|
Las obsesiones estilisticas de Almodovar
Por Carlos R. Oroño
MÁS CARTELERA
La piel que habito- España, 2011. Director: Pedro Almodóvar. Productores: Agustín y Pedro Almodóvar. Guión del mismo sobre una novela de Thierry Jonquet. Fotografía: José Luís Alcaine, en color. Música: Alberto Iglesias. Intérpretes: Antonio Banderas, Elena Anaya, Marisa Paredes, Blanca Suárez, Eduard Fernández, Roberto Alamo, Jan Cornet, Teresa Manresa, José Luis Gómez, Barbara Lennie, Fernando Cayo, Isabel Blanco. Duración: 120 mns.
Cada nueva película de Pedro Almodóvar trae siempre consigo la curiosidad y la polémica. Reverenciado en medio mundo, su cine no deja indiferente a nadie, ya sea para escudriñar morbosamente a través de la construcción de imágenes provocativas o en la furibunda iconoclastia de la cual alardea con desmesura.
“La piel que habito” su último opus, se apoya en una estructura fantasmal que recuerda mucho al cine fantástico francés y a “Los ojos sin rostro” (Les deux sans visage, 1960) de Georges Franju, al “Frankestein” de En el centro se mueve un cirujano plástico (Antonio Banderas) que trabaja en el campo de la trasgénesis(una práctica prohibida) y que se inventa una venganza familiar transformando al violador de su hija en una especie de mujer fetiche, practicando con ella (Elena Anaya) un voyeurismo enfermizo.
Alrededor de Banderas, un psicótico de rostro impávido, se mueven otros personajes, tullidos moralmente y con conductas enfermizaza actores almodovarianos como el mismo Banderas, Marisa Paredes, etc. Este aquelarre morboso, sin un planteo claro y rectilíneo, lleno de recovecos gratuitos, se transforma a medida que avanza el relato en la perturbación antojadiza y caprichosa de personajes y situaciones, que desembocan en la confusión estilística de su planteo como cine metafórico y/o trascendente. Es una pena que Almodóvar haya hipotecado parte de su crédito como cineasta en este film fallido y que la creación de un submundo de personajes complejos que surcan la pantalla solo sea la expresión enfermiza y la recreación malsana de sus obsesiones y morbosidades.
LA ONDA® DIGITAL
|
|