Creación como diálogo
Por Carlos Palleiro*

Debo aclarar en el inicio que este pequeño “ensayo” está hecho con todo el respeto que me merecen los creyentes y los no creyentes, como yo.

La esencia de la Creación es la soledad. Si no pregúntenle a Dios. Al principio era el caos y la oscuridad y nuestro Señor, Amo de todas las cosas y de todas las no cosas, dijo: Hágase la Luz- y la Luz se hizo

Si La creación supone un diálogo, capaz que El Señor tenía unos ayudantes a los cuales en realidad les dijo: Daniel, prendé la luz, hay tremenda oscuridad y no veo nada. Una vez con luz Dios debe haber mirado y no vio más nada que luz, porque la luz no tenía nada que iluminar.

Entonces, Dios, que como creador no tiene rival, empezó a CREAR todas las cosas para usar la luz y poder verlas.

Creó La Tierra, La Luna y las estrellas para soñar y enamorarse; creó, los ríos, las montañas, el pasto y los animales para que se lo comieran; el aire y los pájaros para que volaran en él; las nubes y el viento para llevárselas; hizo el mar y los peces para que vivieran en él. También hizo las plantas, los árboles, las flores.

Luego, por fin, hizo a la mujer y ahí empezó todo. Antes Dios dialogaba con Adán, aunque dicen que más antes dialogaba con los animales ya que, dicen que dicen, en un principio los animales hablaban, pero al rato ya no quisieron hablar más porque, argumentaron, que Dios no los escuchaba, entonces empezaron una huelga de lenguas caídas por la falta de diálogo, y ya se les quedó la costumbre de no hablar (claro que todavía hoy día hay algunos que no sólo hablan, sino que han llegado a ser presidentes, y estoy hablando de Bordaberry, presidente y luego dictador uruguayo a partir del 27 de junio de 1973. Que Dios lo tenga en su Gloria o Satanás lo aguante en su Infierno, ya que falleció antes de terminar de cumplir su condena por asesino de lesa humanidad). Asimismo se rumora que antes de intentar el diálogo con los animales, Dios, el Todopoderoso, intentó hablar con las plantas, pero éstas no le hicieron caso, siempre fueron muy orgullosas y engreídas. Dios intentó otras formas de convencerlas para que hablaran con él. Imagínense la tremenda soledad que debía sentir en esos tiempos con un cielo tan despoblado. Les habló más dulcemente, tuvo buenos pensamientos para ellas, aunque Dios siempre tiene buenos pensamientos (bueno, cuando El Diluvio y Sodoma y Gomorra, quien sabe ¿no?), les puso buena música clásica o celestial. Esas técnicas inauguradas por Nuestro Más Grande y Único Creador, subsisten hasta nuestros días. Pero, nada, che, las plantas tercas como burro empecinado. Pero ¿qué podría dialogar Nuestro Señor con el joven cocodrilo o con la insoportable rosa?

Volviendo a Adán, una vez llegada Eva (¿o Lucy?), Adán no se animó a hablar más con Dios porque le daba vergüenza contarle lo que hacían juntos él y Eva. De ahí que el diálogo se le hizo imposible, a Dios. Adiós fue los que les dijo Nuestro Máximo Protector a Eva y a Adán. Los expulsó del Paraíso no por lo que dicen las malas lenguas de que la manzana y la serpiente y de que el árbol de la verdad y todas esas cosas, no, la verdad es que fue por falta de diálogo.

Entonces desechando la tesis de los ayudantes y la imposibilidad de dialogar con los animales, con las plantas y con Adán (nunca se le ocurrió dialogar con Eva porque sabía que Adán era muy celoso, ya que lo había hecho a su imagen y semejanza y que necesidad de tener terrible pelotera en el Cielo, ya vendrían las épocas de tener que recibir a verdaderos hijos de puta como el Padre Maciel y otros criminales), entonces una vez desechados todos esos intentos Dios se quedó solo y caviló mucho y llegó a la conclusión que para crear él se bastaba a sí mismo, que no tenía ninguna necesidad de dialogar con NADIE para crear TODO.

Y pasando a lo nuestro, a nuestra pequeña escala, yo pregunto: ¿Quiénes somos nosotros, simples y pequeños e insignificantes mortales para enmendarle la plana a Dios?

Yo digo que nosotros, artistas, salvando la escala cósmica, somos dioses que creamos nuestras cosas y nuestras criaturas, a nuestra imagen y semejanza. Diálogo en la creación siempre hay, pero es un diálogo secreto, íntimo entre yo y yo. No es monólogo porque éste supone una sola opinión. De ninguna manera. Cuando creamos discutimos, nos peleamos, sufrimos, damos marcha atrás, dudamos y al final, vamos para adelante y terminamos el trabajo, como lo hizo Dios en siete días.

Nuestras creaciones artísticas se juntan en las tardes con otras creaciones artísticas, a tomar el té y charlar de bueyes perdidos.
A veces se acuerdan de sus padres pero ya no nos reconocen.
Esos dibujos que hicimos y hacemos, ya no son nuestros. Viven sus propias vidas, como nuestras hijas y nuestros hijos a los que expulsamos del paraíso a este injusto mundo, para que luchen por sus vidas y por un mundo mejor.

Yo siempre espero que mis creaciones, mis pajaritos viajen, como palomas que llevan un mensaje de esperanza, justicia y libertad.

*Plástico y diseñador gráfico uruguayo

México, D.F., miércoles 23 de noviembre de 2011
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