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La miseria del “nuevo desarrollismo”
Por José Luís Fiori*
“El capitalismo sólo triunfa cuando se identifica con el Estado, cuando es el estado” Fernand Braudel
El "debate desarrollista” latinoamericano no tendría ninguna particularidad si se hubiese reducido a una discusión macroeconómica entre “ortodoxos”, neo-clásicos o liberales, y “heterodoxos”, keynesianos o estructuralistas. En realidad, no habría existido si no fuese por causa del estado y de la discusión sobre la eficacia o no de la intervención estatal, para acelerar el crecimiento económico, por encima de las “leyes del mercado”. Incluso porque, en América Latina como en Asia, los gobiernos desarrollistas siempre utilizaron políticas ortodoxas, de acuerdo con la ocasión y las circunstancias, y también se puede decir lo inverso acerca de muchos gobiernos europeos o norteamericanos ultra-liberales o conservadores que utilizaron, en muchos casos, políticas económicas de corte keynesiano o heterodoxo. El pivot de toda la discusión y la gran manzana de la discordia siempre fue el estado, y la definición de su papel en el proceso del desarrollo económico. A pesar de esto, después de más de medio siglo de discusión, el balance teórico es decepcionante. De una forma u otra la “cuestión del estado” siempre estuvo presente, de los dos lados de esta disputa, que acabó siendo más ideológica que teórica. Sin embargo, su concepto fue siempre impreciso, atemporal y ahistórico, una especie de “ente” lógico y funcional creado intelectualmente para resolver problemas de crecimiento o de regulación económica. Desarrollistas y liberales siempre compartieron la creencia en el poder demiúrgico del estado, como creador o destructor del buen orden económico, pero actuando en todos los casos, como un agente externo a la actividad económica. Un agente racional, funcional y homogéneo, capaz de construir instituciones y formular planes de corto y largo plazo orientados por una idealización del modelo de los “capitalismos tardíos” o del estado y desarrollo anglo-sajón. Y todos miraban de forma negativa hacia los procesos de monopolización y de asociación del poder con el capital, que eran vistos como desvíos graves de un “tipo ideal” de mercado competitivo que estaba por detrás de la visión teórica de los desarrollistas, tanto cuanto de los liberales. Además, todos trataron a los estados latinoamericanos como si fuesen iguales y no formasen parte de un sistema regional e internacional único, desigual, jerarquizado, competitivo y en permanente proceso de transformación. Y aún cuando los desarrollistas hablaran de estados centrales y periféricos, y de estados dependientes, hablaban, sobre todo, de un sistema económico mundial que tenía un formato bipolar relativamente estático, donde las luchas de poder entre los estados y las naciones ocupaban un lugar bastante secundario. A fines del siglo XX, la agenda neoliberal reforzó un sesgo de la discusión que ya venía creciendo desde el período desarrollista: el desplazamiento del debate hacia el campo de la macroeconomía..Como vuelve a suceder con el llamado “neo-desarrollismo” que se propone innovar y construir una tercera vía (una vez más), “entre el populismo y la ortodoxia”. Como si se tratase de un péndulo que unas veces se inclina hacia el fortalecimiento del mercado y otras hacia el fortalecimiento del estado. En la práctica, el “neo-desarrollista” acaba repitiendo los mismos errores teóricos del pasado y proponiendo un conjunto de medidas más vagas y gelatinosas aún de lo que ya había sido la ideología nacional-desarrollista de los años 50. Pasado en limpio, se trata de un pastiche de propuestas macroeconómicas absolutamente eclécticas, y que se proponen fortalecer, simultáneamente, el estado y el mercado; la centralización y la descentralización; la competencia y los grandes “campeones nacionales”; lo público y lo privado; la política industrial y la apertura; y una política fiscal y monetaria, que sea al mismo tiempo activa y austera. Y finalmente, con relación al papel del estado, el “neo-desarrollismo” propone que sea recuperado y fortalecido, pero no aclara en nombre de quien, para quien y para que, dejando de lado el tema central del poder, y de los intereses contradictorios de las clases y de las naciones. En este sentido, queda aún más claro que el desarrollismo latinoamericano siempre tuvo un parentesco mayor con el keynesianismo y con la “economía del desarrollo” anglosajónico, que con el nacionalismo económico y el anti-imperialismo, que son el resorte principal del desarrollo asiático. Y que, más allá de esto, los desarrollistas latinoamericanos siempre compartieron con los liberales, la concepción económica del estado del paradigma común de la economía política clásica, marxista y neo-clásica. Esta paradoja explica - además - la facilidad teórica con que se puede pasar de un lado a otro, dentro del paradigma líbero-desarrollista, sin que de hecho se haya salido del mismo lugar…
*José Luis Fiori: Profesor en la Universidad pública de Río de Janeiro sobre economía y ciencia política.
Traducido para La ONDA digital por Cristina Iriarte
LA ONDA® DIGITAL
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