Fórmula para el caos.
La caída de Salvador Allende

Buenos Aires -Lanzamiento Noviembre 2011

Fórmula para el caos. La caída de
Salvador Allende (1970-1973).cuenta con un Prefacio de
Peter Kornbluh, Prólogos; de Samuel Pinheiro
Guimarães y Jorge Arrate.

La reciente salida de Fórmula para el Caos. La caída de Salvador Allende (1970-1973) de Luis Alberto Moniz Bandeira, es un gran acontecimiento cultural politico y social. Este es el segundo libro del autor con Ediciones Corregidor -el primero fue Presencia de Estados Unidos en Brasil. Dos siglos de historia.

El libro analiza la estrategia norteamericana que, fundamentalmente, consistió en provocar el caos, con el apoyo de los medios de comunicación financiados por la CIA, provocando el desabastecimiento, movilizando a las clases medias y altas, radicalizando artificialmente el proceso de cambio en las formas de propiedad, para lo que contribuyeron ciertos sectores de la extrema izquierda inconsecuentemente. Al tocar la propiedad privada, alcanzando inclusive las clases medias, el gobierno de la Unidad Popular afectó a gran parte de la oficialidad, que ya estaba bastante influenciada por la campaña de la CIA, a través de la prensa por ella financiada. Esto es lo que se intenta demostrar en Fórmula para el caos. Adelantamos aquí el prólogo de Peter Kornbluh, Director del Proyecto de Documentación de Chile en el National Security Archive.

La expresión que origina el título de esta obra -Fórmula para el caos- fue utilizada por el jefe de la estación de la CIA en Santiago, Henry Heckscher, para designar al conjunto de operaciones encubiertas (atentados terroristas, asesinatos, sabotaje, boicot económico) que culminaron en el Golpe de Estado en Chile el 11 de septiembre de 1973.

A diferencia de otros trabajos, Moniz Bandeira no sólo se limitó a estudiar los factores externos que tuvieron como objetivo desestabilizar al gobierno del presidente Salvador Allende. Su esfuerzo consistió en identificar y apuntar los factores internos, igualmente fundamentales para que se produzca el golpe del 73. Moniz Bandeira trata de explicarlos en su conjunto, en su dinámica. Orientado por el principio gramsciano de que la ciencia política no puede prescindir de la historia, Fórmula para el Caos es un libro de historia del presente.

Moniz Bandeira no sólo utiliza los documentos desclasificados en Estados Unidos por el profesor Peter Kornbluh, Director del Chile’s Documentation Project de la George Washington University , sino también los documentos desclasificados por Itamaraty, que contribuyeron a comprender los golpes de Estado de aquella época como los de Chile, Bolivia, Uruguay o Perú.

Según Moniz Bandeira, ni Marx ni Engels jamás concibieron al socialismo como vía de desarrollo o modelo alternativo para el capitalismo. Lo que viabilizaba, científicamente, al socialismo era el alto nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, que el capitalismo impulsaba. Y este no era el caso de Chile. La razón principal del fracaso estaba en la propia esencia y objetivo del proyecto de implantar el socialismo, aisladamente, en un país atrasado, sin considerar, inclusive, que la economía mundial es un todo, en el cual Chile estaba integrado. Y es claro que los Estados Unidos, en el contexto de la Guerra Fría , no permitirían otro régimen, en Chile, dentro de su esfera de influencia geopolítica, que viniese a formar un eje con Cuba y la Unión Soviética.

La estrategia norteamericana, fundamentalmente, consistió en provocar el caos, con el apoyo de los medios de comunicación financiados por la CIA, provocar el desabastecimiento, movilizar a las clases medias y altas, radicalizar artificialmente el proceso de cambio en las formas de propiedad, para lo que contribuyeron ciertos sectores de la extrema izquierda inconsecuentemente.

Al tocar la propiedad privada, alcanzando inclusive las clases medias, el gobierno de la Unidad Popular afectó a gran parte de la oficialidad, que ya estaba bastante influenciada por la campaña de la CIA, a través de la prensa por ella financiada. Esto es lo que demuestro en Fórmula para el caos.

De la lucha y del fracaso de Salvador Allende, los gobernantes de América Latina pueden sacar muchas lecciones, sobre todo la de que no se puede pasar una factura a la historia antes de su plazo de vencimiento. El capitalismo fue el único modo de producción con capacidad de expansión mundial, y todos los países, potencias industriales o países en desarrollo o incluso bastante atrasados, están insertos en una economía mundial de mercado. Este fue uno de los principales factores del colapso de la Unión Soviética. Así no hay condiciones de intentar implantar el socialismo, en esta parte del hemisferio, como pretendió Salvador Allende.

Luiz Alberto de Vianna Moniz Bandeira, en el 2005 fue electo Intelectual del año por la Union Brasileña de Escritores por su libro Formação do Imperio Americano (Da Guerra contra a Espanha à Guerra contra o Iraque).

Es autor de más de veinte obras entre las que se destacan: Brasil, Argentina e Estados Unidos: conflicto e integração na América do Sul (Da Tríplice Aliança ao Mercasul) (2003); De Martí a Fidel (a Revolução Cubana e a América Latina) (1998); O Feudo: A Casa da Torre de Garcia d`Àvila (Da conquista dos sertões à independêndencia do Brasil) (2000) y As relações perigosas: Brasil-Estados Unidos (De Collor a Lula, 1990-2004) (2004).

Su vida fue profundamente marcada por el golpe militar que derrocó al gobierno del Presidente João Goulart, en 1964. Perseguido debido a su participación en la resistencia tuvo que exiliarse en Uruguay (1964-1965), luego regresó a Brasil y vivó clandestinamente en San Pablo hasta meadiados de 1967. Después estuvo preso por la Marina de Guerra y recién en 1974 pudo retomar las actividades académicas, asumiendo la función de profesor en la Escuela de Sociología y Política de San Pablo.

Prefacio
(Peter Kornblu)
“Luego de más de treinta y cinco años del golpe de estado en Chile, el sangriento derrocamiento militar de la vía pacífica chilena hacia el socialismo, sigue siendo uno de los más infames sucesos en la historia mundial contemporánea. El general Augusto Pinochet, quien lideró el golpe y cuyo nombre se constituyó en un sinónimo de la terrible represión que lo siguió, está muerto. También lo está Richard Nixon, el presidente de los Estados Unidos que ordenó a la CIA “hacer gritar de dolor a la economía” en Chile como una forma de socavar al gobierno democráticamente electo de Salvador Allende. Aun hoy, el 11 de septiembre de 1973, al que algunos llaman “el primer 9/11”, sigue siendo una fecha reconocida. Y Chile continúa siendo un destacado caso de estudio de la intervención de los EE.UU. y “cambio de régimen” en el Tercer Mundo que sigue resonando en los sucesos internacionales de hoy.

¿Cómo una delgada nación latinoamericana que el poeta chileno Pablo Neruda describió como un “pétalo de mar, vino y nieve”, ha logrado tan especial importancia en la historia del mundo? La respuesta reside, tal vez, en el gran contraste entre los sublimes ideales y aspiraciones que dirigieron la pionera búsqueda de los chilenos hacia un cambio estructural a través de los instrumentos democráticos, y la brutal represión, respaldada por la descarnada política imperialista de los EE.UU. y las malévolas operaciones encubiertas, que sustituyeron la tradición chilena de constitución democrática por una despiadada dictadura militar. El mundo fue conmocionado por el violento golpe de estado que le costó a Allende la vida, acabó con su programa pacífico hacia el socialismo y destruyó las instituciones democráticas de largo aliento en su país. Aquel shock se convirtió en indignación frente a las concretas revelaciones del arrogante ejercicio del poder de los EE.UU. para desestabilizar el gobierno de Allende y crear el caos en Chile, vertidas por la prensa en los meses que siguieron a la toma de poder militar del general Pinochet.
“Chile se ha convertido en una causa célebre tanto en el mundo occidental como en el comunista”, señaló la embajada de EE.UU. en un informe estratégico en 1974, clasificado como secreto. “Distante y pequeño como es, Chile ha sido visto universalmente, en gran medida, como un laboratorio para la experimentación social y económica. Actualmente incluso está, en cierto punto, en la primera línea del conflicto mundial ideológico”.

En realidad, el país que Henry Kissinger con desdén llamó “una daga apuntada al corazón de la Antártida” ganó la atención internacional incluso antes de la elección de Allende el 4 de septiembre de 1970. A comienzos de la década de 1960, por ejemplo, Chile se convirtió en una “vitrina” de la Alianza para el Progreso -un esfuerzo de EE.UU. para detener los movimientos revolucionarios en América Latina mediante el apuntalamiento de los partidos políticos de centro, de la clase media y la Democracia Cristiana. En Chile, anunció el presidente Lyndon Johnson, residen “nuestras esperanzas de un futuro fulgurante en las Américas”. Con la elección de Salvador Allende el 4 de septiembre de 1970, Chile se convirtió en la primera nación en elegir a un presidente socialista. La “Vía Pacífica chilena para el Socialismo” captó la imaginación de las fuerzas progresistas en todo el mundo.

Pero también provocó la consternación y condena de los hacedores de las políticas imperialistas de los EE.UU., precisamente porque representaba un modelo nuevo, potencialmente viable de cambio socio-económico en las estructuras democráticas. “Allende fue legalmente electo, el primer gobierno marxista que llega al gobierno mediante elecciones libres”, escribió Kissinger en un memorándum confidencial al Presidente Nixon al otro día de la inauguración del partido de Unidad Popular en Santiago. “Él tiene legitimidad a los ojos de los chilenos y de la mayoría del mundo; no hay nada que podamos hacer para negarle esa legitimidad o afirmar que no la tiene”.

Allí reside la amenaza política, económica y militar de los EE.UU. -no sólo en América Latina a la que los oficiales estadounidenses consideraron su “patio trasero”, sino también en la más lejana región estratégica de Europa donde las coaliciones de partidos socialistas y comunistas estaban ganando fuerza electoral. “El ejemplo de un gobierno marxista exitosamente electo en Chile seguramente tendría un impacto en -e incluso sentaría un precedente para- otras partes del mundo, especialmente en Italia”, advirtió Kissinger a Nixon. “La onda expansiva de un fenómeno similar en otras partes, podría afectar significativamente el balance mundial y nuestra posición en él”. En el encuentro del Consejo de Seguridad Nacional del 6 de noviembre de 1970, donde los principales asistentes de Nixon discutían cómo “hacer todo lo necesario para herirlo y hacerlo caer (a Allende)”, el presidente de los Estados Unidos explicó: “nuestra principal preocupación con relación a Chile es la probabilidad de que (Allende) se pueda consolidar y que la imagen que se proyecte al mundo se constituya en su éxito”.

Durante tres años, la administración Nixon condujo una “campaña de desestabilización” concertada, a los efectos de tornar a Chile ingobernable. Washington instauró un “asedio invisible” contra Allende, presionando silenciosamente a las instituciones financieras internacionales para bloquear todos los préstamos a Chile, y cortando la ayuda y los créditos bilaterales de los EE.UU., con la excepción, no sorprendente, de las fuerzas armadas chilenas. En su condición de presidente del “Comité de los 40” que autorizó las operaciones encubiertas, Henry Kissinger controló un programa secreto multifacético de la acción de la CIA, destinado a crear lo que los cables “top secret” llamaron “clima de golpe”. Las operaciones encubiertas de la CIA se utilizaban para dividir y debilitar a la coalición Unidad Popular de Allende; para financiar a los partidos de oposición y grupos neo-fascistas; para acrecentar y expandir los contactos secretos estadounidenses con los militares; y para orquestar la más grande campaña propagandística a través del principal órgano de prensa escrita, El Mercurio, destinado a alentar a los militares a que adoptaran una acción violenta. Según informes internos de la CIA, estas operaciones encubiertas “jugaron un rol preponderante en el establecimiento de una plataforma para el golpe militar del 11 de septiembre de 1973”.

Algunas de estas operaciones fueron reveladas por una investigación especial del Senado de los Estados Unidos a mediados de la década de 1970. En realidad, Chile se convirtió en el primer caso de audiencia pública jamás llevado a cabo sobre operación encubierta. El Comité especial del Senado para el Estudio de las Acciones Gubernamentales Relacionadas con Actividades Secretas -conocido como el Comité Church debido a su presidente, el senador Frank Church- condujo la primera investigación del Congreso dentro de las operaciones clandestinas y publicó el primer estudio del caso, Covert Action in Chile, 1963-1973, y luego un segundo estudio, Alleged Assassination Plots Involving Foreign Leaders que también, en parte, tenía que ver con Chile. Cuando estos informes fueron publicados en 1975 y 1976, se constituyeron en los más detallados y reveladores documentos sobre la intervención de EE.UU. en Chile y otras partes del Tercer Mundo.

A pesar de que los investigadores del Comité Church tenían la anuencia para revisar los documentos secretos de la CIA, no tenían autorización para obtener su desclasificación. En realidad, la documentación interna de los EE.UU. sobre la socavación de la democracia chilena y la facilitación de una dictadura en Chile, permaneció oculta y fuera de los límites del escrutinio público por otros veinte años. El increíble arresto del general Augusto Pinochet en Londres, el 16 de octubre de 1998, proporcionó la oportunidad a los grupos que abogaban por los derechos humanos y la libertad de información, del tipo de mi propia organización, The National Security Archive (Archivo de Seguridad Nacional), para presionar a la administración Clinton a que liberara los expedientes de la oscura y sórdida historia. Durante dos años, más de 24.000 documentos nunca antes vistos fueron desclasificados, entre ellos alrededor de 2.000 documentos de la CIA sobre la intervención encubierta en Chile entre 1970 y 1973.

A partir de la desclasificación de esos documentos varios analistas y autores los han escudriñado procurando nueva información. Y ahora el eminente historiador brasileño, Luiz Alberto Moniz Bandeira, ha prestado su mente agudamente analítica y su afilada pluma a este tema. En este nuevo libro, Moniz Bandeira va más allá de las fuentes norteamericanas desclasificadas e introduce su investigación dentro de los recientemente abiertos archivos de los servicios de inteligencia brasileños y del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil. Fórmula para el Caos incorpora gran cantidad de información nueva y brinda una historia multinacional más compleja acerca de las operaciones encubiertas que derrocaron el gobierno de Allende y alentaron el régimen de Pinochet.

En un tiempo en que los gobiernos progresistas del hemisferio occidental han seguido los pasos del pionero Salvador Allende, Moniz Bandeira entiende que el pasado chileno sigue siendo relevante para el presente y para el futuro de América Latina y del Tercer Mundo. Su libro es una invalorable fuente no sólo para aquellos, como yo, cuya generación estuvo definida por esa historia, sino para las nuevas generaciones de ciudadanos y estudiantes que participarán en los -aún necesarios- movimientos para un cambio social y que continuarán enfrentando la amenaza y el desafío de la intervención norteamericana”.

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