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La renovación tuvo que ser ayer, por eso es ahora
Por Raúl Legnani* Urumex80@gmail.com
En la columna anterior salí al cruce de algunas posturas oportunistas, que aplaudieron el presunto alejamiento de Tabaré Vázquez de la política, por lo menos de la pública, en tanto creyeron que de esa forma se abría la puerta para una renovación generacional y de género.
“Muerto el Rey, viva el Rey”, me pareció sentir desde las entrañas de mucha gente que cree que los candidatos se inventan y por eso enfrenté tan pequeña idea.
El error de estos personajes fue que aprovecharon un mal momento del ex Presiente de la República, para avanzar un casillero en su afán de aproximarse a su propia candidatura o de algún conocido que pinta bien y que es querido por la barra.
Hasta ahí fue la intención de la nota y así lo entendió la gran mayoría de los lectores que se comunicaron conmigo y con amigos comunes. Pero de ninguna manera - quizás la precisión sea innecesaria - me opuse a la renovación generacional y de género en la conducción de la fuerza política y en los distintos niveles de su estructura.
No hay la menor duda de que el Frente Amplio necesita dejar las canas, los ataques de presión y la falta de vista, para darle el lugar a los rostros y a las culturas más jóvenes.
Pero eso solo se logra si hay voluntad de los “viejos” para dar un paso al costado y voluntad de los “nuevos” para dedicar parte de su vida a la política. Y hasta ahora nI los “viejos” ni los “nuevos” se muestran muy interesados en colaborar con la renovación.
Hay momentos en que la comedia se trasforma en tragedia, particularmente cuando hay algunos veteranos que hablan de renovación generacional, sin haberse mirado al espejo.
A la vez hay jóvenes que protestan, que se enojan con la gerontocracia pero cuando llega la hora de asumir responsabilidades (palabra un poco sesentista) dicen que no tienen tiempo, que no quieren participar de las estructuras, modernas o viejas, porque prefieren ser opinadores y no constructores de la política.
Si esta descripción que estamos haciendo contiene un 50% de la realidad, existe la posibilidad de sostener que el Frente Amplio está en una profunda crisis, vaciándose de gente y de perspectivas, que está entregando la posibilidad de la renovación solo a la biología, que por cierto es mucho más lenta que la marcha de la política, entre otras cosas porque en la democracia uruguaya, como en muchas otras, existen los tiempos electorales.
Como me dijo una vez un amigo argentino peronista, en los días previos al golpe de Estado de su país: “No se puede estar tirando todos los días un viejo por la ventana, pero los viejos tienen que saber que en cualquier momento los tiran”.
Para solo poner un ejemplo: ¿qué pasaría en el Frente Líber Seregni si se resolviera que para ser candidato a algo, se exige que el aspirante tenga 55 años de edad o menos?
Tengo la sospecha de que solo quedarían en las lista Oscar de los Santos, Fernando Lorenzo, Carlos Varela, José Carlos Mahía. Felipe Michelini y Rafel Michelini, entre otros. ¿Malos candidatos para algo?, de ninguna manera, por eso hay que apoyarlos, hay que darles espacio, hay que promoverlos, trabajar con ellos y sobre ellos, pero sabiendo también que hay personalidades como Danilo Astori y otros, que no pueden ser tiradas por la ventana, así por que sí.
La renovación generacional, reclamada a gritos en el FA, debió haber empezado ayer y quizás empezó y no nos dimos cuenta, porque en la estructura del Estado hay un grupo de muchachas y muchachos menores de 55 años que conocen el ejercicio del gobierno, aunque no sean provenientes de la actividad política pública, en tanto no llegaron por la práctica política diaria de nivel masivo, sino por sus capacidades técnicas y profesionales.
Si las nuevas generaciones de frenteamplistas no reclaman el poder dentro de la fuerza política, como pasó en los 60 donde nadie le hacía asco a la idea de dirigenciar la política, no habrá renovación generacional, en tanto los mayores sigan apegados a sus cargos.
El Frente Amplio, si no hace una política sistemática y dirigida hacia esa renovación, lo va a sufrir profundamente e incluso puede hipotecar su futuro. Puede pasar que la renovación llegue recién después de una derrota, lo que sería dramático para sus intereses.
Ahora, la renovación generacional no es solo un problema administrativo y de partidas de nacimiento, es también un complejo político, ideológico, programático y orgánico.
Es que no todo “viejo” es conservador, ni todo “joven” es un pensador de avanzada. Si en la izquierda no hay cuatro o cinco puntos que permitan debatir y establecer un dialogo fructífero, puede pasar que los representantes de las nuevas generaciones no logren superar en ideas y propuestas a los que están tirando por la ventana.
El doctor Tabaré Vázquez, antes de que se llamara a silencio, presentó nueve puntos para analizar en la interna, que en un comienzo pudieron aparecer un poco superficiales. Pero de una buena lectura de ellos se desprende que son un gran ordenador del análisis colectivo que la izquierda tiene que realizar.
Por allí, entonces, hay que trabajar con paciencia y respeto por el discrepante. Pero este intercambio de opiniones no se puede hacer masivamente, si no se abren todas las puertas y ventanas para que los frenteamplistas puedan participar. Y en esto es fundamental que los Comités de Base recobren sus bríos con los barrios, pero que también puedan participar los militantes de las redes frenteamplistas.
Parte de este proceso deben jugar los sectores el FA, que deben ser los primeros que se tienen que democratizar, porque por algo la fuerza no es solo movimiento sino también coalición.
Si no hay renovación en la estructura partidaria que columniza al Frente Amplio, no habrá condiciones para un cambio global de una izquierda que transformó el país, pero que a diario siente en el alma que le faltan acuerdos e ideas para seguir avanzado en el camino del cambio avanzado.
*Periodista uruguayo, columna publicada el lunes 24/10/11, en La República.
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