El ajedrez chino y los
cambios de largo aliento

Por el profesor José Luís Fiori*

“One of the most important challenges for the US
foreign policy is to effect la transition from inmediate
and vexing challenges of the Middle
East to the long-term and deeply
consequential issues in Asia”.
Kurt Campbell- FT,12/10/2011

El 21 de octubre de 2011, el presidente Barack Obama anunció el fin de la “guerra de América en Irak”, y el retiro definitivo de las tropas norteamericanas del territorio árabe. Y todo indica que no fue una decisión aislada del gobierno Obama, sino que se suma a otras iniciativas muy importantes, como la de negociar con las fuerzas talibanes de Afganistán, distanciarse del radicalismo israelí, apoyar el cambio de los gobiernos aliados del norte de África, aceptar una nueva oleada de gobiernos islámicos moderados, en casi todo el “Gran Oriente Medio”, y finalmente, reconocer, de manera implícita, la participación de Irán, en este rediseño político regional.

En todo esto es posible identificar visos de derrota y de victoria norteamericana, pero tal vez lo más importante sean dos cambios estratégicas de largo aliento, que se están poniendo de manifiesto por la nueva posición de los americanos: el primero, en la administración del poder global de los EE.UU., que pasa a ser más “imperial” y “tercerizada; y el segundo, en sus prioridades, que pasan a ser Asia, y la disputa por la hegemonía del Pacífico Sur. En un intento por recuperar, en pleno vuelo, el tiempo perdido por los EE.UU. durante la “guerra global al terrorismo”, del presidente George Bush. Una década en la que China se expandió vertiginosamente y ocupó posiciones cada vez más importantes, dentro del tablero económico y geopolítico asiático, mientras los EE.UU. permanecían atolondrados en su “gran oriente medio”. Este cambio de prioridad, entre tanto, no significa que exista consenso dentro del establishment norteamericano, sobre la forma de enfrentar el “desafío chino”. Por el contrario, existe una división irreconciliable entre dos posiciones opuestas.

Por un lado se ubican los demócratas y los republicanos que piensan como Henry Kissinger, y consideran que la expansión china puede ser beneficiosa para el mundo y para los intereses norteamericanos, si los EE.UU. supiesen construir una asociación estratégica con China, administrando divergencias y conflictos de interés, evitando un enfrentamiento frontal y compartiendo, a largo plazo, la supremacía regional, con los chinos. Del lado opuesto, se ubican los que comparten la convicción del cientista político, John Mearsheimer, de que “una China rica será inevitablemente un estado agresivo y determinado a conquistar la hegemonía regional”. Concluyendo junto con él, que los EE.UU. deben anticiparse, bloqueando los intereses chinos y estableciendo alianzas militares con todos los competidores regionales de China.

En la práctica, entre tanto, el camino viene siendo construido lejos de los dos extremos, a través de negociaciones y respuestas pragmáticas, más ó menos agresivas, de acuerdo a las circunstancias. Desde 2009, por lo menos, el gobierno chino viene defendiendo su soberanía sobre el “Mar del Sur de China”, de una forma cada vez más contundente, considerándolo parte de su “core interest”, en conflicto con Vietnam, Filipinas, Malasia, Taiwán y Brunei. Recientemente, los gobiernos de Vietnam y de las Filipinas denunciaron una “grave violación de las leyes internacionales” por parte de China, en su disputa por las islas Paracel y Spartly, y ambos gobiernos hicieron gestos explícitos a favor de una presencia militar más activa de los EE.UU. en la región. Por otro lado, la secretaria de estado, Hillary Clinton, declaró en Vietnam, en 2010, que el propio “Mar del Sur de China”, “forma parte del interés nacional de los EE.UU.”, y que los EE.UU. se sienten con el derecho y deber de participar de cualquier conflicto y negociación regional, en franco desafío a la posición china. Esta disputa debe seguir y profundizarse, con el aumento geométrico de la importancia económica regional de China y con el fortalecimiento continuo del Comando Pacífico de los EE.UU., que ya es su comando regional más poderoso. Además de esto, se debe incluir en esta competencia, la participación de otros estados poderosos, como es el caso de Japón, India, Rusia y también de Vietnam.

Y lo que se debe prever es un aumento continuo del poder militar de los EE.UU, simultáneo con el crecimiento de la dependencia económica de toda la región, con relación al desarrollo chino. Y lo más paradójico, es que la propia relación económica siamesa entre China y los EE.UU. debe aumentar junto con su disputa regional, configurando un marco y un desafío de una enorme complejidad. En este contexto, lo más probable es que la disputa y los propios conflictos se prolonguen y se repitan, por mucho tiempo, y con un alto grado permanente de incertidumbre. Como si fuese en una partida de wei gi, el juego chino en que la regla básica (como en el caso del go japonés) es la del “cerco continuo” y de la “coexistencia combativa”, con los adversarios, sin que existan jamás victorias ni victoriosos definitivos. Una especie de juego de ajedrez, sin jaque mate.

*Profesor en la Universidad pública de Río de Janeiro sobre economía y ciencia política.

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

LA ONDA® DIGITAL

Portada


Contáctenos

Archivo

Números anteriores

Reportajes

Documentos

Recetas de Cocina

Marquesinas


© Copyright 
Revista
LA ONDA digital