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El Pocho y el Tata lloraron, sin hablar
Raúl Legnani* Urumex80@gmail.com
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El martes, como es tradición, el Pocho y el Tata se encontraron en el bar Las Flores, de Garibaldi casi Bulevar Artigas. Los dos compinches estaban de cara larga y casi como que no se soportaban. Ninguno de ellos tenía tema, porque los problemas laborales y familiares los sobrepasaban (nos enteramos después).
A pesar de estar en la misma mesa, donde una tarde antes se habían reunido Rosadilla y Salsamendi - los dos pilares de la CAP-L-, no intercambiaron una sola mirada. Les alcanzó con sentir la presencia del amigo, mientras uno leía LA REPUBLICA y el otro un diario barrial, de excelente calidad.
Eduardo, el mozo emigrado de La Paz, como siempre molestando y enfrentando al Pocho, que cuando llega al bar puede decir dos cosas: “Buen día”, en ese caso es que quiere almorzar, o expresar “Buenas tardes”, donde la señal es que ya comió y que por eso requiere solo de un café. Que después son dos o tres…
Pasaron los minutos y todo siguió en la misma lógica del juego: vos no hablás, yo no hablo, vos leés y yo no leo, no nos miramos, pero estamos juntos, soportando el vendaval de pálidas.
Solo se escuchó al Tata diciendo que “todo puede ser peor”, sin que el Pocho se conmoviera ni respondiera, sabiendo que al mejor estilo uruguayo, cada amanecer puede ser una tragedia, aunque no nos vaya tan mal.
A las 14 horas apareció en el plasma del bar el programa de Canal 12 “Esta boca es mía”, que conduce con mucho oficio y profesionalismo Victoria Rodríguez. El tema era la violación de las mujeres presas políticas durante la dictadura.
De inmediato el silencio comenzó a gobernar el bar y algunos parroquianos, cortos de vista, comenzaron a arrimarse al televisor. Los testimonios de las uruguayas violadas solo por pensar distinto y defender la democracia, agudizaban el silencio, que parecía que generaba ruido por su fuerte presencia.
Con mucha altura los distintos testimonios, comenzaron a conmover a aquellos pocos televidentes que estábamos en el bar y seguramente a toda una teleaudiencia que en la hora de la siesta no está acostumbrada a recibir tanto dolor. Un dolor histórico del que todos creíamos saber, pero que nunca nos lo habían contado cara a cara. Ni nos habíamos atrevido a preguntar, a fondo.
Lo que más (mal)recuerdan las patriotas violadas, es el olor al macho, transformado en primate, en verdadera bestia que toma por asalto el cuerpo y el alma de esas mujeres indefensas, que se aferraban a su dignidad humana y femenina, así como a sus convicciones políticas.
El testimonio de Mirtha Macedo, comunista en el momento de la tragedia, sobre como fue procesando su tragedia entre su familia, tendría que estar circulado por las aulas de nuestra enseñanza, pero también por dentro de los cuarteles, para que nunca más vuelva a ocurrir.
En este martes, como ya lo dije, el Pocho y el Tata no hablaron. Solo se limitaron a llorar y no solo por aquellas mujeres, sino también por todos, por ellos mismos. Sin duda.
El mail del dolor “Te agradezco infinitamente tu trabajo y valoraciones sobre el programa y nuestra postura. Llevamos un año trabajando en grupo, somos 28, y aunque se nos viera serenas, aun lloramos, estamos sensibles y doloridas, pero nos hemos trazado esta meta de hacer justicia y seguir luchando "para humanizar los derechos", con ello, agregamos un pequeño granito de arena a esta lucha contra la impunidad. Te saludo y agradezco en nombre del grupo, abrazos Mirta Macedo”.
La respuesta “Un abrazo grande a todas y saludos del Pocho y el Tata. Raúl Legnani”.
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