Habitar Montevideo (X)
El clima

Por el arquitecto Luis Fabre

Aquí: Habitar Montevideo (lX)

Su topografía, conformación del territorio incluyendo el encuentro con el mar, está indisolublemente unida al clima en Montevideo. La condición costera es poco percibida como opuesta a la de la gran hermana del plata.Sin embargo, nuestra ubicación de cara al sur es diametralmente opuesta a la de Buenos aires, cuya costa enfrenta al norte, y hace diferencias esenciales en el clima.

Como fundamento de los derechos nacionales sobre la misma, es posible proyectar una línea desde nuestra ciudad hasta la Antártida, de donde provienen los fríos vientos del sur que parte del año nos dan en la cara. Eso no sucede enfrente donde el pampero debe atravesar el territorio para llegar menguado por la espalda, a la capital argentina.

De ahí nuestra contradicción en vivir frente al mar y no disfrutarlo todo el año, patente en los miles de terrazas y balcones vacíos la mayor parte del mismo en los edificios de la rambla.

La arquitectura no ha podido resolver una efectiva protección contra el viento para esos espacios altos. Sin embargo a nivel de suelo, los equipamientos, circuitos peatonales y aeróbicos, los locales semiabiertos, recrean la participación social masiva de los habitantes de toda la ciudad.

Una buena del clima
El nivel del suelo muy cercano al del mar, sin barreras naturales en la costa, permite un barrido mayor y mas profundo sobre la ciudad, de los fríos vientos invernales pero también los producidos diariamente por la “virazón”. En efecto, en el verano, sobre el mediodía, el mar calienta el aire que sube arrastrando el de la tierra como una brisa suave y fresca. Llegada la tarde el sol calienta la tierra, y al aire que asciende por convección le sigue el del mar sobre la misma. Este fenómeno, que produce una pausa vivificante en la vida urbana del estío, propia de Montevideo, es una muestra de cómo influye el clima sobre la gente.

Cuales son los cambios
Las constantes estacionales han sido subvertidas por el hombre y aunque no lo percibamos nuestra pequeña incidencia individual, está pautada por la llamada huella de carbono. Las estaciones se has desfasado en el calendario, con inviernos hasta la primavera y veranos hasta el otoño, con efectos directos en un componente de la vida urbana; la vestimenta. Ver personas con gabán abrigado y otras de manga corta en muchos momentos ya no es tan curioso. Una de las dos estará incomoda tal vez por un rato… en que la incomodidad pasará a la otra. La sensación de ciudad cosmopolita se acentúa por la diversidad del consumo inducido, por los extranjeros que la transitan y habitan, pero también por la distinta forma en que los montevideanos nos vestimos por el cambiante clima. La necesidad continúa de cambiar, siguiendo al clima, en la vestimenta, induce a ocuparnos más de la misma. Entonces la razón estética de vivir en sociedad, de sentirnos integrados pero a la vez originales, diferentes, toma otra razón.

Los referidos cambios climáticos neutralizan la monotonía de vestir igual una estación entera, alteran nuestros hábitos y modifican nuestras costumbres. La psicología social puede dar cuenta de este cambio sustancial en la sociedad urbana, potenciado por la situación geográfica y costera de la capital.

Más cambios vendrán
La incidencia nociva de los rayos ultravioletas solares, no es aún neutralizada por accesorios que como los sombreros, deberían usarse mas . La limitación horaria del uso de las playas podría ser minorada con parasoles adecuados, incluso individuales.

El aire acondicionado en los vehículos de transporte colectivo deberá ser instalado, como ya veremos en el próximo articulo sobre el monorriel.

Y los equipamientos urbanos, incluyendo los vegetales, deberán cada vez mas cumplir una función protectora integral, de la lluvia, de los vientos y ahora también del sol.

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