo Arocena. La periodista Ana María Mizrahi actuó como moderadora y el dirigente Fernando Pereyra realizo un saludo de bienvenida a los expositores. A continuación presentamos la transcripción de la disertación del Dr. Rodrigo Arocena, que fuera registrado por La ONDA digital.

El Movimiento Obrero Estudiantil es algo con muy pocos parangones en otros países. Es, posiblemente, la mayor originalidad uruguaya y eso es lo que permitió - andando el tiempo y sumando alianzas y compañeros - hablar de Movimiento Popular. Eso es una clave de la historia uruguaya. Y lo que tengo para decir, a continuación de eso sobre el pasado, es algo personal. El agradecimiento que yo tengo para ese Movimiento que le permitió a un muchacho de clase media de Pocitos, conocer el Movimiento Obrero. Tener formación en fábricas y frigoríficos ocupados, poder decir hoy que junto a las extraordinarias universidades públicas autónomas y co-gobernadas (donde me he formado), la Mesa Representativa de la CNT del 68 fue para mí una escuela como no tuve otra. Representante de la Federación de Estudiantes allí, no voy a olvidar ni lo voy a olvidar nunca, lo que aprendí sobre cómo se discute, sobre cómo se respeta, sobre cómo se pelea.

A la generación de los fundadores - que a algunos los veo acá y a otros es como si los estuviera mirando discutiendo en la Mesa del 68 - a la generación de los fundadores, quiero recordarles diciendo que me parece que tenían y tienen tres características inusuales: ¡eran diferentes!; ¡cómo se peleaban entre sí!; ¡con qué dureza se enfrentaban y enfrentaban a la vida! Pero tres condiciones, sin duda, lo marcaban todo. En primer lugar, estaban convencidos que “los de abajo” tienen intereses comunes. Que el “pueblo” no es una fragmentación de reivindicaciones aisladas, coyunturales, particulares, sino que hay algo que se puede llamar “los intereses de los de abajo”. En segundo lugar, creían que “los de abajo” son capaces de pelear por sus valores y en tercer lugar, para ellos, esa lucha era y es vida que vale la pena. Eso fue una lección que, si no hubiera habido Movimiento Obrero Popular, para muchos, nunca hubiéramos llegado a tenerla. Y ¿cómo tuvimos esa lección? Quisiera tratar de revivir, aunque sea a la distancia, el entusiasmo con el que - en nombre de la Federación de Estudiantes - tuve el honor de hablar en el 2º Congreso de la CNT en esa primaverilla cortísima del otoño del 69, entre Medidas de Seguridad antes y Medidas de Seguridad después, hablar del futuro. ¡Porque el futuro es lo que tenemos que preparar! Es a lo que tenemos que apostar.

Señalemos algunas tendencias de lo que se viene. Hay que seguir hablando de fuerzas productivas y relaciones de producción, pero entenderlas en el siglo XXI. Y entender que entre relaciones de producción y fuerzas productivas, los vínculos son más complicados de lo que en alguna época creímos. No hay una determinación simple, pero ambas son cuestiones cardinales. Pues bien, todos sabemos cuáles son las relaciones sociales predominantes, absolutamente dominantes en nuestra época: se llama “capitalismo”. Pero quizás no hemos dicho con claridad que las fuerzas productivas predominantes de nuestra época, se llaman “conocimiento científico y tecnológico”. Por eso, la estructura de dominación de nuestro tiempo, es la sociedad capitalista del conocimiento y eso es lo que se va expandiendo.

Por lo tanto, mirando la realidad y no lo que uno querría que aconteciera (primero hay que mirar las cosas como son, para después tratar de cambiarlas), las tendencias a la privatización y a la comercialización del conocimiento, son objetivas. Están en la raíz misma de los procesos. Si el conocimiento científico y tecnológico es la clave de la fuerza productiva, en una sociedad capitalista, la tendencia a su privatización y a su mercantilización, no puede, si no, ser fuerte. En ese contexto es que se plantea la problemática del subdesarrollo, no como se planteaba hace 60 o 70 años, sino con facetas nuevas. Mantiene las facetas militares, financieras y otras, pero - sobre todo - se juega en el terreno del conocimiento. Digámoslo en aras a la brevedad, en forma muy abrupta. Si todos los países tuvieran en estos momentos el mismo ingreso per cápita, pero algunos monopolizan la generación de conocimientos y otros no tienen acceso a la generación de conocimientos, entonces la desigualdad se recrea rápidamente. Ahí se juega buena de lo que es el futuro mejor. De manera similar, la desigualdad entre grupos sociales, entre personas, tiene cada vez más que ver con el privilegio de acceder a la educación o con la exclusión de no poder hacerlo.

De nuevo, para polemizar: supongamos que hoy nos dieran a todos el mismo ingreso y tuviéramos todos el mismo salario, pero si hay sectores sociales que pueden acceder a la educación y otros que no, la desigualdad se va a reconstruir, la desigualdad se va a reproducir. Las divisorias de clase, ¿existen o no existen? Si y no. Existen en el sentido en que siguen habiendo una profunda estratificación y diferencias entre sectores sociales, pero sus causas no son idénticas a las de antes. Cada vez más tienen que ver con la posibilidad de acceder o no a la educación, con la posibilidad de que el conocimiento sea o no utilizado para lo que a uno le preocupa. Déjenme dar un solo ejemplo: quienes se ocupan de eso hablan de la brecha 90/10 en materia de investigación para la salud. ¿Qué significa eso? Significa que el 90% de los recursos mundiales dedicados a la investigación en salud, tienen que ver con los problemas de salud del 10% de la población. ¿Está claro? Esa es la diferencia que establece la sociedad capitalista del conocimiento. Hay divisorias en materia de conocimiento, divisorias en materia de aprendizaje.

Pues bien, entonces, si eso es así, a los terrenos de lucha de siempre (que no hay que abandonar) hay que agregarle otros. Los movimientos populares surgieron, históricamente, en las luchas por la tierra. Así se forjaron las primeras ideas democráticas y las primeras utopías socialistas. El movimiento obrero y los partidos que de él se originaron, parten de las luchas en las fábricas. Las luchas en la tierra, las luchas en las fábricas, siguen existiendo. Pero cada vez más las luchas son también en los ámbitos de trabajo y estudio. Si no somos capaces de pelear la distribución del poder, la orientación de la investigación, el acceso a la educación, entonces las viejas peleas no tendrán continuidad.

Y por eso, además de hablar de tendencias, hay que hablar de alternativas, de lo que uno intenta hacer, de lo que deberíamos tratar de hacer. Para pelear contra la dominación que se estructura en la sociedad capitalista del conocimiento, hay que multiplicar las vías y las modalidades de acceso a la enseñanza avanzada, combinada con el trabajo, a lo largo de toda la vida. Esto, si es solo un slogan, entonces estamos embromados. Si no logramos que la mayoría de la gente - independientemente de cuál ha sido su trayectoria hasta ese momento - si tiene capacidad para acceder a formas diversas de la educación avanzada pueda hacerlo, entonces la desigualdad se consolidará. Si no somos capaces de abrirle a gente en distintas etapas de su vida y con distintos orígenes sociales y trayectorias laborales, posibilidades de seguir estudiando, entonces la desigualdad se consolidará. Si no somos capaces de orientar la investigación científica y tecnológica - no sólo al conjunto del desarrollo productivo, sino específicamente a la problemática de la inclusión social - entonces la desigualdad se consolidará.

Mirando el reloj, déjenme decirles compañeras y compañeros, que en materia de política científica y tecnológica, está pugnando por surgir una nueva etapa que abre una pequeña cuota de esperanza. No los voy a aburrir con los pasados de las políticas de ciencia, de las políticas de ciencia y tecnología, de las políticas de ciencia, tecnología e innovación. Muchos de los que aquí están las conocen igual o mejor que yo. Quiero decirles que pugna por surgir, en distintas partes del mundo - en la teoría y, sobre todo en la práctica y particularmente en nuestro país - una etapa de políticas de ciencia, tecnología e innovación, para la inclusión social, que busca vincular estrechamente, el conocimiento con las preocupaciones igualitarias. Esa es una de nuestras oportunidades y por eso tenemos que pelear. En ese contexto, mirando hacia el futuro, tenemos que forjar el compromiso social de los privilegiados que accedemos a la enseñanza superior. Algún día no seremos privilegiados. Pero hoy por hoy (y todavía por un cierto tiempo), quienes hemos tenido el privilegio de acceder a la enseñanza superior, debiéramos - desde el primer momento - saber que eso entraña compromisos.

Al igual que peleamos por generalizar el acceso a la enseñanza avanzada y por vincular la investigación con la problemática de la inclusión social, peleamos por la curricularización de la extensión universitaria, entendida como vincular a todos los estudiantes universitarios con la acción en conjunto, con actores sociales, para mejorar la problemática social. Para, entre muchas otras cosas, además de mejorar su formación, incentivar su compromiso desde el primer momento. Hacerles sentir a quienes tienen - como tuvimos otros en el pasado - el privilegio de acceder a la enseñanza terciaria, que eso entraña deberes. Ahí está esta dominación que el peso del conocimiento, imbricado con la reestructura del capitalismo entraña - en las desigualdades entre países y en las desigualdades sociales - tenemos que hacer un esfuerzo grande. Estas son las alternativas que hay que construir para ampliar los espacios solidarios de aprendizaje.

Esto, mirando hacia el futuro, tiene que ver con pensar que la educación ya ha llegado a ser demasiado importante, como para que la hagamos sólo o fundamentalmente en las aulas. Todo lugar donde se trabaje bien, debiera ser un lugar de formación. Esto, mirando hacia el futuro, es probablemente una de las vías para pelear a la vez por el desarrollo integral y por la igualdad social. Creo que estas son las cosas que hubiera querido sintetizar mirando hacia el mañana.

Pero déjenme, para terminar, decir algunas pocas cosas sobre el presente. Complicado el presente, ¿verdad? Complicado desde el punto de vista ideológico, sobre todo. Hay una primacía ideológica de proyecto de base individualista, con muy escaso lugar para la solidaridad y muy escaso lugar para la participación. ¿Quién defiende hoy la democracia participativa, en serio? ¿Quiénes defienden, con ganas, las ideas fundacionales del Movimiento Obrero Estudiantil sobre el papel de la democracia participativa? No muchos. Es una consecuencia, probablemente inevitable durante un cierto período, del triunfo, no sólo económico, sino ideológico de la sociedad capitalista del conocimiento. En todo caso nosotros, el Movimiento Popular, en el terreno de las ideas, me parece que tenemos que decirlo con claridad: estamos a la defensiva. No estamos siendo nosotros los que somos capaces de forjar la agenda del debate ideológico del país. Y, en esas condiciones, quizás el mejor homenaje que se pueda rendir a la generación fundadora de la CNT, es recordar tres características que las marcaron: la unidad de la pluralidad y el respeto de las opiniones, la solidaridad amplia y - sobre todo - la audacia fundacional. ¡Eso fue la CNT! ¡Eso necesitamos para un nuevo proyecto innovador basado en la alianza del trabajo y la educación! ¡Ojalá el nuevo Congreso del PIT-CNT ponga en marcha todas nuestras energías para una nueva alianza del trabajo y la educación!

Cuenten con nosotros para eso y vaya a la generación fundadora del PIT-CNT el homenaje de la Universidad de la República y mi inmenso aprecio personal por lo mucho que le debo.


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