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Debate en la izquierda chilena, pos elecciones universitarias
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Nueva izquierda…
¿y la antigua, hoy existe…?
Luego del 6 de diciembre donde participaron 13.280 estudiantes y el evento se convirtió en un gran acontecimiento nacional, se definió la nueva directiva que conducirá la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh) durante el 2012.
En las elecciones ganó el estudiante Grabiel Boric, egresado de Derecho y que encabezaba una de las ocho listas de izquierda, quedando como vicepresidenta Camila Vallejo líder de las movilizaciones que por más de 8 meses conmovieron a miles de estudiantes y docentes chilenos durante el 2011, reclaman reformas profundas en la enseñanza de su país.
Los días siguientes a conocerse los resultados, se inicio a nivel de la prensa una serie de análisis sobre las distintos enfoques que tiene la izquierda chilena entorno a las causas y motivaciones que dieron lugar a los resultados de las elecciones estudiantiles y las proyecciones que pueden tener estas a nivel de las próximas elecciones presidenciales de 2012.
Señora Juanita Vallejo Por Patricio Araya González El reciente triunfo de Gabriel Boric en la FECH, bien podría leerse como un triunfo para el Presidente Sebastián Piñera y su ministro de Educación, en tanto ambos se sacan de encima a la “mediática” Camila Vallejo, apostando a que el movimiento estudiantil se reenclaustre, reflexionando en los patios universitarios, mascullando allí sus frustraciones, evitando potenciales movilizaciones en las calles. Al día siguiente de su victoria, Boric envió una señal en entrevista con La Tercera, que en Palacio podrían interpretar dentro de esa línea. “Llamo a no tener miedo. Las formas de movilización deben ser funcionales a objetivos políticos. Los paros pueden servir o no, no se trata de un juego, donde el que está más tiempo en paro es más revolucionario. Creemos (en ellos) en la medida que sirvan para presionar, para avanzar como movimiento. En la medida que no sirvan, tenemos que reinventarnos”.
Eso es lo que más añoran en La Moneda, que el conflicto estudiantil se desarrolle intramuros, que no salga a las calles; que los secundarios no se tomen más liceos. Al Gobierno le conviene que el tema “educación” retome su carácter sectorial, que deje de ser tan transversal como ha sido hasta hoy. No obstante, en el mismo medio Boric desalienta al Ejecutivo y alarga la mecha: “Nuestro énfasis el próximo año será fortalecer los lazos y la organización, en conjunto con trabajadores, pobladores, secundarios y compañeros de las universidades privadas, y a todos los que quieran transformar este país”. Mala noticia para Piñera.
Hasta antes de la irrupción de Camila Vallejo -y de toda la generación de nuevos dirigentes Jackson, Ballesteros, Figueroa-, la ciudadanía se mantenía ajena al sentir de los estudiantes. La “revolución pingüina” de 2006, aparte de contar con las simpatías de la gente, no logró obtener de ésta el grado la complicidad y compromiso que sí lograron las movilizaciones de 2011. ¿Qué hace la diferencia entre uno y otro proceso? La clave es que el movimiento estudiantil de este año involucró a la sociedad civil, redefiniendo las demandas estudiantiles como demandas sociales. “Esto nos afecta a todos”. Léase al 80 por ciento de la población que siente que ya es suficiente, que el sistema imperante es el causante de los problemas que afectan a la mayoría de los chilenos, y que éste es ineficiente para solucionarlos; que la desigualdad es de tal magnitud que ya no hay bolsillo que la resista. En suma, que la cosa no da para más.
Los pueblos suelen enfrentar la injusticia de diversas maneras. Algunos se acostumbran a vivir dentro de ella, como los países africanos. Otros, subvierten su realidad dándole forma de lucha armada. Otros se dan espacio y tiempo para resolver sus diferencias. Otros son civilizados, tienen mínimas injusticias. Chile está a medio camino entre el acostumbramiento y la revolución no violenta. En la frontera de ambas opciones flamea una bandera con una palabra siniestra: “Diálogo”. De sordos, pero diálogo al fin. El único problema es que las nuevas generaciones de chilenos no quieren correr la misma suerte que nuestros hermanos africanos y tampoco creen en el desarrollo prometido porque lo consideran inviable. Sin embargo, Chile dialoga, conversa, se enreda, promete, miente, olvida, perdona, confía y luego desconfía. Y seguimos donde mismo. Ingrávidos. Hasta ahora.
Hoy los estudiantes no están disponibles para la promesa electoral incumplida. No están dispuestos a seguir siendo engañados como fueron sus padres, sus abuelos. Ellos quieren y pueden cambiar el curso de su historia. Se sienten protagonistas y se saben capaces de subvertir su realidad. Ya no les interesa escuchar a los políticos. Desprecian la forma cómo se hace política a partir del engaño. Sus pulsiones son menos vulnerables, son más materiales, más concretas. Quieren soluciones y no promesas. El tiempo de la señora Juanita, esa invención laguista de la vieja ignorante, maloliente, ingenua, tonta, a la que había que explicarle con manzanitas, “poblacional”, sin rostro, sin domicilio, ya pasó. Las movilizaciones estudiantiles la rescataron de su despeñadero, la incluyeron, la visibilizaron, y sobre todo, la reconocieron como persona, como sujeto de derecho.
Ahora la señora Juanita se llama Juana y se apellida Vallejo, trabaja en la fábrica, en la oficina, en el hospital, en la escuela, en el almacén, en la vereda ambulante, tiene rostro de pueblo ofendido y marginado que se hastió del abuso, vive en las casas de todos los estudiantes en la piel de cada madre endeudada y desesperada. Es persona, no un mito urbano construido para significar a esa masa amorfa llamada “pueblo”, que compraba naranjas.
La señora Juanita Vallejo, a diferencia de la señora Juanita de Lagos, no está para la caricatura y el menosprecio del político que siente que le puede prometer todo a cambio de su voto. Juanita Vallejo es mucho más exigente, no está ni ahí con las migajas del alcalde de turno, quiere que la escuchen y que no la abusen en el supermercado o en la multitienda, se hartó que la manoseen en el Transantiago, no está dispuesta a seguir engordando el patrimonio del dueño de la universidad donde su hijo lucha por una profesión que lo saque de la pobreza. Juanita Vallejo ya no es el rostro de la ingenuidad, es la cara más dura de la desconfianza.
El mérito de Camila Vallejo es haber apellidado el anonimato de los chilenos ignorados e indignados. Hoy, más que antes, la gente de la calle opina, entiende que la están vulnerando. Ese es el miedo al que el Gobierno teme enfrentarse. En La Moneda deben tomar conciencia que cuando la ciudadanía se empodera, es decir, cuando toma conciencia que la soberanía radica en ella, y que su delegación no implica enajenación, la cosa se pone cuesta arriba, porque, cuando los NN se toman en serio ese atributo de la personalidad tan importante como es el nombre y el apellido, es muy difícil seguir siendo parte del rebaño obsecuente, donde todo se ve igual. Camila le puso pan a la masa crítica, haciendo que los NN espabilen, que despierten de su letargo consumista, que sientan que ellos son los protagonistas, y que alcen el puño para decir ¡basta ya, esto tiene que cambiar! 16/12/11
¿Concertación RIP o bacheletismo a la vena? Por Patricio Araya González Que el nuevo presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, Gabriel Boric, manifieste en su primera declaración en los medios que no está ni ahí con los partidos políticos, y de paso instale un discurso anti Bachelet, por supuesto que suena como arpa vieja en los sensibles oídos concertacionistas. El presidente del PS Osvaldo Andrade, respondió los parabienes del dirigente estudiantil con otro “no estoy ni ahí”: Bachelet no necesita comandos juveniles. Fuerte, muy fuerte. Soberbio. Andrade debe estar en la lógica del “envejecimiento parlamentario”. Desde su perspectiva, los políticos tienen un solo norte: llegar al poder y allí sentarse a esperar la carroza. Él está lejos de la idea de renovación. Una prueba palpable es la falta de liderazgos juveniles en sus filas. A lo que debe sumarse la absoluta incapacidad de generar nuevas apuestas presidenciales.
En la última elección de la FECH no hubo candidatos socialistas -no porque no haya estudiantes socialistas en la Universidad de Chile, sino porque su orgánica partidaria es incapaz de concebir un proyecto y hacer que la comunidad universitaria lo valide. Sólo hubo representantes de la derecha, de la “Jota”, y autónomos o independientes. La falta de savia nueva es evidente. A los dinosaurios nunca les preocupó su descendencia. Los partidos de la ex Concertación han dejado de tener injerencia social por una cuestión tan elemental como es su absoluta incapacidad de apostar a la renovación generacional; aunque, en honor a la verdad, se trata de un mal que afecta a la política de modo transversal. Basta revisar la constitución de ambas cámaras del Congreso para darse cuenta que hay una generación de veteranos en ejercicio, muchos de ellos electos en 1989, es decir, personajes que llevan 21 años viviendo a costa de los chilenos, sin más aportes que su sola presencia, algunos de ellos saltando de la Cámara de Diputados al Senado, como si fuera un paso de la enseñanza primaria a la secundaria.
Pero, en fin, están allí y morirán allí. Cuando el diputado Osvaldo Andrade se hace partícipe de esa lógica de denostar a la juventud, menospreciando su rol en la sociedad libertaria que él mismo asegura defender, sólo confirma que el mundo político es para mayores de edad, y que los muchachos no estarían preparados para manejarse en clave política. No sólo eso: desconoce de una sola plumada el proceso formativo que implica la discusión de ideas al interior del claustro. Se entiende que el senador Camilo Escalona, que nunca pasó por un aula universitaria, mire con recelo a la juventud ilustrada, pero Andrade se formó como profesional y como dirigente al interior de una facultad de derecho.
¿Cuál será la estrategia de la ex Concertación frente al surgimiento de los nuevos liderazgos universitarios, considerando actitudes como la de Andrade? Pensar que a fuerza de pachotadas como las del diputado socialista se puede abofetear a un dirigente universitario y pasar piola, raya en la estupidez política. La ex Concertación es una entelequia que ya descansa en paz. Sus restos son velados por quienes alguna vez le dieron forma, fama y sentido. La forma -pregonaban- era inclusiva, o intentaba serlo, pese a la cultura del codazo, del nepotismo y del amiguismo; la fama se la ganaron en la calle y en los medios convenciendo al país que lo de ellos era la transformación social, pero no fueron más que meros administradores de un modelo que juraban odiar y que terminaron perfeccionando con ellos adentro; el sentido no era malo -conducir al país al desarrollo mediante el crecimiento con igualdad-, sólo que nunca se prepararon para la alternancia, y cuando les tocó cruzar la verdea, no les quedó más que la nostalgia de sus mejores días.
El historiador británico Eric Hobsbawm introduce la noción de “presente permanente” en clara alusión a la juventud que prescinde del pasado. Durante dos décadas en la Concertación se ocuparon del presente y del pasado, mas no del futuro. Tal vez ya existía conciencia de la finitud del conglomerado, y había que aprovechar el momento. Eso puede entenderse porque entonces muchos de ellos eran jóvenes a los que no les preocupaba nada más que el presente, la construcción de máquinas de poder; sin embargo, llama la atención que las generaciones más experimentadas no tuvieran en cuenta la gravedad que implicaba no alimentar el futuro. La Concertación expiró porque nadie se preocupó de renovarla, de inyectarle esa energía que sólo da la juventud, la única capaz de imaginar el futuro.
Por ello es comprensible el actual estado de ánimo de sus dirigentes: rebelarse ante los cambios que nunca hicieron, y que hoy se hallan en manos de las generaciones ajenas en las que ellos no tienen parte. Hoy el conglomerado carece de una generación de recambio. Los nuevos liderazgos no le pertenecen, son jóvenes que la desprecian y quieren mantenerse alejados de un mundo que los marginó, y que sólo los incluye desde la retórica discursiva, desde el panfleto. A la ex Concertación sólo le resta volver la vista a un pasado que le dio gloria y bienestar. Es aquí donde se entiende la vocación bacheletista de la que se encuentra empoderada.
Dado que la ex Concertación carece de futuro, no tiene más que apostar a una carta segura como Michelle Bachelet, que bien podría devolverle el protagonismo que por sí sola no es capaz de sustentar. Se equivoca el presidente del Partido Socialista cuando asegura que Bachelet no necesita comandos juveniles. Todo lo contrario, hoy, más que ayer, la ex mandataria requiere de una fuerza social organizada, pensante, crítica, hábil. A Bachelet podría llegar a incomodarle esa pléyade de veteranos sordomudos y cegatones, que fueron incapaces de leer los cambios que su gobierno estaba proponiendo al país, y que implicaban darles continuidad. Por el contrario, ellos se lanzaron a la lucha fratricida de apostar por la exclusión, apoyando un candidato cojo. 12/12/2011
Fuente Clarín cl Blog de Patricio Araya González http://www.blogger.com/profile/05033486277113981112
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