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Ese personaje llamado Mariano Arana
Por Raúl Legnani* Urumex80@gmail.com
La jueza penal Fanny Canessa desestimó ayer procesar a Mariano Arana, María Julia Muñoz y Alberto Rosselli por el caso casinos. Concluyó que los exjerarcas comunales fueron engañados por Bengoa. El fiscal Diego Pérez estudia apelar.
En una extensa resolución de 85 páginas, Canessa dispuso el archivo del expediente por las irregularidades en contratos de los casinos de la Intendencia de Montevideo durante el período 2000-2005 en relación al exintendente Mariano Arana, la exsecretaria general de la comuna, María Julia Muñoz y el exdirector de Desarrollo Económico, Alberto Rosselli.
Así informó el pasado viernes el diario El País, lo que es absolutamente correcto Pero vale la pena analizar esta resolución de la Justicia, en el escenario de la política, porque las responsabilidades y la información son parte del debate político.
Tengo la más firme impresión que el Uruguay, la Universidad de la República, el Frente Amplio y los sectores democráticos sanos del país, deben estar, en estas horas, sintiendo una profunda satisfacción de que el fallo de la Justicia no haya encontrado culpables - porque no eran culpables-, a esos tres funcionarios del Estado y personalidades del Frente Amplio.
Pido disculpas a María Julia y a Alberto, por no referirme directamente a ellos, aunque mucho de lo que voy a decir sobre Arana, lo podría decir por los tres.
Si la Justicia hubiera encontrado a uno solo de ellos culpable, la derrota hubiera sido de todos. Pero convengamos que si el mayor golpe hubiera sido contra el ex intendente Arana, las consecuencias eran mayores, en tanto fue la mayor jerarquía política de Montevideo durante diez años y candidato a la Intendencia en 1984, cuando la dictadura agonizaba.
Soy de los que jamás dudé de la moral y de la ética de estos tres uruguayos - nunca me imaginé a ninguno de ellos pidiendo una coima-, pero también confieso que tuve en cuenta que podrían haber cometido errores o falta de atención, sobre los procedimientos administrativos en relación a Casinos.
Fue así que me acordé de aquel dicho de Tabaré Vázquez de que “podemos meter la pata, pero no la mano en la lata”. Y ese principio se salvó, gracias a una jueza honesta, profesional, que por suerte no es votante del Frente Amplio, lo que engrandece su proceder. También en este episodio ganó la Justicia y sus funcionarios.
Si Arana hubiera sido lastimado por un error de la Justicia, el golpe moral a parte sustancial de la sociedad uruguaya hubiera sido trascendente y negativo, porque el ex intendente es parte de la intelectualidad universitaria, que ha sido obrera y constructora, no la única, de un Uruguay democrático cada vez más avanzado.
Arana fue y sigue siendo, una compleja y maravillosa síntesis del universitario con la política, donde se cometen aciertos y errores. Pero en lo personal debo reconocer que me enseñó, siendo intendente, a disfrutar Montevideo y a entenderlo. Gracias al Intendente - en su primer gobierno, ya el segundo me gustó menos-, descubrí esquinas, balcones, puertas y picaportes, barrios, plazas y calles, que no estaban incorporados a mi cultura canaria de visita por Montevideo (ya van demasiados años), con retoques mexicanos.
Mariano fue un muy buen intendente, pero fundamentalmente fue un referente cultural de un departamento que no se había autodescubierto de la forma necesaria. Por eso ganó por dos veces las elecciones en Montevideo: es que la gente, me incluyo dentro de esa categoría, encontró con Arana la razón de su pertenencia a Montevideo, lo que es profundamente civilizatorio y democrático.
Si este inmenso y delgado “monstruo” hubiera cometido un delito, todo el Uruguay tendría que estar llorando porque se habría quedado sin un montevideano típico, expresión de las capas medias intelectuales universitarias, que respira la brisa del mar, esté en el barrio que esté, que es capaz de disfrutar de un almuerzo como también de unas copas en un bar de barrio en la noche. Sin faltar, claro está, a la ópera, a una actuación de la Sinfónica o a una exposición de pintura.
Un personaje que conjuga la política con el libre pensamiento, con la arquitectura y el urbanismo, donde no les hace asco al tango o al candombe, sin que nos demos cuenta, las comunes mortales, de que estamos ante uno de los pilares intelectuales de nuestra sociedad. No es el único ni el primero, pero está allí. Por cierto.
Nuestra alegría es importante, como fue la que tuvimos cuando fracasó el enchastre contra el doctor Gonzalo Fernández, donde la derecha y algunos oportunistas de izquierda se frotaron las manos porque creían que podían obtener una nueva víctima, para poder marcar perfil y tratar de morder algunos votos del espacio electoral.
Ganó el Uruguay, ganó la Universidad de la República, ganó el Frente Amplio, al no prosperar el procesamiento de María Julia Muñoz, Alberto Rosselli y Mariano Arana. Ahora blancos y colorados tendrán que definir una nueva estrategia para competir por el gobierno e Montevideo, porque la que habían elaborado les fracasó rotundamente con la resolución de la Justicia.
Es que si Mariano, María Julia y Alberto hubieran ido presos, incluso por pocos días, la campaña electoral de la oposición se hubiera sustentado en esa “metida de mano en la lata”, mostrando que todos somos iguales, que los pecados son un problema universal y que ellos han mejorado, porque ya no tienen tantos corruptos.
Ahora no les queda otro camino que elaborar una nueva estrategia, que no se podrá basar en la “crónica roja”. Van a tener que ponerse a pensar y a elaborar programas y propuestas viables, lo que seguramente les va a costar, porque no están acostumbrados a ello.
Quizás lo logren, pero no se vislumbra en el horizonte un referente cultural como Arana, como por cierto tampoco lo tiene a la vista el propio Frente Amplio, quien al sacarse esta mochila del lomo debe salir a dar el respaldo a la intendenta Ana Olivera, que tiene voluntad e inteligencia para sacar a Montevideo de una serie de contradicciones que hoy le impiden avanzar.
Quien escribe esto no ha tenido una relación sencilla con Arana e incluso en algún momento fue compleja. Recuerdo el día en que fue designado candidato a la Intendencia de Montevideo. En esa oportunidad escribí en La República que Arana había festejado en la sede de la Vertiente Artiguista, donde habían tomado unos vinos.
Al otro día Arana cayó al diario a protestar por mi escrito, visiblemente molesto. Exageradamente molesto. Pero ese accidente de la vida no me impidió ni me impide valorar el papel que ha jugado este arquitecto que un día fue Intendente, también senador y ministro. Pero sabiendo que fundamentalmente es un montevideano a carta cabal, cuyo honestidad es fuerza moral de la democracia uruguaya y por eso también de la izquierda.
Me alegra que haya pedido que hoy se le reciba en Montevideo con “la brazos y las botellas abiertas”. Si me invitan, allí estaré. Y si no me invitan, también estaré.
*Periodista uruguayo, columna publicada el lunes 28 de noviembre en La República
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