Habitar Montevideo XII
La indigencia

Por el arquitecto Luis Fabre

MÁS DEL AUTOR

Tal como inicia sus clases magistrales Ana Maria Araújo, socióloga de la Udelar, para abordar este y otros temas sensibles, es necesario definir desde que lugar hablamos. Aquí lo hacemos como arquitecto, rol incorporado a nuestro que hacer vital, pero también como un ciudadano consustanciado con la sociedad en que vive.

En una situación con el menor índice de indigencia de las últimas décadas, las políticas sociales focalizadas, financiadas por todos los uruguayos, son distorsionadas en la percepción popular por la singular “presencia” en la urbe de unos cuantos compatriotas. En las líneas del transporte colectivo, calles, plazas y aceras; en las iglesias, locales comerciales y ferias, es dable encontrarnos con ciudadanos en la indigencia. Desde su auto proclamada condición de “vendedores”, integrantes de “instituciones benéficas”, minusválidos y algunos supuestos “artistas” son la cara visible de la exclusión pero también la autoexclusión y viveza de actuar desde la informalidad interpelando a los que vivimos atendiendo las convenciones que alimentan la convivencia.

Hay razones

Buceando en las implicancias profundas de estas situaciones, Hanna Arendt nos ilustra sobre la vida humana y la necesidad: “la condición humana (título del libro) es tal que el dolor y el esfuerzo no son meros síntomas que se puedan suprimir sin cambiar la propia vida; son mas bien los modos en que la vida, junto a la necesidad a la que se encuentra ligada, se deja sentir” .Así, si se suspenden dolor y esfuerzo, la vida pierde sentido. Por eso es tan difícil que alguien salga de la mendicidad; no tiene motivación. La condición de indigencia puede no estar exenta de motivación, pero corre el riesgo, pues está acompañada de la mendicidad en un amplio sentido. No solo para el que pide en las calles y el transporte, también para el que pide al gobierno y al Estado.

Las caras de la indigencia

No son esos singulares seres humanos que transitan la única cara de la indigencia. También aquellos afincados en los espacios públicos con sus casillas, sus carpas o meramente cartones y nylon, nos interpelan con su presencia. La “situación de calle” es una modalidad de vida a que han derivado y de la que difícilmente solos puedan salir. Compete a las Instituciones con respaldo oficial, detectar, relevar, acercarse y conocer caso por caso. Pero actuar masivamente! Al igual que hace años concluíamos que si los asentamientos aumentaban al 8% anual, no se podían regularizar de uno en uno, con la indigencia es lo mismo. Como en el primer Plan de Emergencia del Gobierno de Vázquez, la reproducción de la indigencia y también de la pobreza solo se neutraliza con acciones de impacto cuantitativo, para las cuales hay voluntad política y recursos. El discurso oficial no se puede supeditar a enumerar ejemplos puntuales; debe explicitar resultados sistémicos, cuyas tendencias aseguren el camino correcto hacia un destino buscado: la eliminación lisa y llana de la indigencia. Pasó el tiempo de las experiencias piloto que, sabido es, quedaban en eso, demostrativos ejemplos no generalizados.

Como el diagnostico y la referencia a las causas han sido correctamente determinados, enfoquemos la situación actual. Comencemos por los “recaudadores” de ayuda, que manifiestan en un ómnibus repleto, ser prueba viviente de sus errores, purgados duramente, y corregidos en las instituciones que los socorrieron, “sin ayuda ninguna del Estado”. Toman al mismo como local de venta, escenario y tribuna a la vez, con un público cautivo: nosotros! Llegue a escuchar en un 121, que “los indigentes son cada vez mas”? O repetidamente al que manifiesta, con la tasa de desempleo mas baja de la historia, no tener trabajo, por que “no hay”.

Hacernos escuchar coercitivamente su discurso es la única razón por la cual invaden el transporte, distorsionan cualquier intento de hacer el viaje pensando, hablando, o simplemente mirando la ciudad. No actúan en las paradas! Sea o no verdadero su discurso abusa de nuestra comprensión y tolerancia, a ojos vista de los funcionarios que, solidarios y permisivos, dejan vulnerar nuestro derecho, por el cual pagamos, a viajar. Puede que sea comprensible, pero no es justo. No lo es con los comerciantes instalados en locales y ferias aportando para ejercer esa actividad. No lo es con quienes se avienen a los planes institucionales para ingresar, de varias maneras, a la formalidad.

No lo es con las Instituciones que cotidianamente trabajan para universalizar y hacer efectivos los derechos a integrar plenamente la sociedad.

No lo es con un accionar del segundo gobierno de izquierda que ha tomado la posta para disminuir la inequidad, empezando precisamente por la indigencia.

No lo es con la mayoría de nosotros, a quienes la sensibilidad agredida desmerece el esfuerzo que desde cada lugar de trabajo hacemos por un país mejor para todos. La solidaridad coercitiva, se parece mas a un chantaje afectivo. Como dije al principio, desde mi lugar, en lo personal, no me someto a él. Lamento paguen justos por pecadores en referencia a los artistas que con autenticidad, amenizan el viaje sin ninguna coacción.

¿Cuanto aporta a la percepción colectiva un discurso en la oreja y frente a nosotros contra la trabajosa y tesonera labor de los compañeros y compañeras del Mides, de la Intendencia, del Ministerio de Vivienda? ¿Cuanto a la “sensación” de inseguridad, de indefensión? ¿Cuanto sobre los visitantes y turistas en su percepción sobre nosotros como sociedad? ¿Cuanto atenta contra las onerosas campañas por el bien público; cuanto sobre la ideología que sostiene las políticas del gobierno y cuanto sobre las acciones derivadas de las mismas que se llevan a cabo?

Termino con una respetuosa solicitud. El Mides debe poder recabar la real situación de estas personas, estén donde estén y actuar en consecuencia. Estas personas tienen derecho a ser ayudadas y la mayoría de uruguayos derecho a no ser sometidos al chantaje afectivo a que hago referencia.

LA ONDA® DIGITAL

Portada


Contáctenos

Archivo

Números anteriores

Reportajes

Documentos

Recetas de Cocina

Marquesinas


© Copyright 
Revista
LA ONDA digital