Quinta Columna;
“democráticos post-modernos”

Por Hamid Dabashi*

Se cree que la expresión “5ª columna” haya sido acuñada en 1936 por Emilio Mola y Vidal (1887-1937), general nacionalista, durante la Guerra Civil Española. Su ejército de cuatro columnas se aproximaba a Madrid, y el general dijo que “una quinta columna” se reuniría a ellos ya adentro de la ciudad. El título del libro de Ernest Hemingway La Quinta Columna [1] (1938) es un recuerdo de esta historia.

A partir de ahí, la expresión pasó cada vez más a designar a los partidarios internos del ejército invasor que se acerca y del ejército que acogerá de brazos abiertos aquel tipo específico de apoyo interno, el cual, con todo, bajo el pretexto de ofrecer “ayuda y confort”, enseguida se revelará como un traidor activo, tan pronto esté en condiciones de actuar contra quien lo acogió en confianza o por imprudencia o por mala fe.

En épocas de un imperialismo globalizado y de esta quimera llamada “intervención humanitaria”, parece que ahora tenemos al frente una concepción nueva de “Quinta Columna” que nos atrevemos a llamar “los post-modernos”. El asunto que debemos enfrentar hoy, sobre aquella expresión, es donde termina, dentro de nuestras fuerzas, la noble oposición al régimen tiránico y donde comienza la peligrosa colaboración con los promotores de la guerra.

Tres sucesos consecutivos y dramáticos - la intervención militar de la OTAN que llevó al derrocamiento de Gaddafi; la actitud cada día más agresiva y beligerante de Israel contra la República Islámica de Irán; y la gigantesca campaña de propaganda que los EE.UU. e Israel lanzaron contra el programa nuclear de Irán - llevan a pensar en una “Quinta Columna” post-moderna que trabaja hoy en día para empujar a los EE.UU. e Israel a invadir Irán.

Los ‘quinta-columnistas’ iraníes recibieron una luz verde aterradoramente clara en dos entrevistas de la secretaria de Estado de los EE.UU., transmitidas simultáneamente por la Voz de América y por la BBC persa, en octubre de 2011, en las cuales Hillary Clinton dice que los EE.UU. habrían apoyado al ‘Movimiento Verde’ iraní, si el movimiento hubiese pedido ayuda. Relamiéndose ante la posibilidad de un golpe interno en Irán, desde que la OTAN invadió Libia, los quinta-columnistas iraníes se agarraron con uñas y dientes a la sugerencia de Hillary Clinton e inmediatamente pusieron manos a la obra.

Los más osados e hipócritas piden abiertamente que los EE.UU. invadan Irán (uno de ellos ya dijo, incluso, que el número de muertos en el tráfico de drogas y por cáncer en Irán ya sobrepasaría, en mucho, el número de víctimas civiles en una posible guerra y sería superior, también, al número de civiles muertos en la invasión de Libia); otros utilizan recursos aún más tortuosos de la neolengua orwelliana, intentando camuflar la traición. Los que ya pidieron abiertamente un ataque militar a Irán (también conocido como “intervención humanitaria”) al estilo de lo que vimos en Libia, contra el propio país y el propio pueblo, estos, no tienen salvación. Poco se puede decir sobre estos, y la historia, como se sabe, es una jueza severísima. Cuando hablo de “quinta-columnistas post-modernos” me refiero específicamente a los hablantes de esta neolengua orwelliana.

Confundir los conceptos
Para cumplir su misión, estos quinta-columnistas post-modernos no se cansan de aflojar los tornillos de algunos conceptos claves, tornándolos poco confiables, cuando no, completamente inútiles. Así, crean confusión y caos en la mente de las personas que toman por blancos, y van allanando el camino en la dirección del ataque militar contra Irán, pero ataque militar presentado como libertador: no invasión militar, sino “intervención humanitaria”. Sucedió primero, en Libia, dicen ellos; después, en Siria y entonces (“no, no estoy diciendo que si, pero si las circunstancias lo exigieren, ahora, ¿porqué no?”) en Irán. Hablan una neolengua pre-orwelliana y muy similar a lo que Polonio recomienda, instruyendo a Reinaldo, su criado, sobre como obtener informaciones sobre Laertes, que Polonio espía, sin querer dejar ver que espía: “No harás del asunto un escándalo grave. No es esto. Le atribuye sólo algunos defectos, cosas leves, hechas por un espíritu juvenil, indómito, pero no al punto de causarle deshonra. Distribuyendo semi-informaciones entre los amigos de él, obtendrás informaciones que nos serán útiles...” [2]

Si se releva la crudeza de lo que dicen y nos quedamos sólo con la prosa y la política de a pie, lo que aquellos quinta-columnistas dicen y hacen es, otra vez, la pesadilla orwelliana: lanzan un manifiesto titulado “Contra la guerra” el cual, de hecho, allana el camino para la guerra. Como diría Orwell, “guerra es paz, libertad es esclavitud, ignorancia es poder” [3] [y desarrollo es subdesarrollo, se podría agregar a esta lista orwelliana (NTs)]”. ¡Orwell, que alma profética!

La neolengua de Orwell da vueltas y vueltas en la prosa y en la política de los discursos de aquellos quinta-columnistas. En un manifiesto contra la guerra, dicen, de hecho, que la guerra ni es una amenaza tan grave, y que, mirando bien, quien hable en contra de la guerra habla contra, esto si, la libertad y la prosperidad de Irán y de los iraníes. Como diría Syme [4]: “¡Que bello trabajo, el mío, destruir palabras!”

La verborragia y el discurso a boca de jarro de los quinta-columnistas iraníes no escaparon, evidentemente, a la lectura de lectores atentos que disecaron aquellos discursos (en persa) y disecaron también las posiciones de los quinta-columnistas y dejaron de manifiesto toda la hipocresía. Los quinta-columnistas iraníes repiten allá, siempre, que Irán sería hoy una grave amenaza a la paz mundial - esta rara idea de la propaganda israelí, ¡como si Israel fuese una perpetua fuente de paz y serenidad para el mundo! Y, al mismo tiempo, tocan los tambores contra la guerra a Irán... Finalmente, firman manifiestos “Contra la Guerra”. La neolengua orwelliana ya dejó de ser sólo obscena. Ellos hablan como locos desahuciados.

Excelente ejemplo de esto, estos quinta-columnistas post-modernos ya empezaron a jugar con la idea de imperialismo. El imperialismo se acabó, dicen. Este sería un “discurso viejo” - adoran la palabra persa para “discurso” (gofteman) - tanto, que nunca se cansan de repetir la palabra, abusada siempre, siempre mal interpretada. Imperialismo es algo del pasado y sólo los izquierdistas rezagados todavía la repiten, palabra inútil. Curiosamente, varios de estos neo-quinta-columnistas iraníes fueron aplicados militantes stalinistas en su juventud.

Pero hoy, ya cambiados de Teherán a Teherángeles, EE.UU., el imperialismo les parece demodé: el ejército de los EE.UU. está de licencia en Afganistán, Irak, Pakistán, Yemen, Libia, Somalia y en todo el planeta. Las ya más de 700 bases militares de los EE.UU. por el mundo, como tan dolorosamente lo documentó el fallecido Chalmers Johnson, inclusive los 234 campos militares de golf esparcidos por el mundo, son, todos, exclusivamente para una finalidad pacífica, de entretenimiento. Las literalmente centenas de libros y artículos que detallan los contornos del neoimperialismo norteamericano - más recientemente, los tres volúmenes de la Blowback Trilogy de Chalmers Johnson - son inexistentes: “ignorancia es poder”.

En las conversaciones que rápidamente se conectan a la arrogante eliminación del imperialismo global (¡no existe!), estos quinta-columnistas post-modernos también decretan que la “soberanía nacional” y la “independencia” ya no significarían nada. Pónganse de pie y conozcan el perfume de las rosas post-modernas globales, dicen. Países como Irán (o Irak, Afganistán, Libia) no tienen derecho alguno de defender la integridad territorial de sus países como un sitio de resistencia potencial contra el capitalismo depredador. Todos los nacionalismos son tribalismos y uno de estos tribalismos presenta “a occidente” como un monstruo. Dicen e insisten.

Al mismo tiempo en que se rebelan contra tiranos nativos, los pobres habitantes de estos países (que nunca se encontraron los unos con los otros, pero que estos post-modernos encontraron, todos sorprendentemente reunidos en Teherángeles, EE.UU.) tampoco ya tiene el derecho ni de reivindicar la soberanía de la tierra en la que nacieron. “Lamentamos mucho por ustedes”, dicen a las infelices Cordelias en Teherán, Irán, que “aman y callan”: “Usted, que perdió un padre de tal forma, ahora perderá un marido.”[5] Si los iraníes no tienen la democracia aprobada por el NED [US National Endowment for Democracy], los iraníes pierden el derecho de defender cualquier soberanía nacional.

Algunos quinta-columnistas iraníes, profesores expatriados que navegan con sus pick-ups SUV tan blindadas como costosísimas, entre uno y otro campus universitario de California, hicieron de la palabra “colonialismo” un nuevo cuco. Otros sólo usan la palabra entre comillas, para paralizar de miedo a los alumnos. Quiere decir: está resuelto. El colonialismo tampoco existe. Los palestinos viven bien bajo la intervención humanitaria del sionismo dentro de sus casas, en la habitación donde duermen las mujeres y los niños. Nada de esto. De Franz Fanon a Said y Spivak - de José Marti a W y B Dubois y a Malcolm X, de Mahatma Gandhi a Aimé Césaire y Léopold Sédar Senghor: no son sólo cucos, para asustar a los tontos. “¿La ignorancia es poder, patrón?” “No. La ignorancia es una bendición.”

No existe más el colonialismo, ni el imperialismo, ni la soberanía nacional - no pasan de ser una ficción inventada por la “vieja izquierda”.

¡Hurra! Viva la intervención humanitaria
Para coronar estas piezas de fina joyería, los mismos quinta-columnistas post-modernos celebran la idea de la “intervención humanitaria”. No, insisten, no es un ataque militar, ni se duda de imperialismo. Se trata de una “intervención humanitaria” - tan intervención y tan humanitaria como dicen los EE.UU. Y la OTAN, cuyas fuentes son un manantial de citas y bibliografía. El lazo entre el conocimiento y el poder nunca estuvo más claramente defendido, bajo la mira del asaltante.

Aquella gente jamás leerá nada que no sean sus propias declaraciones, pero vale la pena intentarlo: en Reading Humanitarian Intervention: Human Rights and the Use of Force in International Law (2007), Anne Orford vuelve hasta los años 1990, casi veinte años antes del alzamiento libio, cuando por primera vez la “intervención humanitaria” fue utilizada como concepto presupuesto superior a los límites del imperialismo y de la soberanía nacional. Anne Orford demuestra con sorprendentes detalles, como el propio concepto de “intervención humanitaria” siempre fue una especie de disfraz bajo el cual pudieron ser representados los más antiguos objetivos imperiales. Reuniendo reflexiones de las feministas, de la crítica post-colonial, de derecho internacional e, incluso, de psicoanálisis, Orford desenmascaró dicha “intervención humanitaria”.

En Saviors and Survivors: Darfur, Politics, and the War on Terror (2009), Mahmood Mamdani también llevó la crisis en Darfur de vuelta al contexto real histórico de Sudán, donde el conflicto comenzó como una guerra civil (1987-1989) entre tribus nómades y tribus de agricultores, después de un largo período de sequía feroz, que amplió el área cubierta por el área del Sahara e hizo desaparecer los campos plantados de las tribus de agricultores. Mamdani asocia este conflicto a la forma como los británicos tribalizaron artificialmente a Darfur, dividiendo a la población entre “pueblos originarios” y tribus “asentadas” - modelo muy similar al que Nicholas Dirks expone en Caste of Mind, de cómo los británicos reconfiguraron el sistema de castas tradicional en Darfur, como forma de servir a sus propios intereses coloniales.

El involucramiento de partidos de la oposición sudanesa hizo surgir, en 2003, dos movimientos rebeldes, llevando la guerrilla y contraguerrilla igualmente brutales. La Guerra Fría, en seguida, exacerbaría la guerra civil también en el vecino Chad, creando un enfrentamiento entre Gaddafi y la Unión Soviética por un lado, y el gobierno Reagan, aliado a Francia y a Israel por otro. La guerra en Chad invadió Darfur y exacerbó violentamente el conflicto.

En 2003, Mamdani demuestra, la guerra involucró fuerzas nacionales, regionales y globales, inclusive EE.UU. y Europa, que, entonces, vieron el conflicto como parte de la “Guerra al Terror” y clamaron por un ataque militar camuflado de “intervención humanitaria”. Toda esta historia harto conocida y documentada fue completamente borrada bajo una emergencia, urgentemente inventada, de “intervención humanitaria”. Stanley Motss/Dustin Hoffman de Mera Coincidencia [película de 1997, orig. “Wag the Dog”, lit. ‘la cola mueve al perro’] no conseguiría inventar un escenario más (1997) fantasioso.

Al construir el argumento a favor del ataque militar contra Libia, hasta el presidente Obama vio la hipocresía que había en las entrañas de la operación, cuando Bahrein y Yemen (apenas los ejemplos más flagrantes) aparecieron, en una posición imposible de disfrazar. El presidente Obama intentó explicar el golpe de prestidigitador, en términos de una coincidencia que habría entre “valores” de los EE.UU. e “intereses” de los EE.UU. Pero los “intervencionistas humanitarios” iraníes son todavía más groseros que el presidente de los EE.UU. en el esfuerzo para no ver la contradicción innata que existe en la hipocresía general.

Aquel que suba a un ómnibus en New York por estos días, verá que los taxis de la ciudad pasaron recientemente a exhibir adhesivos con anuncios de “New York Dolls” [lit. ‘muñecas neoyorquinas’] disponibles en “Gentlemen's Clubs” [lit. ‘clubes para caballeros’]. Debe ser algo en el agua. ¿Porqué llamar burdeles a los burdeles, si se los puede llamar ‘Clubes para Caballeros’? ¿Porqué llamar al imperialismo, imperialismo, si se lo puede llamar “intervención humanitaria”? Burdeles e imperialismo son un ‘discurso’ y un cliché que pasaron de moda. “Clubes para Caballeros” e “intervención humanitaria” son términos más suaves y una neolengua menos violenta.

De Irán a la República Islámica

Otro truco del que se sirven los quinta-columnistas post-modernos es intentar silenciar a la oposición, acusándolos de ser agentes de la República Islámica. Hay quien piense que es un truco poco creativo, pero aún así, parece ser muy efectivo en las piscinas de agua estancada de las comunidades de iraníes que viven en los EE.UU. Si usted se atreve a decir una palabra contra estas locuras que los propios quinta-columnistas tejen entre ellos, se arriesgará a ser denunciado como agente de la República Islámica.

Que gente que se opone a las locuras de ellos pasaron varios años en los calabozos de la República Islámica, que estuvieron al borde de la muerte en huelgas de hambre, que escribieron contra Komehini y la República Islámica aún cuando estaban presos en la cárcel de Evin; que mucha gente que se opone a las locuras de los iraníes que viven en los EE.UU. hayan tenido parientes cercanos descuartizados por guardias de la República Islámica, nada de esto hace ninguna diferencia a los ojos y oídos de los valientes autoexiliados iraníes que arriesgan la vida hoy enfrentando el tránsito y los embotellamientos en las calles de Los Ángeles. (...)

La legitimidad que los iraníes que viven en los EE.UU. no tienen para pregonar la guerra a Irán (disculpen: “intervención humanitaria”), el Wall Street Journal la inventó y se las proporcionó gratuitamente, en una cuestión en la que intentaba hacer creer que voces disidentes dentro de Irán estarían también a favor de la “intervención humanitaria”. Pasó un día, hasta que Akbar Ganji desenmascaró la falsedad del diario. Inmediatamente después el ex-presidente de Irán, Mohammad Khatami, también declaró que, en caso de un ataque militar contra Irán, los reformistas y no reformistas dentro y fuera de Irán cerrarían filas contra cualquier intento de agresión - declaración que hasta el diario Haaretz divulgó en Israel, pero que, en los EE.UU. y en la comunidad de iraníes en los EE.UU., fue como si jamás hubiese sucedido. (...)

A la primera bomba lanzada contra Teherán, todos los iraníes se unirán contra el ejército atacante, en el instante en que estos quinta-columnistas post-modernos, de Washington DC a Los Ángeles saltarán hacia adentro de sus pick-ups blindadas, en busca de la primera guarida donde esconderse. ¿Quién se acuerda hoy de Kanan Makiya, Ahmad Chalabi o Fouad Ajami? Estos nombres de la vergüenza incitaron a la violencia contra Irak, dentro de los EE.UU. Y se olvidaron, por buenas razones.

La mejor respuesta que se escuchó, dirigida a uno de estos iraníes “intervencionistas humanitarios” que viven en los EE.UU., vino de una figura valiente de la oposición iraní, Abed Tavancheh, que acababa de salir de una de las prisiones de la República Islámica, entrevistado cuando todavía estaba en la ciudad de Arak, en Irán, después de leer lo que los iraníes que viven en los EE.UU. habrían dicho sobre los acontecimientos en Irán:

“Quiero vivir - y si tuviese que morir por alguna razón, quiero morir por decisión mía y por cosas en las cuales creo. Quiero dejar bien claro que soy yo quien decido sobre mi vida y que no quiero ser uno de los millones de iraníes (25, de cada 1.000 habitantes) que morirán, si el país fuese militarmente atacado. Quiero saber por qué muero. Y ni los EE.UU., ni la OTAN ni ninguna coalición, venga con la bandera que venga, autorizada por no me interesa qué organización internacional, tendrá algún día el derecho de obligarme a vivir como iraní, en un Irán bajo la “intervención humanitaria”. Y poco me importa si los drones (aviones no tripulados) son comandados por laser o por el Dios Todopoderoso en persona. En ningún caso acepto la idea de caer muerto por un ejército de ocupación. Y usted [dirigiéndose a un militante iraní patrocinado por los EE.UU. y a favor de la “intervención humanitaria”], que vive en Washington DC y, por lo tanto, tiene chance cero de ser asesinado por drones en Irán, y que vive en seguridad, con un océano y algunos continentes que lo protegen, hágame el favor de guardar para si su opinión y no eche leña al fuego para un ataque militar a Irán. Esta entrevista está terminada.”

El surgimiento de estos quinta-columnistas post-modernos es, de hecho, un desarrollo positivo para el futuro de la democracia en Irán: todas las ilusiones de una falsa solidaridad entre los disidentes fuera y dentro de Irán, están finalmente disipándose y ya se ven, bien claras, las diferencias que los separan. Figuras ilustres, identificadas con el Washington Institute for Near East Policy, con el Bush Institute y con el National Endowment for Democracy comandan hoy una sólida alianza con fuerzas neoconservadoras sionistas en los EE.UU., al punto de ‘nominarlas’ para que ataquen a Irán y lo ‘liberen’, sólo para aquellas fuerzas.

De las cenizas del movimiento reformista de los años 1990, me atrevo a creer que podemos esperar que renazca una nueva izquierda, después que, de aquellas cenizas, se salvaron algunas pocas fuerzas progresistas. Pero las divisiones remanentes no debilitarán las voces disidentes. De hecho, fortalecerán el futuro democrático de la república que, esperemos, vendrá después del fin de la teocracia beligerante que hoy reina en Irán. (...)

Este alzamiento democrático que hoy barre toda la Región - enraizado, real, determinado a vencer - encontrará su camino. Nuestra tarea no es imponer un método a dicho alzamiento, sino descubrir y reforzar aquella lógica interna. Quedará el desconcierto (de hecho, la vergüenza) a los que sean incapaces de oír aquella lógica e insistan en imponer a ella los propios deseos, ya sean honrados, ya sean de traición. (...)

Ni la República Islámica ni ningún otro poder tirano - ni poder democrático ajeno a Irán - tienen ningún derecho de desarrollar armas de destrucción masiva, en función de las cuales nuestro pobre y frágil planeta vive con miedo. Pero la actual configuración del poder regional y global no tiene ningún derecho o ningún prestigio moral para prohibir a la República Islámica a desarrollar armas nucleares. De una forma o de otra, la República Islámica desarrollará, si decide hacerlo, armas nucleares - y no hay nada que el estado israelí del apartheid pueda hacer para impedirlo. Israel, allí, sentada sobre centenas de bombas atómicas y que ni siquiera firmó, hasta hoy, el Tratado de No Proliferación. ¿Qué podrá hacer para impedir que la República Islámica construya las bombas que decida construir? Ataquen a Irán, o no, la única cosa que los EE.UU. y sus aliados europeos han hecho hasta ahora, es estimular a los iraníes a trabajar para tener la bomba. Si atacan a Irán - y existen innumerables evidencias de que ya comenzaron a atacar, tanto en una guerra física como en una guerra cibernética - EE.UU. y sus aliados sólo habrán conseguido acelerar aquel proyecto. (...)

Ya sea que lo llamen de Intifada, como en Palestina, Primavera Árabe en el mundo árabe, Indignados en Europa u Occupy Wall Street en los EE.UU. y por todo el planeta, tarde o temprano estos movimientos derrotarán todas las hipocresías.

El habitat natural de las personas comunes que comienzan a rebelarse contra todas las tiranías y contra todas las formas de injusticia, es el habitat de la moral, no es una posición militar. Los que alientan a la guerra, presentando justificaciones políticas, ya desertaron definitivamente del campo moral. Estimulan, ayudan, promueven actos de violencia contra multitudes de millones de seres humanos inocentes e indefensos, que poco pueden hacer contra los señores de la guerra, pero ya trabajan hoy para imaginar y construir un mundo mejor y más justo.

Traducido para La ONDA digital por Cristina Iriarte

*Hamid Dabashi es profesor de Estudios Comparados de Literatura Iraní
en la Columbia University, en New York City
Fuente: Al-Jazeera

NOTAS
[1] HEMINGWAY, Ernest [1938]. The Fifth Column and the First Forty-Nine Stories. Quinta Columna, Rio de Janeiro: Ed. Bertrand Brasil. Trad. Enio Silveira. “Quinta Columna” es la única obra de teatro escrita por Hemingway. Sobre la obra, ver http://www.riototal.com.br/coojornal/eneasathanazio137.htm [NTs].

[2] Hamlet, Ato 2, cena 1. Trad. de trabajo, sólo para ayudar a leer. Orig. “See you now; / Your bait of falsehood takes this carp of truth: / And thus del we of wisdom and of reach, / With windlasses and with assays of bias, / By indirections find directions out ...” (http://shakespeare.mit.edu/hamlet/hamlet.2.1.html). En portugués, en traducción que no analizamos, en http://cultvox.locaweb.com.br/livros_gratis/hamlet1.pdf [NTs].

[3] ORWELL, George [1949], 1984, São Paulo: Compañía de las Letras. Trad. Alexandre Hubner y Heloísa Jahn. A pesar de la versión generalizada en la prensa-empresa en Brasil, según la cual 1984 sería alguna especie de caricatura de la Unión Soviética – interpretación que, por aquí, no por casualidad, se implantó por parte de las artimañas de la Guerra Fría –, hecho es que, leído hoy, se ve claramente que 1984 es un libro de crítica de la sociedad de los EE.UU. en aquellos años 1940. En el mismo año en que surgió 1984, fueron lanzadas dos películas importantísimas, también de crítica devastadora de la sociedad de los EE.UU.: “Mercado Humano” (1949, dir. Anthony Mann) y “La Gran Ilusión” (1949, dir. Robert Rossen, adaptación del romance del mismo título de Robert Penn Warren, Premio Pulitzer de 1946; en 2006, se lanzó una remake, protagonizada por Sean Penn, con el mismo título). De forma muy evidente, 1984, por más que, en general, pueda ser vista como una caricatura de todas las dictaduras, está directamente inspirada en la dictadura ‘democrática’ de los EE.UU., en aquellos años. Por esto reaparece, de pleno derecho, en este artículo [NTs].

[4] Personaje de Orwell, en 1984. Syme es colega de Winston, en el Ministerio de la Verdad. Lexicógrafo, es inventor de la Neolengua y del respectivo diccionario. En su rutina de trabajo, pasa a disfrutar mucho de destruir palabras y cree firmemente en que, en el año 2050, la Neolengua ya habrá sustituido completamente a la Vieja Habla (el inglés patrón de su época). A pesar de que Syme tenga opiniones políticas ortodoxas firmemente alineadas con la doctrina del Partido, Winston observa que “Syme es muy inteligente. Mira y habla con excesiva claridad”. Al percibir que el nombre de Syme fue borrado de la lista de miembros del Club de Ajedrez, Winston infiere que fue convertido en no-persona, que jamás existió (en http://en.wikipedia.org/wiki/Nineteen_Eighty-Four#Principal_characters) [NTs].

[5] Rey Lear, acto 1, escena 1. Orig. You have so lost la father / That you must lose la husband (em http://shakespeare.mit.edu/lear/lear.1.1.html)

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