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Brasil y la estrategia de la disuasión militar
Por Carlos Alberto Pinto Silva General Ex /R1
El general Ex /R1 Carlos Alberto Pinto Silva, ex-comandante de Operaciones Terrestres (COTer), del Comando Militar del Sur, del Comando Militar del Oeste, y miembrote la Acadmia Brasileña de Defensa.
Brasil y los ataques siberneticos.pdf
“En abstracto, todo debe ser considerado con optimismo y cabe imaginar tanto un lado como el otro, afanándose en la búsqueda de la perfección e, incluso, alcanzándola. No obstante, todo asume una forma diferente cuando pasamos de las abstracciones a la realidad.” Clausewitz.
La integración regional constituye hoy uno de los ejes conductores de la política exterior brasileña. Esta aproximación se ha dado con los países sudamericanos en los últimos años en diversas vertientes, tales como: infraestructura; inversiones; turismo; defensa; comercio; políticas públicas; y otras. Las autoridades del gobierno insisten en enfatizar que Brasil encara a sus vecinos como socios para la cooperación militar, y que las inversiones para equipar a las Fuerzas Armadas y obtener el llamado poder de disuasión (poderío bélico que desaliente ataques de otros países) tiene como objetivo a naciones de otros continentes.
En el caso de las naciones sudamericanas, no existe un órgano superior al que estén subordinadas y que tenga una autoridad indiscutible para resolver sus conflictos mediante una simple sentencia. Aunque se cuente con el experimento de la UNASUR, una institución basada en ideología, creada más como un intento de disminuir la influencia de los Estados Unidos a través de la OEA, ésta no conseguirá perfeccionar el relacionamiento entre los Estados de la región, al punto de evitar el surgimiento de conflictos entre ellos, ni obtener, con frecuencia, la resolución amistosa de litigios. Comprueban esta afirmación la existencia de la ONU, OEA, OMC, y la continuación de los desacuerdos comerciales, de las crisis, conflictos y guerras en el mundo actual.
Los posibles conflictos entre los países de América del Sur pueden estar controlados y adormecidos por la búsqueda de la integración económica, comercial y de infraestructura, junto con otras acciones que aumentan la confianza mutua entre los Estados. Pero esto no significa que haya desaparecido la relación conflictiva. La hostilidad no se manifiesta tan solo por medio de la violencia del empleo del medio militar, esta continúa existiendo por problemas económicos, diplomáticos, psicológicos, populistas, por la debilidad de los Estados, y también, por arrebatos nacionalistas y de valores étnico-culturales.
Para que se entienda el problema de la debilidad de los Estados: “Se denomina “Estado Débil” aquel en que su gobierno central tiene poco control práctico sobre su territorio. Y de “Estado Fallido” al “Estado Débil” que no ejerce un gobierno efectivo dentro de sus fronteras, en función de altos índices de criminalidad, corrupción extrema, un extenso mercado informal, un poder judicial ineficaz, interferencia militar en la política y presencia de grupos armados paramilitares u organizaciones terroristas controlando, de hecho, parte o todo el territorio, o, incluso los Estados son débiles o fallidos, cuando pierden el control exclusivo sobre los medios de coacción.”
Potencialmente, un “Estado Fallido” o “Débil” es capaz de desestabilizar una región entera. En él florecen los fanatismos religiosos, tribales o étnicos; sirve de refugio a organizaciones terroristas y criminales. La multiplicación de fuerzas no estatales, al margen de la ley, los diferentes intereses enfrentados, la ingerencia de otros Estados, tratando de ampliar su área de influencia, y el colapso de los servicios de Estado, degeneran, sin lugar a dudas, en un conflicto asimétrico.
La cooperación, la integración y la negociación entre los Estados en América del Sur, fueron y serán siempre difíciles, por causa de la complicada cuestión de la asimetría económica y militar, de remanentes culturales, y de resentimientos históricos. Brasil debe ejercer el papel que le corresponde, el de contribuir de forma responsable, para la imposición (de ser necesario) y mantenimiento de la paz y de la tranquilidad regional. La participación directa de Brasil en conflictos con sus vecinos es poco probable, pero debe tenerse presente la idea de que, si se dieran enfrentamientos o conflictos entre los demás países, a Brasil le correspondería, como potencia regional, un papel destacado en el control de la situación y solución de la crisis. De cualquier manera, aunque la mayor probabilidad sea de paz, debería adoptarse alguna prudencia estratégica.
Diversos factores que conducen a posibles conflictos tales como: intereses comerciales y económicos perjudicados; no cumplimiento de tratados; explotación de riquezas minerales y petrolíferas; antagonismos históricos mal superados; disputa de espacios territoriales; la presencia de brasileños en los países fronterizos, como los brasiguayos y los brasivianos; y la vecindad entre países estarán siempre presentes en el relacionamiento entre los Estados Sudamericanos.
Brasil debe ser sensible a la preocupación con los regímenes populistas de propensión autoritaria, en particular el venezolano, con su extraño armamentismo, así como el de Bolivia y Ecuador. El populismo argentino y sus problemas económicos, en menor grado, igualmente deben ser considerados, ponderando principalmente el posicionamiento histórico de la Argentina con relación a Brasil y a Chile. Por lo tanto, Venezuela como elemento principal, Bolivia, Ecuador, Paraguay y la Argentina pueden ser considerados posibles actores que lleven a dificultar la integración en América del Sur.
“Argentina ha sido un problema permanente. Tenemos buenas relaciones políticas, pero económicamente es difícil tratar con ellos.” El Ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior, Fernando Pimentel. 19/01/2012 - O Globo. Se estima que alrededor de 350 mil brasileños viven en Paraguay. Buena parte de ellos son los llamados "brasiguayos", que se dedican a la agricultura en regiones cercanas a la frontera con Brasil. Crisis periódicas rodean la situación de estos brasileños en el país vecino. 03/02/2012 - O Globo
Es importante recordar el lanzamiento por parte de Colombia, Perú, México y Chile del Área de Integración Profunda (AIP), o “bloque del Pacífico”. Uno de los objetivos es que se constituya en un contrapunto al poder regional de Brasil y al MERCOSUR.
Brasil, país eminentemente pacífico, necesita de la integración y de socios en América del Sur, entre tanto no puede dispensar la capacidad de persuasión (medios diplomáticos, jurídicos y políticos) y la disuasión (naturaleza militar). Los demás países no le van a creer y concluirán en que es una farsa la idea que Brasil haya abdicado de su capacidad de emplear, cuando sea necesario, el poder militar, y de mantener la Estabilidad Estratégica en la región.
Persuadir y disuadir son, en última instancia, frustrar aventuras hostiles a Brasil y crisis/conflictos en América del Sur. Si la dimensión estratégica de Brasil no corresponde a su dimensión política, económica, geográfica y demográfica, es ilógico pretender capacidad de disuasión militar para participar del ordenamiento de los escenarios regional y, mucho menos, del global.
Fuente: DefesaNet
Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte
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