3º edición del libro de Moniz Bandeira
Relaciones Brasil-EUA:
la rivalidad emergente

Entrevista al profesor Luiz Moniz Bandeira

No podía ser más oportuna y actual la aparición de la 3º edición del libro de Moniz Bandeira Relaciones Brasil-EUA: la rivalidad emergente. En esta obra actualizada el autor analiza documentadamente las relaciones bilaterales entre EE.UU. y Brasil entre los años 1950- 1988. Se ha señalado con razón que este es un libro imprescindible para conocer mejor el papel de los EE.UU. no solo en relación con Brasil, sino en el concierto internacional de estos días. Lo que sigue es una entrevista del Profesor e historiador Luiz Alberto Moniz Bandeira concedida al jornal Hoje em Dia de Belo Horizonte ante la aparición de esta 3º edición de su libro en Brasil.

-¿Cuál es la importancia de la reedición de esta obra, teniendo en cuenta el contexto político y económico de 2011?
- No se puede comprender el contexto económico y político del presente, 2011, sin conocer las causas, los antecedentes. Porque todos los acontecimientos tienen raíces históricas en el pasado. La oposición acusó al gobierno Lula de crear fricciones y alejar a Brasil de los Estados. Este libro, que abarca el período de 1950 a 1988, antes, por lo tanto, del siglo XXI, muestra como las contradicciones recrudecieron y se agravaron, sobre todo durante el régimen militar, luego de un “breve y aberrante paréntesis” del gobierno del general Humberto Castelo Branco (1964-1967), según calificó el embajador americano Johns Crimmins a este período de “alineamiento automático” con los Estados Unidos.

- Forma parte de nuestro sentido común el hecho de que Brasil siempre fue pasivo con relación al poderío norteamericano, especialmente en el período de la dictadura militar. ¿Esta percepción es comprensible?
- Este sentido común sólo existe, naturalmente, entre los que ignoran la historia de Brasil y de su política exterior. En el siglo XIX, Brasil suspendió tres veces (1827, 1847 y 1869) las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, que entre 1849 y 1954 pretendieron absorber la Amazonia y amenazaron a Brasil con una guerra. Esto está todo demostrado, con documentos, en mi libro Presencia de los Estados Unidos en Brasil (Dos siglos de historia), cuya 4ª edición fue publicada recientemente por A Civilização. Esta obra fue best-seller cuando salió a la venta en 1973, en pleno régimen militar, y fue y es muy leída en los medios militares y diplomáticos.

- Existió algún momento de nuestra historia en el que realmente nos mostramos totalmente sumisos. Al planificar estrategias de dominio sobre países latinoamericanos, ¿los Estados Unidos veían a Brasil de manera diferenciada con relación a los otros?
- La aceptación de las directrices políticas y el alineamiento de Brasil con los Estados Unidos se dieron a partir del fin del siglo XIX, después de la proclamación de la república, debido, principalmente, a la dependencia con relación al café, cuyas exportaciones dependían del mercado americano. Sin embargo, incluso durante la gestión del barón de Río Branco, que llevó a cabo una política de alineación con Washington, aceptando la Doctrina Monroe, Brasil reaccionó y enfrentó varias veces a los Estados Unidos. Es lógico que, por sus dimensiones geográficas y demográficas, su inserción geopolítica en el Atlántico Sur, los Estados Unidos siempre percibieron la relativa importancia de Brasil en el continente, pero la hegemonía de los Estados Unidos sobre América Latina fue el resultado no de una planificación, sino de otros factores, entre los cuales están los económicos, estratégicos y políticos.

- Actualmente los Estados Unidos parecen respetar un poco más a Brasil. ¿A qué se debe esta impresión: la política exterior del PT o los problemas políticos y económicos padecidos por los americanos desde el gobierno W. Bush?
- Los Estados Unidos solamente respetan a los estados que se muestran fuertes y saben resistir y enfrentar sus presiones. Atacaron a Irak y a Libia porque Saddam Hussein y Muammar Gaddafi se desarmaron. Pero no osan atacar a Irán ni a Corea del Norte, porque saben que pueden tomar represalias con sus armas. Los Estados Unidos, de cierta forma, siempre respetaron a Brasil y ya no pueden obviar su importancia y emergencia, como potencia económica y política. Reforzar a Brasil, militarmente, y poner de manifiesto su capacidad de inserción, con independencia, en el actual contexto post-Guerra Fría, como potencia política global, fue lo que hizo el presidente Lula y lo que la presidente Dilma Roussef está consolidando.

- ¿Cuáles son los principales perjuicios y beneficios de esta relación histórica entre Brasil y los Estados Unidos?

- Existen perjuicios y también beneficios, porque los dos países son las dos mayores masas geográficas y demográficas, a pesar de la asimetría, del hemisferio occidental. Y ninguno de los dos países puede prescindir uno del otro. Pero lo que importa para Brasil es ampliar su presencia internacional, expandir sus fronteras diplomáticas, como lo hizo el entonces canciller Celso Amorim y será profundizado por el canciller Antônio Patriota, diversificar sus mercados y socios comerciales.

- Vivimos un momento en el que muchas personas preven el fin del dominio norteamericano, especialmente debido al crecimiento impresionante de China. Finalmente, ¿es posible imaginar un tiempo no muy lejano en el que los norteamericanos ya no serán los mayores dominadores del planeta?
- En agosto de 2006, cuando fui elegido por la Unión Brasileña de Escritores como “Intelectual del Año 2005” y recibí el trofeo Juca Pato, por mi libro Formación del Imperio Americano, pronuncié un discurso en el cual pronostiqué que la burbuja financiera de los Estados Unidos, así inflada, iba a estallar, tarde o temprano. Cité que el Asian Development Bank, el 28 de marzo de 2006, advirtió a sus miembros que se preparasen para un posible colapso del dólar, que, aunque aún era incierto, tendría graves consecuencias para la economía mundial, así como el financista George Soros que consideraba inevitable el estallido de la burbuja y que se daría en 2007. Fue exactamente lo que sucedió. En este mismo discurso, dije que señales muy similares a las que marcaron la decadencia y la caída del Imperio Romano, descriptas tan magistralmente por Edward Gibbon, ya se manifiestan y se acentúan en los Estados Unidos. Sin un estado de guerra permanente, la economía de los Estados Unidos deja de funcionar. La paz es contraria a sus intereses. Lo mismo sucedió con el Imperio Romano, cuya economía, tal como fue lograda al final, se basaba en la guerra. El Imperio Americano, militarista, necesita también de guerras para mantener su economía en funcionamiento, reducir el número de desempleados, etc. Pero si la decadencia del Imperio Romano duró muchos siglos, la decadencia del Imperio Americano probablemente llevará apenas algunas décadas. El desarrollo de los medios de comunicación y de transporte dotó de mayor velocidad a la civilización moderna. El desarrollo de las herramientas electrónicas, la tecnología digital, imprimieron velocidad al tiempo. Y la caída del Imperio Americano será tan vertiginosa, dramática y violenta como su ascensión.

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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