Habitar Montevideo VII
Los sonidos urbanos

Por el arquitecto Luis Fabre

Aquí: Habitar Montevideo (VI)

Desde los arcaicos mercados, en las plazas y espacios públicos, los sonidos de la ciudad han sido uno de los principales componentes de la vida urbana. Algunos cumplen funciones anunciando servicios, como el viejo afilador o el contemporáneo reparto de gas envasado. Otros, como las antiguos cláxones y modernas bocinas, hacen a la seguridad en el tránsito entre vehículos o respecto a los peatones. Junto al aumento del parque automotor, su exageración llevó a limitar la utilización en situaciones especiales, aminorando los grados de polución sonora a que venía llegando. Incluso las sirenas de los servicios de urgencia están restringidas a zonas o situaciones en que estos vean impedido su rápido desplazamiento. Es una referencia que importa a la hora del cuestionamiento a una de las dos peores formas de contaminación sonora en la urbe.

Las alarmas
La protección de bienes inmuebles y móviles mediante alarmas sonoras se impuso, desde hace décadas, en un contexto de creciente inseguridad, alimentado cotidianamente por los medios de comunicación, que potencian las malas noticias como atractores de audiencia. La sociedad urbana aceptó pasiva, tácitamente, los daños colaterales que producen los artefactos tecnológicos en esa función.

Sin embargo a pesar de su proliferación su distorsionada activación relativiza notoriamente su efectividad en la prevención y neutralización de actos delictivos. Como contrapartida han incrementado hasta la saturación-sobretodo en zonas densamente pobladas como Pocitos, la molestia continuada en días y noches, tanto a habitantes como a transeúntes. Agregamos lo que todos sabemos; la mayor parte de las veces la alarma suena por nada, sin relación con un riesgo. Los tiempos de desactivado de estos artefactos, muchos de las cuales requieren para ello la concurrencia de las empresas de seguridad al lugar, nada se compadecen de la interrupción del descanso que a cientos de miles de ciudadanos provocan.

Soluciones tecnológicas
Es hora que la tecnologías aporten soluciones al problema sin que necesariamente estas deban ser soportadas por la sociedad y en particular por el barrio.

El daño a la salud mental, la perturbación de la tranquilidad en su domicilio a que tiene derecho la gente e incluso el medioambiental, pues no solo a los humanos agreden, es absolutamente desproporcionado al propósito que persiguen. Y no se necesita ser un científico para concluir del efecto subliminal de las alarmas una contribución a la sensación de inseguridad en la gente.

Sin embargo
Es seguro que en la actualidad existen soluciones con cámaras, células fotoeléctricas y otras que pueden cumplir similar o más eficiente función, con señales de aviso al propietario o los centros de seguridad, para sorprender al invasor.

Como la Intendencia resigna competencias al Ministerio del Interior en estos asuntos la cuestión puede plantearse en los siguientes términos: si alguien se pone a gritar desaforadamente por un buen rato en la calle puede ser detenido por alterar el orden público. Pero si alguien permite que la alarma sonora de su vehiculo, con mas de 120 db en los agudos, y en un radio de 100 mts., se escuche por mas de una hora; eso está permitido! Concluyo que este fenómeno urbano de los últimos tiempos, que ya dejó de ser nuevo, es hora que sea regulado.

Entre todos
Mientras tanto, exhortamos a nuestros vecinos, a optar por alternativas que no alteren la convivencia, a las autoridades municipales a regular al respecto, a las empresas a suministrar soluciones idóneas, para entre todos, para mejorar nuestra urbana calidad de vida.

Las que ya pueden impedirse
Dejé para el final la otra mayor fuente de contaminación; los escapes libres.

Recuerdo muy bien que hace 20 años andaba en moto y cuando me detenía un inspector preguntaba por mi licencia de conducir y revisaba mi escape, haciéndome acelerar para escuchar su sonido. Si sonaba libre o el silenciador estaba roto, me ponía una multa con plazo para arreglarlo. Si los Decretos no fueron anulados, los inspectores de tránsito pueden hacerlo, cumpliendo una función que, superando las cuestiones del tránsito, apareje la consideración de la ciudadanía hacia ellos.

Calidad de vida para todos
Por definición la ciudad no es silenciosa, pero podríamos restaurar algunos sonidos de la vida entre nosotros. En primer lugar escucharnos en una plaza, la rambla o la terraza del bar de la esquina. Volver a escuchar el oleaje del mar por las noches .Pero sobretodo, además del ladrido de los perros, el canto de las aves que cohabitando la urbe, soportan estoicamente las distorsiones que consignamos. Hagámoslo también por los pájaros.

LA ONDA® DIGITAL

Portada


Contáctenos

Archivo

Números anteriores

Reportajes

Documentos

Recetas de Cocina

Marquesinas


© Copyright 
Revista
LA ONDA digital