Educación: tenemos que
hacernos la idea de que van
a haber grandes conflictos

Senador Enrique Rubio

El miércoles 30 de noviembre en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República se presentó el libro “La Formación Docente en su laberinto, los debates, los actores y una Ley”, de la profesora e investigadora, Adriana Marrero. La presentación estuvo a cargo de Susana Mallo, decana de la F C S, el sociólogo Eduardo de León, la profesora Inés Moreno, el arquitecto Salvador Schelotto y el senador Enrique Rubio, cerrando el evento la autora de la obra. Lo que sigue a continuación son los pasajes más relevantes de la intervención del Senador Enrique Rubio, tomados de la versión grabada por La ONDA digital.

La verdad que es un libro audaz, va al punto - por lo menos a uno de los puntos más sustantivo de los problemas que tenemos en la educación - y hace un aporte de ideas realmente fundadas e interesantes. Es un muy buen aporte.

Hay una cosa que siempre me ha extrañado en el Uruguay y que me parece que merece que los que están en Ciencias Sociales le dediquen un esfuerzo de investigación.¿Por qué tenemos algunos problemas instalados, extremadamente graves, y no tenemos la reflexión sobre los mismos? ¿Por qué tardan tanto?.

Hay una discontinuidad desde ese punto de vista, entre el problema y la reflexión y las propuestas alternativas en relación al mismo. Por ejemplo, durante años o décadas, nosotros lo hemos sostenido y hemos vivido en la convicción - prácticamente un siglo - de que no tenemos problemas demográficos. Ahora venimos a darnos cuenta de que tenemos un problema demográfico extremadamente grave. Entonces ahí empiezan las publicaciones rigurosas o estudios sobre la cuestión demográfica. Pero el tema no está instalado en la sociedad. No hemos dado, todavía, ese paso.

De la misma manera que nos sucede con la cuestión demográfica, nos sucede con otra media docena de cuestiones. Pero vivimos como en el arrastre. Hay un problema de historia - desde la cultura - que me parece que sería interesante verificar. Y en materia de educación, nosotros vivimos exactamente lo mismo: en el arrastre de que somos muy buenos y de que lo hacemos muy bien, por lo que el tema queda fuera de debate. En realidad, empezó a estar en debate en los últimos años. Es, prácticamente, reciente. Y por lo tanto la investigación sobre el asunto, como problema identificado o a identificar llega tarde. Entonces, bienvenido cuando arranca.

Ahora el asunto, no solamente está instalado como punto principal de la agenda, o incluso, de la opinión pública. El primero, para la identificación colectiva, es el problema de la seguridad, el segundo el empleo y en el tercero la educación. Eso es lo que dan los últimos registros de las encuestas que yo conozco. En el presente está ubicado en ese lugar en materia de lo que es la opinión colectiva, y va a estar mucho más jerarquizado, porque para muchos actores, es el problema número uno.

Hoy en torno al tema está instalada una tensión; bastó que el Uruguay saliera del largo medio siglo (más de medio siglo) de estancamiento, de letargo económico e iniciara un ciclo de crecimiento, para que se crearan fuertes tensiones. Y se generó una muy fuerte con los recursos humanos calificados. Entonces hizo crisis la infraestructura, aparecieron los problemas logísticos y la ausencia de recursos humanos calificados… También el tema viene por los cambios en el mundo. Porque hay dos cuestiones que ascendieron al primer lugar, esas son: la sociedad del conocimiento y el debate sobre los recursos naturales. (Que también creíamos que no era un problema y ahora se convirtió, a nivel mundial, en un gran problema). Entonces, hay un debate que arranca en qué significa la conservación de los recursos naturales, la accesibilidad en materia de recursos naturales, la apropiabilidad, la regulación… Está todo en discusión y elaboración, en medio de una cantidad de conflictos que van a marcar el futuro.

Los otros conflictos tienen que ver con la sociedad del conocimiento, tanto si se la mira desde el lado de la educación, la investigación, la tecnología, la comunicación y la información, como si se la mira del lado de la innovación.

Aquí (en el libro) se hace todo el recorrido de esto, sobre lo que es la producción teórica, arrancando de los 60 y llegando hasta las últimas publicaciones. En realidad, estos cambios se están dando, se fueron dando y nosotros seguimos en la vieja rutina, de que creíamos que éramos muy buenos en esas cosas. Entonces un día esto se tensiona y se profundizó por todos los fenómenos de la exclusión social que se da como resultado de las políticas de los 90 y así lo recibimos como realidad en la actualidad.

Estamos ante un problema mayor (el de la educación) y creo que nos va a llevar tiempo - con lo cual estoy diciendo una obviedad - resolver este problema mayor. Tenemos que hacernos a la idea de que van a haber grandes conflictos y que hay que tener buenos diagnósticos y audacia de propuestas y saber que hay que abordar los principales nudos programáticos. Se van a pagar precios. Tal vez habría que tener políticas más hábiles para involucrar a la mayor cantidad de personas que se pueda para resolver esta cuestión. ¡Pero no podemos renunciar a resolverla! Si renunciamos a resolverla, este país no tiene - en el sentido fuerte - un futuro interesante.

Cuando uno llega a este punto y se pregunta dónde está el diagnóstico y dónde está la propuesta, yo creo que este libro - en relación con esto - hace un aporte fundamental. Porque identifica, por lo menos, uno de los dos o tres asuntos más importantes para destrabar la situación. Creo que hay una cuestión fundamentalmente, vinculada con el diseño institucional y con los incentivos y vinculado con otras historias (la historia cultural del Uruguay) el asunto de la bifurcación, lo que Adriana denomina la “bifurcación entre la formación docente y la investigación”. Y yo le agregaría la bifurcación entre la formación docente y la investigación y el mundo del trabajo y las pautas culturales. Está todo desenganchado. No interactúan unas cosas con las otras y ahí se producen esas burbujas, que son encapsulamientos en mundos ajenos unos a los otros y eso algún día, cuando se mueve algo, hace un tris.

El libro va al punto. El punto, tal vez, tenga una historia cultural que se pueda reconstruir y que una investigación podría reconstruir, haciendo un recorrido desde lo que es la construcción de la Universidad, la institucionalidad de Primaria en este país, a partir de Varela y el surgimiento de Secundaria, como una cosa en el medio. El debate que se da el día en que hay que decir cuál es la institucionalidad para la formación docente. Allí aparece Grompone por un lado y Vaz Ferreira por el otro.

¡Desde 1949 viene este problema! ¡Y estamos en el mismo punto en la historia de este problema! Bifurcados. Y si estamos bifurcados, las consecuencias son las que creo que este libro - por lo menos, la mayor parte de ellas - expone en forma fundada. Y esas consecuencias tienen que ver, por ejemplo, no sólo con la falta de motivación de los docentes para ir al campo de la investigación, o el sistema que lo impide, lo bloquea, lo traba, no lo estimula, etc. Sino la incapacidad para hacer una educación interesante, pertinente para los educandos, o sea para los gurises.

Estoy absolutamente convencido que si alguien no está consustanciado con la disciplina que quiere trasmitir, no la puede hacer interesante. No la puede convertir en un desafío que otros incorporen como propio. No puede enseñar matemáticas si no es encontrando un ángulo en el cual el que está participando del proceso, lo ve de otra manera. En historia pasa exactamente lo mismo y en todas las disciplinas pasa exactamente lo mismo.

Si los profesores encuentran ese punto, es porque están muy embebidos de la disciplina y porque, además, tienen el entusiasmo y el enamoramiento de querer trasmitirlo y hacer participar a otros, o participar con otros, de un proceso educativo. Que no es una cosa que va en una dirección, sino que es bidireccional y colectiva. Este es el problema más crítico y, para resolverlo, hay que hacer innovación institucional, hay que cambiar las reglas del juego, cambiar el sistema de incentivos, hay que romper con los feudos. No estoy diciendo ninguna originalidad. Pero esto cuesta tremendamente desde el punto de vista político, porque hay intereses enquistados en lo que son historias parciales. Y ese afincamiento ha dado como resultado una especie de “feudalización” que impide, bloquea y genera vetos múltiples y recíprocos para los procesos de cambio.

Algunas señales favorables han aparecido: la jerarquización del tema, el hecho de que las instituciones empiecen algunos procesos (creo que la Universidad ha iniciado algunos procesos), el hecho de que otras se vinculen - no lo hagan internamente, pero se vinculen - al mundo del trabajo y generen algunas tecnologías básicas o muy demandadas por la sociedad, algunas experiencias culturales en zonas de exclusión, algunos ensayos de rescatar el vínculo con el liceo o con la escuela por parte de los muchachos que se desengancharon, programas nuevos que intentan atender la situación de, no digo de los “ni,ni”, sino que de adoptar el lenguaje de los “no,no”. O sea, aquellos que fueron triplemente excluidos de la educación, del mundo del trabajo y del territorio, en el territorio.

Esto recién comienza. Algunos enganches y nexos, puentes e interfases que se crean entre la Universidad y la ANEP, son experiencias e indicadores positivos. Hay unos cuantos más: el propio “Plan Ceibal” y otras apoyaturas. ¡Pero necesitamos mucho más que estos!

No creo que sea sólo un problema de responsabilidades y de cambios desde adentro del sistema. Creo que sí hay un contexto que induce al cambio, canaliza una demanda social muy fuerte que hoy, está frustrada. Los sectores que llegan a las capas medias, o que creen que llegaron a las capas medias, va en el ciclo básico a la enseñanza privada. O sea, el sistema se está privatizando. Y no porque den mejor educación, mejor nivel promedio, sino porque están contentos - en muchos casos - de mayor continentación, en una edad en la cual existen una enorme cantidad de vulnerabilidades. Y esta es la realidad que tenemos instalada en el Uruguay.

Se ha lanzado el desafío. Ahora estamos en el momento en el cual se tensionó todo. Y se tensionó todo (mal que le pese a muchos) porque hubo una decisión política de que el sistema público de educación en el Uruguay tenía que hacer una propuesta de agenda de cambios. Elevársela al presidente de la República y el presidente de la República pasársela a todos los actores políticos y a todos los actores sociales. Y, el parlamento, tenía que ocuparse del seguimiento de las cosas que tiene que legislar. Esto está instalado como realidad en el Uruguay. Y creo que este libro va a ser muy útil para esa cuestión.



LIBRO: “La Formación Docente en su laberinto, los debates, los actores y una Ley”.
Profesora Adriana Marrero.
Germania - Ediciones Cruz del Sur- 188 Pag.

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