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El “desarrollismo” asiático
Por el profesor José Luís Fiori
“The issue is not one of state intervention in the economy. All states intervene in their economies for various reasons…state´s first priority will define its essence.”
Chalmers Johnson, “MITI and the Japanese miracle, 1925-1975” Stanford University Press, p: 17, 1982
MÀS DEL AUTOR
Si no me equivoco, fue Chalmers Johnson quien habló por primera vez del "desarrollismo” asiático, en su célebre libro sobre el “milagro económico japonés”, publicado en 1982. Después de él, se transformó en un lugar común decir que el "estado desarrollista” fue un actor central del crecimiento económico acelerado de Corea, Taiwán y Singapur, entre los años 60 y 80; de China, a partir de los años 90; y de Vietnam, a comienzos del siglo XXI. El propio Johnson - que era economista, sirvió en la Guerra de Corea, fue consultor de la CIA para Asia, y enseñó en los Centros de Estudios de Japón y de China, de la Universidad de California - volvió muchas veces al tema y acabó transformándose en uno de los grandes especialistas norteamericanos en economía política asiática. Y fue uno de los principales responsables por la difusión y profundización académica de la investigación y del debate que cobró resonancia internacional, con la publicación del Banco Mundial, del "The East Asian Miracle: Economic Growth and Public Policy”, en 1993.
En su época, el libro de Johnson sorprendió al mundo académico: según el autor, el “modelo económico” japonés de la post-guerra no era original y venía de los años 20; y su característica fundamental no era económica, tenía que ver con la “intensidad” con que la sociedad y el gobierno japonés se dedicaban al establecimiento y cumplimiento de sus objetivos estratégicos. Para Johnson esta "intensidad" se debía al hecho de que el “modelo” había sido concebido como un instrumento de guerra y de reconstrucción, después de la guerra, y como instrumento de defensa de la soberanía japonesa, frente a los desafíos del mundo y del contexto geopolítico asiático, en la segunda mitad del siglo XX. Este contexto explicaría el nacimiento y la fuerza de la ideología nacionalista y de las instituciones japonesas responsables por la movilización de la sociedad y por la sumisión del desarrollo económico a sus objetivos de largo plazo. En 1989, la economista americana, Alice Amsden, publicó otra obra clásica - “Asia´s Next Giant” - sobre el “milagro económico coreano” donde identificaba características parecidas al desarrollo japonés: el “modelo coreano” también venía desde antes de la II Guerra, y había sido forjado en la lucha anticolonialista, contra el propio Japón. Y después de Johnson y Amsden, muchos otros investigadores y especialistas encontraron las mismas características en el desarrollo acelerado de Taiwán y Singapur, y de forma aún más sorprendente, en el desarrollo de China y de Vietnam. El propio Johnson identificó en el nacionalismo campesino y revolucionario chino, de principios del siglo XX, la gran fuente originaria de la "energía desarrollista" de la China contemporánea.
Acelerando el argumento, es posible extraer por lo menos cuatro conclusiones de esta vasta literatura sobre el crecimiento asiático:
i) la mayoría de los estados nacionales asiáticos se constituyó en la segunda mitad del siglo XX, después del fin del colonialismo europeo. Pero casi todos los nuevos estados mantuvieron sus fronteras tradicionales y civilizadoras, y su relación milenaria, dando origen, desde el inicio, a un sistema interestatal regional altamente competitivo.
iii) En clave europea, la estrategia económica de estos países asiáticos estuvo siempre más cerca del mercantilismo de William Petty que de la economía política de Smith o Marx; y mucho más cerca del nacionalismo económico del alemán Friederich List, que del liberalismo heterodoxo del inglés John Keynes: su primera prioridad fue siempre la construcción del estado y la defensa de la unidad territorial de su sociedad y de su civilización.
iii) No existe ninguna institución o política que explique aisladamente el éxito del crecimiento asiático, y que pueda ser trasplantada hacia países que se hayan constituido o estén fuera de sistemas de poder altamente competitivos. La simple condición de "recién llegado" o de “capitalismo tardío” no explica nada, ni es capaz de generar un proyecto y una estrategia de alto crecimiento.
vi) Finalmente, los asiáticos nunca se refirieron a sí mismos como “desarrollistas”, y su estrategia económica no tiene nada que ver con el llamado “desarrollismo latinoamericano”. Su política industrial, comercial y macroeconómica siempre estuvo al servicio de su “gran estrategia” social y nacional, y de su lucha por la conquista o reconquista de una posición internacional autónoma y preeminente. Los asiáticos tienen plena conciencia de que la política económica entregada a sí misma es ciega e incapaz de generar sus propios objetivos. Y mucho menos aún, de definir los objetivos de una sociedad y de una nación.
Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte
*José Luis Fiori: Profesor en la Universidad pública de Río de Janeiro sobre economía y ciencia política.
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