La buena conciencia de Francia
Por el economista Luiz Carlos Bresser-Pereira

Reconocer como genocidio la muerte de los
armenios es obra de políticos oportunistas
para congraciarse con los ciudadanos

¿Como comprender la decisión del Parlamento francés de definir algo que sucedió hace casi un siglo como genocidio de los armenios por parte de los turcos?

Desde el punto de vista político, no tiene sentido para Francia un conflicto con Turquía - el más importante país del Medio Oriente y una potencia emergente. ¿Porqué, entonces, esta declaración oficial sobre algo que sucedió, pero que hoy no tiene nada que ver con Francia?

Sólo le encuentro una explicación: se trata de una manifestación de "buena conciencia" de una Francia imperial para con sus ciudadanos, que son hombres y mujeres dotados de elevados principios morales.

¿Qué significa "buena conciencia" en este caso? Infelizmente, nada bueno. La dominación, el imperio, las diversas formas de explotación requieren siempre de buena conciencia.

Requieren de buenas razones morales para sus actos, o, cuando es imposible, exhibir ante todos su conciencia moral, en este segundo caso configurándose la buena conciencia.

Francia, como el Reino Unido y los EE.UU., precisa de ella porque su libro de violencia imperial con los pueblos de la periferia y, en particular, con el Medio Oriente es largo y tenebroso.

Hasta la Segunda Guerra, este imperialismo se manifestó por medio del sistema colonial.

Cuando los pueblos de la región lograron su independencia, el imperialismo francés y de sus asociados ricos se manifestó puntualmente por medio de la guerra y, en general, por medio del "soft power" - consejos, amenazas y presiones sobre elites locales generalmente aliadas y corruptas.

El prontuario de Francia en esta materia en el Medio Oriente es lamentable, y es terrible en África. El África subsahariana es, en la práctica, una colonia administrada por un banco central común con sede en París.

La participación del gobierno francés en el genocidio de los tutsis en Ruanda es algo que cada tanto es discutido por la gran prensa del país. Con gran pesar de los franceses.

Frente a esto, la necesidad de buena conciencia se torna imperativa. Generalmente, se manifiesta bajo la forma de "soft power", sin conflicto con los intereses nacionales del país: se juzga a los gobernantes de los países más pobres por los padrones de avance cultural y político de los países ricos; y, basado en este juicio, critican duramente como "autoritarios" y "populistas" a los gobernantes que osan ser nacionalistas y establecer límites a los intereses de sus multinacionales.

Mientras tanto, los dictadores amigos son amablemente olvidados.

Bajo esta forma, la buena conciencia coincide con la lógica de la dominación. Ella expresa los valores de la democracia al mismo tiempo en que atiende los intereses considerados nacionales.

Pero existen momentos en los cuales las cosas no son tan simples. Que es preciso pensar en términos dialécticos.

Dado que los ciudadanos de los países ricos son exigentes en términos de principios democráticos y de derechos humanos, los políticos oportunistas aprovechan algunos momentos para apaciguar la buena conciencia de sus ciudadanos con actos "heroicos". Es lo que sucede con el reconocimiento de genocidio de los armenios.

En este caso, el precio de la buena conciencia es una decisión que no le sirve a Armenia, ofende a Turquía y no le interesa a Francia. Pero apacigua a las malas conciencias.

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

LA ONDA® DIGITAL

Portada


Contáctenos

Archivo

Números anteriores

Reportajes

Documentos

Recetas de Cocina

Marquesinas


© Copyright 
Revista
LA ONDA digital