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No voy a ser candidato a la Presidencia de la República
Por Raúl Legnani* Urumex80@gmail.com
Ha sido una semana compleja para la izquierda. En un principio los amigos del multimedio plural me llamaron para saber qué pensaba sobre la resolución de Tabaré Vázquez de retirarse de “la vida política pública”. Recibieron como respuesta, debo confesarlo, más dudas que certezas. Creo que me pasó como los médicos, cuando los síntomas de una enfermedad no son claros y definitorios: hay que ganar tiempo y hacer análisis, escuchando mucho a otros especialistas, me dije. Cosa que cumplí.
Horas después las llamadas fueron para otra cosa, por cierto insólitas y poco creíbles. Los amigos me proponían que aceptara la candidatura a la Presidencia de la República, planteo que me interesó y por eso pedí tiempo. Después me enteré que en las gateras habían mujeres, hombres, gordos y flacos, rubios y morochos, que se miraban al espejo y ya se veían con la banda presidencial. Había cola para el oportunismo.
“Esta es mi oportunidad”, me dije con voz quedita, pero no se lo conté a nadie. Claro que al rato me di cuenta que al no ser mujer, pero particularmente porque supero los 60 años de edad y no soy joven, no estaba en condiciones de aceptar tan tremendo desafío.
Por eso me llamé a silencio, pero debo confesar que fui al Shopping de Punta Carretas y a la Universidad, donde la gente me paraba para decir “es la tuya”, Y por un ratito me la creí. Solo un ratito, como veremos.
Confieso que me gustó ese momento vivido de que la gente me salude en la calle, que me diga que me quiere, que sabe quien soy y que además me proponga como candidato ante tan grande responsabilidad: ser Presidente de la República.
Incluso llegué a pensar en conseguir una partida de nacimiento falsa, que me redujera la edad a los 55 años. Pero, como me pasa siempre, no me animé transgredir a la biología y mucho menos a las leyes, quizás porque la gente ya se da cuenta, sin papeles a la vista, que no soy el mismo de antes.
Por suerte escuché al “Sordo” González con su encuesta de Cifra, donde muestra como se compone la estructura de apoyo ciudadano al renunciante doctor Tabaré Vázquez. Fue así que me enteré que el oncólogo, que fue presidente de Progreso, intendente de Montevideo y presidente de la República, cuenta con el 53% de simpatía y que en el Partido Nacional esa simpatía se expresa en el 41% y en el Partido Colorado el 50%.
Como no podía ser de otra manera el 76% del Frente Amplio le expresa su simpatía, porcentaje que es un poco mayor a los que me alientan en la Universidad y en los shopping, para que acepte la candidatura.
Esos datos me impactaron y comencé a recordar aquella recomendación de Seregni, que me dijo un día en Costa Azul. “Yo bajo a la playa, miro a la multitud y me preguntó quien nos vota o no y ahí te das cuenta que no sabés qué puede pasar, pero el asunto es que muchos te conozcan aunque no te quieran”, me dijo, sentado de espalda al mar, porque estaba cansado de saludar gente que no conocía.
Luego de todas estas reflexiones, plagadas de contradicciones y de sentimientos encontrados, mandé diez mail a algunos de los promotores. “Renuncio a la candidatura a la Presidencia, creo que Tabaré no tiene contrarios, dentro del FA y fuera de él”, fue lo que me atreví a escribir, luego de la encuesta de Cifra.
Nadie me respondió, es que muchos de ellos ya se imaginaban en la Torre Ejecutiva dirigiendo los destinos del país y con vista al mar. Todo un placer. Visual y de poder. “Allá ellos” me dije, con una cierta cuota de satisfacción de que el ego no me había comido por dentro y que eso me permitía sentir que volvía a ser yo, tal como soy: un tipo sin votos y seguramente sin condiciones para dirigir los destinos de la patria.
Tengo mis dudas si mi experiencia virtual (puro cuento) de la propuesta presidencial, pueda servir de algo para que el Frente Amplio no quede atrapado entre las ambiciones de las mortales y los mortales.
Es que los líderes y los candidatos no se construyen de un día para el otro. Llevan años y no alcanza con dos o tres actos y algunas entrevistas televisivas, para ganar una elección. Es siempre una construcción colectiva, pero también individual, donde el protocandidato comete aciertos y errores, pero construye una personalidad donde la gente se lo imagina como quiere, según su sentir y pensar.
El que no logra esa empatía con la gente, se va a titular de aspirante a candidato, pero jamás llegará a puerto. Improvisar en materia de candidaturas es un arte peligroso. Sin duda. ¿Le quedó claro? No voy a ser candidato a la Presidencia de la República.
No lo voy a ser, además, porque no quiero que digan que soy de la CIA, en tanto apoyé y promocioné que el Frente Amplio y Wilson se entrevistaran con altas autoridades de Estados Unidos, durante el gobierno de Carter y en plena dictadura uruguaya, para ver qué mano nos daban para sacarnos a la dictadura cívico-militar.
No nos olvidemos, a la vez, que Marcos Orlando Letelier del Solar miembro del gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende, fue asesinado en Washington D.C. por agentes de la dictadura militar de Pinochet en 1976.
¿Letelier era agente de la CIA? Sospecho que no y sospecho, además, que tenía apoyos en el Partido Demócrata de Estados Unidos para construir un espacio internacional que aislara a Pinochet.
Así que estimado lector, Tabaré no se salió del programa y e los compromisos del FA. Como buen muchacho de La Teja se arrimó al más fuerte, que no era el mejor pero era el más fuerte, para poder parar la patota que se venía y se venía. ¿Miento uruguayas y uruguayos?
*Periodista uruguayo, columna publicada el lunes 17 de octubre en La República
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