Hay que jugar de memoria
Por Raúl Legnani*
Urumex80@gmail.com

En los últimos días comencé a sentir húmedos los pies. “ Estamos tocando fondo”, me dije. Lo que estaba pasando era la fractura expuesta de Asse, un verdadero concurso de confusiones y de contradicciones. Nada recomendable para la gestión de un gobierno, en un tema tan sensible para la gente, como es la salud.

No pasaron muchas horas y nos encontramos con una encuesta de la consultora Equipos Mori, realizada antes de la crisis de ASSE, que sitúa el nivel de aprobación del presidente José Mujica en 46%, levemente por debajo de los votos que cosechó en las elecciones nacionales de 2009 (48%).

Es de recordar que en octubre de ese año, el ex líder guerrillero se impuso en las elecciones de primera vuelta con un 48% de los votos y fue elegido un mes después, en noviembre, con un 52%.

Incluso la encuesta establece que Mujica tiene mayor apoyo que su predecesor y compañero del Frente Amplio (FA), Tabaré Vázquez, quien a esa altura de su gobierno sumaba una popularidad de 43%.

Sobre la intención de voto para las elecciones de 2014, el FA encabeza - según la misma encuestadora- las referencias con un 42%, seguido por el Partido Nacional (PN), con 23%, y el Partido Colorado (PC), con 18%. Si sumamos los dos partidos tradicionales opositores, se quedan un punto por debajo del Frente Amplio.

En ese escenario, donde politólogos y periodistas coincidíamos en señalar que la exposición excesiva de Mujica opinando sobre distintos temas, estaba mellando su popularidad, el Presidente habló el jueves en M24 rechazando la sugerencia de sus amigos de que parara la mano con la sobre exposición.

"No son pocos lo amigos que me piden que no me exponga tanto porque en definitiva en este país es negocio polemizar con el Presidente, porque es la manera de tener audiencia", dijo Mujica.

"Me piden que la Presidencia esté rodeada de misterio, cosas por el estilo. Siempre he pensado que en este Uruguay republicano, con defectos y virtudes, en el fondo nadie es más que nadie. Siento que democracia es construir como podemos entre todos y eso es precisamente tratar de lidiar con las divergencias, ¡qué embromar! Para ser libre hay que tener capacidad de discrepar", agregó.

“No puedo escudarme en el silencio y misterio. Cada cual será cómo es y no puedo menos que poner el alma frente a los problemas, a veces errando y otras acertando”, agregó al dar la señal de que va a seguir por el camino que hasta ahora ha recorrido, en materia comunicacional.

El jueves en la noche, conocida la encuesta de Equipos Mori, mis pies se secaron y perdieron la sensación de humedad. El segundo gobierno progresista, no estaba tocando fondo. ¿Era solo una impresión?

Estos sentimientos contradictorios que muestran que no hay un drama político para el progresismo, de ninguna manera pueden llevar a pensar que en las distintas estructuras de gobierno, tanto en la Presidencia como en el resto - incluso el legislativo-, no se manifiestan grandes dificultades.

Hay problemas y muchos de ellas son fruto del perfilismo sectorial y de los intereses individuales, que predominan por encima de una estrategia colectiva de avance, que solo se puede construir si hay respeto y consideración entre las partes que componen el gobierno.

En el gobierno, por encima de la adhesión ciudadana al Presidente, hay granes problemas de gestión que ocupan páginas y tiempo en los medios de comunicación, que refuerzan las inquietudes negativas que hay en la sociedad sobre temas que no se resuelven o que no se visualizan en el horizonte, más o menos inmediato, como problemas que deberían pasar a ser solo temas en el próximo año.

Hay descoordinación entre algunos ministerios y dentro de ellos mismos, hay discrepancias entre los ministerios y la propia Presidencia y la bancada de legisladores, a la hora de concretar.

Declaraciones y puntualizaciones van y vienen y la gente que solo escucha algunos minutos de un noticiero, no sabe para donde va el río: se queda con un dicho, mañana con otro y siente en el alma que algo anda mal.

Pero lo más interesante de este fenómeno, es que uno percibe que son los votantes de la izquierda y del progresismo, los más contestatarios, los más críticos y que ya lo hacen en el boliche, en las redes y en los centros de trabajo y de estudio.

La dirigencia frenteamplista parece no recordar que el voto en blanco en las últimas elecciones municipales por parte de un porcentaje importante de su electorado, llevó a perder algunas intendencias.

Entre dirigentes responsables del FA, así como militantes experientes de otras épocas y jóvenes interesados en la política y por la suerte de la coalición, existe el convencimiento de que hoy Mujica ha perdido, porcentualmente, más votos en el FA, que en el electorado que prestó su voto en las dos últimas elecciones en que el progresismo ganó las elecciones nacionales.

“La bronca es primero de todo en casa”, he escuchado reiteradas veces en los últimos días por muchos frenteamplistas, sentencia que de confirmarse está poniendo en duda la posibilidad de que se vuelquen nuevas energías humanas a la construcción de una nueva realidad política en la izquierda, que permita superar esta etapa actual donde la irracionalidad, el voluntarismo y el sectarismo, hacen mella en la gestión, pero también en la práctica política.

Como dijimos, hay problemas de gestión que urgentemente tienen que ser superados. Pero a la vez hay zonas de la gestión - y no solo es el equipo económico -, que no son suficientemente informadas a la población, que muchas veces no se da cuenta de en que se está beneficiando.

La corrección de este camino contradictorio y ambivalente, solo se logra en clave política. No es con actos disciplinarios, ni con grandes intercambios públicos sobre las diferencias, sino que con la actualización y renovación, hasta donde se pueda llegar, de lo que es el pensamiento y el programa de la izquierda, en un mundo que impregna de desafíos a los pueblos.

Mirando el viernes a la selección uruguaya de fútbol, parecía estar viendo a otro país. Allí había un grupo humano con una estrategia común, construida en base a lo que somos. Ni brasileros, ni italianos, uruguayitos, pero jugando de memoria, aceptando las limitaciones y las virtudes propias. Gestionando un partido de fútbol, así de sencillo y de complejo.

Claro que en esto el capitán, el Presidente, tiene mucho para hacer, pero también tienen mucho para hacer el cuerpo técnico, los jugadores, los hinchas, los cocineros, los médicos y la prensa.

Que la última encuesta no nos lleve a engaños: al presidente José Mujica no le va mal, pero al país le tendría que ir mucho mejor. Y eso lo tendría que estar sintiendo el propio Frente Amplio, porque sin adhesión a la fuerza política no hay la profundización del proceso de cambio, que es imprescindible para una sociedad que tiene una gran oportunidad de seguir avanzando y no puede ni debe perderla.

*Columna publicada el lunes 10 en La República

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