El libro sobre García Lorca y Enrique Amorim,
es una ofensa a la cultura uruguaya

Entrevista al Arq. Rodríguez Musmanno

AQUÍ MAS CONTENIDOS EN Nº 564

Como informábamos en nuestra edición anterior (564) el libro: “El amante uruguayo. Una historia real”, escrito por el peruano Santiago Roncagliolo, ha causado un gran impacto en Uruguay. De la editorial española Alcalá, el libro hace referencia a una supuesta relación homosexual entre el escritor uruguayo Enrique Amorim y García Lorca, con un posterior secuestro de los restos de Lorca por Amorim. La ONDA digital entrevistó por este tema a uno de los más cercano amigos de Enrique Amorim, el arquitecto César Rodríguez Musmanno quien dijo sentirse “Herido e indignado, con un sentimiento de “invalidez” ante el contenido de este libro”.

Rodríguez Musmanno es un referente de la arquitectura y el arte uruguayo y desde niño conoció y compartió en la ciudad de Salto con el escritor Enrique Amorim diversas actividades sociales y culturales. El arquitecto salteño protagonista directo de aquellos hechos, contó a nuestra revista la “verdadera historia” de “Las Nubes” y del monumento a García Lorca en Salto, promovido por Amorim. Lo que sigue son los tramos más destacados del diálogo con Rodríguez Musmanno.


- Arquitecto, tengo entendido que usted conoció personalmente a Enrique Amorim. ¿Eso fue en Salto?

- Si, en Salto lo conocí a Enrique desde que yo era muy niño. Primero a través de un tío mío, odontólogo, el Dr. Rodrigo Rodríguez Fosalba que estaba estudiando en Buenos Aires y vivía allí. Y Enrique fue a Buenos Aires, se relacionó con él y tenían un apartamento juntos. Tanto Enrique como mi tío, tenían amor por la fotografía y por las filmaciones que hacían por aquellos tiempos. Recuerdo que mi tío Rodrigo nos traía de cada uno de los viajes que hacía y en una de esas 8 mm, nos pasaba en el comedor de mi casa películas de Europa, donde también había alguna con Enrique, porque se encontraban los dos en esos viajes. Así que desde esa época, niño yo, conocía a Enrique Amorim y su trascendencia.

- Luego se va desarrollando la amistad
- Primero quiero ubicarlo, de cómo ingreso desde una relación general a una más cercana con Enrique. En el año 46 se creó en Salto un movimiento, cultural, buscando establecer una entidad que regenteara todo lo que tuviera que ver con la cultura en el medio. Esos fueron los prolegómenos de lo que luego fue la Asociación Cultural “Horacio Quiroga”. En una oportunidad, Enrique llega a Salto, justamente, en momentos en que ese movimiento está realizando una asamblea en El Ateneo para determinar sus elementos constitutivos, estatutos, etc. Él paralelamente ya estaba moviendo todo el medio intelectual uruguayo, para establecer en Salto un centro cultural que irradiara para toda la región. Además él llega con la representación de la Asociación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores del Uruguay (AIAPE). Desde ese momento la AIAPE, establece vínculos con Salto a través de Enrique. Esto se crea en oportunidad del fin de la dictadura de Terra, para pelear por nuestros derechos y nuestras libertades y en momentos de la Guerra Civil Española, año 36. Tanto que, a través de AIAPE, se funda el comité “España Republicana”, que era donde se reunían los republicanos españoles y los salteños, para brindar solidaridad. En estas circunstancias es que yo empiezo a profundizar la amistad con Enrique. ¿Por qué? Porque la AIAPE, integrada por un selecto racimo de artistas plásticos de la época y en el marco de la Asociación Cultural Horacio Quiroga forma el taller de artes plásticas “Pedro Figari”. Integrada entre otros por quien recuerdo con mucho cariño, Armando González, con quien trabajé, o Bottero, quien realizó dos grandes cerámicas que aun hoy están en el viejo aeropuerto de Carrasco, también integrada por otros de artistas plásticos uruguayos, todo esto con el empuje de Enrique.

Quien pasa al frente del Taller “Pedro Figari” es un emigrado húngaro, José Czifferí, que la Comisión Nacional de Bellas Artes de esa época, envía a Salto para que durante una o dos semanas se hiciera cargo de ese taller y diera instrucciones y todo lo demás. Este pintor, José Czifferí, era discípulo de Matisse. Venía post-guerra. También se suma al taller José Cúneo que, a su vez, estaba vinculado familiarmente a Salto. Yo con 18 años, a instancias de Enrique fui uno de los primeros alumnos de aquel taller. Esto me permite conocer a José Echave, pintor salteño, escenógrafo de la Comedia Nacional en épocas de Margarita Xirgu. La relación con José Echave me facilita trabajar en los años 50, en el taller de escenografía del Teatro “Solís”.

- ¿Y qué edad tenia Amorim por esa época?
- Él nació en el 900, así que tenía 46 años. Recuerdo muy bien que se genera por esa época un gran momento cultural en Salto De lo que más me acuerdo es cuando aparece Nicolás Guillén, Carlos Puebla, Mujica Lainez, J. L. Borges y su hermana casada con un actor.

- Y también García Lorca
- Si, si. Esa es otra de las cosas en las que había discrepancias, porque alguna gente decía que sí, que había estado y otros decían que no. Pero luego apareció, una foto en donde está él, en “Las Nubes”. Enrique era el eje central de toda esa actividad cultural generalmente los fines de semana.

- ¿Pero usted lo llegó a ver?
- Yo no, no. Porque yo - justo en el 46 - me vengo a Montevideo e inicio la carrera en la Facultad de Arquitectura.

- ¿Ya en ese momento estaba hecha “Las Nubes”?
- Estaba hecho. “Las Nubes” se hizo en el año 28, yo nací en el 27. De esa época le puedo decir algo que refrenda lo que yo siempre sostuve: es un mito o una leyenda urbana atribuir a Le Corbusier, el proyecto de la casa de Enrique, “Las Nubes”. Es también una de las tantas cosas inventadas por Roncagliolo, que en un café Le Corbusier hizo un croquis en una servilleta y Enrique lo guardó.

Todo eso es mentira. Este proyecto lo hicieron con conceptos traídos de la nueva arquitectura del momento, la arquitectura “purista” que caracterizó la época de los años 20. Ese concepto incluía la recuperación de la superficie del suelo a través de los “pilotis”. Por eso hay una parte de la casa que está toda levantada y, por abajo, pasa el jardín y pasa una pileta de natación y para el otro costado de la casa está el guardacoches, todo levantado sobre pilotes. Y el otro concepto de los “corbusianos”, seguramente, era el vano horizontal, no el vano vertical que nosotros heredamos de Italia y de España. Él trajo el vano horizontal que aprovechaba más la cantidad de luz que podía entrar en las habitaciones y todo eso. Y el mismo Enrique me dijo a mí cómo fue que se elaboró.

Con esas ideas él elaboró el proyecto de la casa. Ahí entra mi tío también, el Dr. Rodrigo Rodríguez Fosalba, como dije amigo de Enrique. Entre ellos elaboraron esos proyectos. Y digo esos, porque Rodríguez Fosalba, en El Tigre, también se hizo una casa con esos mismos conceptos.

- Era una síntesis que ellos habían hecho de lo que veían en los viajes a la Europa de la época.
Todos esos proyectos lo discutían mucho entre ellos. Tanto que hubo una cuestión jocosa con respecto a este tema, porque mi tío le decía que él era el que había encontrado la verdadera definición, porque la revista “Casas y Jardines” - que es una revista que aún existe - le publicó su casa. Y al poco tiempo, “El Hogar”, una revista de Buenos Aires, publica la casa de Enrique Amorim, “Las Nubes”. Entonces Enrique le mandó un telegrama para decirle: “¡yo también tengo una casa en “El Hogar”!(risas).

- Se multiplicaban “Las Nubes”...
- También juega en esto un papel muy importante Esther Haedo, que era la esposa de Enrique Amorim, ellos dos eran muy unidos, viajaban juntos, tenían una actividad compartida muy intensa.

- ¿Ella era, también, una intelectual de la época?
- Ella estaba dentro de todas estas actividades que comento, era la que regenteaba todas esas reuniones de los sábados o domingos por la tarde, donde se conversaba sobre todos estos temas y, seguramente, también los temas políticos importaban, así como también de la guerra.

A su vez, él desarrollaba una tarea muy importante de promoción de artistas emergentes. Tanto que a Aldo Peralta, que es un pintor salteño ya fallecido - marido de una pintora excelente, Lacy Duarte, que representó a Uruguay en Venecia - siendo un jovencito, le patrocinó un viaje a Europa y le dio recomendaciones para que se moviera en París y en España, luego lo envía a la Unión Soviética, con recomendaciones para gente conocida de él en literatura y en plástica.

- ¿Era alguien que se preocupaba por promover, no sólo la cultura, sino también a los creadores?
- ¡Eso mismo, eso mismo! Tanto que Echave, Cziffer, Peralta, Minata, fueron apoyados por Enrique. Minata es importante dentro de este esquema, porque es el que hizo las letras del monumento a García Lorca, en realidad el oficio de Minata es casi marmolero, porque el padre tenía una marmolería en Salto. Pero eso que dice usted es cierto, porque era un tipo que promocionaba a la gente que tuviera algún destaque. Él tenía un ojo bárbaro para ver quienes despegaban.

- Y desde el punto de vista de su personalidad, de su vida cotidiana, ¿era un hombre comunicativo, era un hombre afable?
- Sí, sí. Siempre se interesaba mucho por los problemas particulares. Vamos a suponer, yo tenía un problema, me faltaba un examen para poder irme a estudiar y él se preocupaba: “¡pero che! ¡Tenés que salvar el examen! ¡Tenés que salir de ésta!”. En fin, él siempre estaba ocupándose de su entorno.

-¿Y él era un hombre que trabajaba cotidianamente en la literatura? ¿Se lo veía escribir?
- Estando en Salto, era lo único que hacía. En la noche se lo veía en la “Horacio Quiroga” a reunirse con toda esa gente. Ya sea Cúneo, ya sea “Gonzalito”. Producto de esta relación Gonzalito le hizo un monolito que está en “Las Nubes”. Pero nunca solo, siempre Esther estaba al lado de él. Eran inseparables.

- Se dice que él era un hombre de mucha plata. ¿Eso es cierto?
- Bueno, esa parte es muy discutible, ¿no? Era una familia que regenteaba una barraca, la “Barraca Amorim”, en Salto. Yo conocí a un primo de Enrique, José Luis Amorim, que estaba al frente de esa empresa y que era un poco mayor que yo. También, la familia Amorim, tenía una estancia muy conocida.

- ¿Y él era socio de eso?
- Él aparecía como socio, pero los recursos salían de todo eso. No es que él fuera multimillonario, ni cosa por el estilo.

- Bueno, pero la familia tenía todos esos bienes.
- Sí, tenía esos bienes. Al lado de “Las Nubes”, habían construido la casa de la familia - que luego se transformó en museo - y ahora es la sede del MEC, es una construcción muy buena.

- ¿Y la versión de que él era un hombre mujeriego, un hombre que tenía amantes y todo eso?

- No, eso no era así. Lo que sucede que era un hombre muy reconocido, de una prestancia muy importante. A él siempre se lo veía en su trabajo y en sus cosas. Y, como ya le dije, con Esther para todos lados.

- ¿Y eso de que la hija no es hija de Esther?
- No, no es. Era adoptada.

- ¿Pero no era hija de Amorim con otra mujer?
- No, no era hija de Enrique. Era adoptada en todas las de la ley, no era hija biológica de ninguno de los dos. Él era un tipo muy abierto en todos los sentidos. Pero creo que en ese sentido se hacen muchas leyendas falsas.

- Recuerda alguna buena anécdota que lo involucre a usted y a Enrique
- Yo tengo una experiencia muy buena con él, porque ahí estuvimos juntos. (muestra un mapa) Esta avenida ahora lleva el nombre de “Enrique Amorim”, aquí está “Las Nubes”, más acá está la casa de los padres (que es la casa que se transformó en museo). Y aquí hay todo un terreno y otro terreno acá - esta es la Ruta 3 vieja, ahora es la carretera que va a Salto Grande - y estos terrenos él los donó. Y yo hice, en estos terrenos, una escuela, la Escuela 81 de Salto, una escuela modelo en cuanto a su diseño. Porque es arquitectura nueva aplicada a la escuela.

- ¿Y eso usted lo hizo en tiempos de Amorim?
- ¡Si, seguro! Sí, sí. Yo, en esa época, ya estaba radicado en Salto. Yo regresé en el 53 para Salto en forma permanente.

- Pero fue como un legado al maestro y amigo, por parte suya.
- ¡Seguro! La Escuela 81 es todo un ejemplo de escuela y de esta relación.
Me tocó a mí hacer la escuela. Pero no porque estuviera en Primaria o en la Intendencia. Sí, estaba en la Intendencia, era director de Obras. Pero esto yo lo hice para una Asociación de Amigos de la Escuela Pública, a los que Enrique les daba su total apoyo. Yo reformé 17 escuelas. Hice 5 escuelas nuevas por cuenta de esa Comisión de Amigos de la Escuela Pública, en la que Amorim y yo ayudábamos. Esta Escuela 81, lleva el nombre de “Enrique Amorim”. Y yo estoy muy unido a la obra plástica y voy a la escuela. Es decir, yo sigo la relación con la escuela porque, para mí, es como relacionarme con Enrique.

- La pintura que usted me va haciendo de la personalidad de Enrique Amorim, es la de un hombre absolutamente apegado a la sociedad y con una impronta muy grande sobre los temas sociales.

- ¡Pero cómo no! Sí, sí.

- Se dice que él era comunista, estaba afiliado al Partido Comunista.
- Si. El asunto es así, Enrique fue al primer Congreso por la Paz, los Intelectuales por la Paz, que se hizo en Varsovia, en el año 45 o 46, cuando terminó la guerra. Allí conoció a una cantidad de gente, como por ejemplo Picasso. Cuando regresó de ese primer Congreso por la Paz, participó de un acto que hacía el Partido Comunista para conmemorar el 1º de Mayo. En aquella época se hacían dos actos: uno era el del Partido Comunista y el otro era del Partido Socialista. Yo iba al del Partido Socialista (risas). En ese acto, Enrique promete su apoyo al Partido y recuerda a los compañeros que había encontrado en Varsovia. Esa parte yo no la escuché, porque estaba en el otro acto. Pero esa fue, prácticamente, la única cuestión política que yo le conocí a Enrique. Porque discutíamos sobre diversos temas y hablábamos sobre Marx y todo eso, pero nunca sobre los temas políticos más concretos.

-¿Entonces sobre los temas partidarios no hablaban?
- No.

-¿Era todo relacionado por la vía de la cultura?
-Sí, exactamente. Y él traía mucho material cuando volvía de sus viajes y nos mostraba cosas.

-¿Y él era un conocedor profundo de Marx?
- No, no era profundo. Inclusive, había partes que él las discutía, pero de costado. Porque nunca hubo nada definitivo y, menos, con relación a lo partidario.

-¿Eran discusiones de café?
-Sí. De “Sorocabana” (risas)

- ¿Aunque fueran en la casa? ¿Un “Sorocabana” propio?
- Pero mire que había “Sorocabana” en Salto.

- ¿Y ustedes iban?
- ¡Como no! Sí, sí. ¡Fue famoso! Había un “Sorocabana” con los muebles exactamente iguales a los de Montevideo.

- ¿Y ustedes eran un grupo activo allí?
- ¡Pero seguro! Y los plásticos se reunían allí también, y la gente que escribía (porque había otra gente que escribía en Salto). Artigas Vidal Martínez, un poeta salteño y otra gente que se juntaba con Enrique. Era un lugar interesantísimo. De por medio está, justamente, el monumento a García Lorca, que fue el único monumento en el que él tuvo algo que ver.

- Dicen que es el primer monumento que se le hace en el mundo.
- Sí, es el primero en el mundo. El asunto fue así. Enrique, con motivo de toda su amistad y su reconocimiento a García Lorca, resolvió un lugar donde recordarlo. Y, para eso, él se refirió a un lugar donde se accede desde la rambla costanera, hacia una gran explanada, a una altura de 10 o 12 metros sobre el río. El lugar estaba vinculado al tema de la República Española. Tanto es así que ahora, las dos rejas que se encuentran en el portón de acceso, una está pintada de rojo y otra de amarillo, que eran los colores de la República.

- ¿Pero era un lugar público?
- Público, por supuesto. Había un restaurante nocturno, que se llamaba “La Bámbola”, ahí mismo. El monumento es un muro hecho con adoquines de Salto. Adelante tenía un laguito. ¿Por qué era este lago? Aquí vivía un viejo republicano español, de apellido Meloni, que tenía una casa quinta al lado y le daba agua en forma continua a través de un caño, a raíz del poema de Antonio Machado sobre Granada.

- ¿Quién hizo el monumento?
- El monumento se hizo en Salto cuando era intendente el Arq. Armando I. Barbieri, quien dio personal de la cuadrilla municipal, y los adoquines de calles que se habían levantado para hacer hormigón. De manera que, el personal municipal y los adoquines fueron donados por Barbieri, que era muy amigo de Enrique y un hincha número uno de Salto. Yo trabajé con él, me llevó de Montevideo a Salto a trabajar en la Dirección de Obras en el año 54.

- O sea que bajo la dirección de él, fue que los obreros municipales hicieron el monumento.
- Seguramente, ahí está. Y Minata, el compañero del taller “Pedro Figari” de la Asociación “Horacio Quiroga”, hizo las letras correspondientes al poema. Hay que ver cómo todo se va cerrando. Yo era director de Obras de la intendencia del Arq. Barbieri.

-¿Ese cargo lo desempeñaba usted en el momento en que se hizo el monumento? ¿O sea que usted es contemporáneo al monumento?
-Sí, sí. Estaba yo trabajando en Salto.

-¿Usted estuvo en el acto de inauguración de ese monumento?
-¡Si estuve, como no! Cuando estuvo Margarita Xirgu.

- ¿Estuvo Margarita Xirgu cuando inauguraron el monumento?
- Si, estuvo con parte de la Comedia Nacional. Porque además Margarita era muy amiga de Enrique.

- Fue un acto público muy importante, ¿no es así?
-También estuvo Maruja Santullo, Jones y otros y, allí mismo, representaron partes de “Bodas de Sangre”, en un escenario improvisado al pie del monumento. La mayor parte del público asistente fue gente del barrio, aunque todos los intelectuales que se movían en torno a la “Horacio Quiroga”, estaban allí. Pero el grueso del público eran lavanderas, pescadores y gente del pueblo en general. Tanto que, Margarita estaba vestida de negro y, cuando termina, la gente viene a saludarla y le da el pésame.

-¡Ah, pensando en que ella era la viuda!
-¡Sí, pensando que era la viuda, le dan el pésame a ella! Es una anécdota muy conocida.

Una cosa que está mal dicha por Roncagliolo - y ahí estoy yo directamente metido - que Enrique hizo este monumento a Lorca después de hacer el monumento a Horacio Quiroga. ¡Y eso es mentira! El monumento a Horacio Quiroga lo hice yo y lo hice mucho más tarde que éste.

-¿Fue posterior al de García Lorca?
-Fue posterior. Unos cuantos años después. Está a unas 5 o 7 cuadras del de García Lorca. Es una gran losa de hormigón con una escalera que baja por las piedras hasta llegar a un espacio donde está la gruta donde estaba la cabeza de Horacio Quiroga hecha por el ruso Stefan Eriza. Allí estaba la rambla y haciéndola de nuevo, habían quedado un montón de piedras. Y tomamos una de ellas para hacer una especie de obelisco, con la cabeza de él hecha en bronce. Este monumento también fue realizado durante la intendencia de Armando Inocencio Barbieri, pero en distinta época. Barbieri también fue senador por el Partido Colorado.

- Volviendo al monumento de Lorca; ¿en ningún momento ustedes tuvieron información de que se colocara o enterrara nada junto al monumento? ¿Ninguna “caja blanca”, ninguna cosa?
- ¡Nunca, nada, nada! En aquel momento nunca se habló tampoco de eso. Se empezó a hablar ahora, después que anduvo este hombre por acá, que anduvo en Salto averiguando quién puso la piedra, quién había puesto la caja.

- Pero ustedes, que fueron los protagonistas de aquel momento…
- No, nunca vimos ni escuchamos nada de eso.

-¿Nunca tuvieron la más mínima información de lo que dice este libro?
- Nada, nada. Ni de fuente de Enrique ni de nadie que pueda atestiguar. Eso no se hizo, de ninguna manera.

- Desde el punto de vista del fenómeno periodístico creado, ¿usted no cree que es una especie de ofensa? Porque con esas personalidades involucradas -incluso la actriz española Margarita Xirgu- levantar esta calumnia, es un hecho muy grave, va más allá de una exuberante imaginación, ¿no?
- Totalmente de acuerdo. Yo me quedé tan dolorido, que anduve dos o tres días muy mal. Lo mismo que hablar del tema de la homosexualidad de Enrique, me parece una barbaridad.

-Ese es el segundo ingrediente. El libro tiene dos ingredientes: uno es el misterio de los restos de García Lorca, colocados en el monumento; y el segundo, es adjudicarle la condición de homosexual a Enrique Amorim. ¿Ninguna de esas dos cosas, ustedes nunca las conocieron?

¡Nunca escuché a nadie hablar de eso! Porque se podría haber dado que, en algún momento, hubiera escuchado o alguien me hubiera dicho, tengo 85 años. ¡No, nunca! Eso está dentro de lo que, yo creo, que “salta” todo. Ahí tiene que ver la editorial, tiene que ver Miguel Carini (que es el primer mensajero de la editorial que preparó el viaje de Santiago Roncagliolo a Salto).

Lo que están haciendo es marketing, justo en este momento en que García Lorca está puesto en el tapete, a través de lo que pasa con el juez Garzón; en una España bajo un régimen conservador y franquista como el del PP.

¿Adónde están los restos de García Lorca? Y entonces, ¿qué mejor para ver si se vende o no se vende un libro, que referirse a García Lorca a través de una personalidad, de un escritor uruguayo amigo de él. Eso es marketing para vender los libros.

-¿Usted cree que esta es la base para vender los libros de Amorim?

- Efectivamente. Porque, quién no va a estar desesperado por encontrarse con esos libros y ver de qué se trata luego de estas invenciones.

-¿Y usted cree que los libros de Amorim, editados ahora, en esta época, pueden tener receptividad para el pueblo español y para el mundo contemporáneo, sin estos condimentos?
-No, no creo. Yo conocí muy bien la obra de Enrique y siempre digo una cosa: conocí la obra de Enrique y conocí los personajes, en carne y hueso, que figuran en las obras de él. Porque mi cargo de director de Obras, me obligaba a recorrer, en su totalidad, todo el departamento. Y no por rutas nacionales, sino por caminos de tierra y pozos y barro y “peludos” y todo eso. Y conociendo estancias donde me quedaba a dormir de un día para otro, porque viajaba con las cuadrillas para hacer caminos, terraplenes, integrados para los pasos de agua y todas esas cosas.

- ¿Lo que usted me quiere decir es que la literatura de Amorim estaba muy vinculada a la región, al lugar a la época?
- “Corral Abierto”, “El Paisano Vilar”, “La Carreta”, “Las Quitanderas”, todo eso tiene que ver con el paisaje de nuestro medio y con las personas. Por eso le digo que yo conocí a los personajes en carne y hueso, porque conocí a los peones de las estancias donde me quedaba y al otro día seguía trabajando en el camino. Y en los galpones de esas estancias conocí a todos estos personajes, a todos. Eran ellos los que estaban ahí. Y las estancias: “La Rosada”, “La Celeste” y todas esas estancias, las conocía a través de los cuentos de Enrique y luego por haber estado en ellas.

- O sea que es un material que les va a costar mucho “marketing” para poder venderlo, ¿no?
- Seguramente. Porque hay cosas que no se entienden. Le garantizo que “La Carreta” no la entienden, igual que “Corral Abierto” o el Arenguá. ¿A quién le pueden interesar? Solo a nosotros.

-¿Los poemas son más universales?
- Los poemas, sí. Pero todos tienen que ver con algo. Por ejemplo, hay una parte destinada a los “zaguanes”. ¿Y por qué a los zaguanes? Porque en Salto son clásicos los zaguanes. Es ese elemento sombrío, con unas enormes puertas de cedro o de ñandubay, que se abren hacia la calle. Hay unas composiciones de él, estudiando zaguanes en forma de poema. Hay otro que tiene que ver muy directamente con todo esto, que se llama “El Uruguay Crecido”, que habla de las crecientes del Río Uruguay que traen dolor, que traen miseria, porque arrasan con todo lo que tienen los pescadores del río. Son poemas que tienen que ver con la vida de todos los días, del hombre humilde, del hombre trabajador, que lucha para salir de eso. Ahí es donde pueden, estos anormales, encontrar que hay - entre paréntesis, entre comillas - “comunismo”.

-¿Cómo es la última etapa de Amorim?
- Bueno, en la última etapa él seguía de cerca todos estos movimientos que había ayudado a gestar. Y seguía vinculado a varias personalidades de la cultura por ejemplo Marosa Di Giorgio.

- ¿Ahí estamos hablando de qué año?
- Y, de los años 55 en adelante. Él murió en el 60.

-Y él siempre vivió y murió ahí, en “Las Nubes”?
-Si, en “Las Nubes”. Siempre estuvo allí. El viajaba mucho a Buenos Aires y su última etapa de vida estaba muy afectado, muy decaído. Estuvo durante mucho tiempo mal y, cuando le falló el corazón, murió.

- En ese período de enfermedad, ¿lo visitaban los amigos?

- Si. Estaban los amigos y venía gente desde otros lados a verlo, sobre todo de Buenos Aires. Y mucha gente de Salto también lo visitaba. Pero él no salía, estaba recluido.

-¿Qué edad tenía?
- Iba con el año, 60. Él había nacido en el 1900.

- Era, relativamente, joven…
- Pero, seguro. Pero, además, fue un tipo muy jovial y muy dinámico. ¡No era un “quedado”! Además, era audaz en sus planteamientos.

- De este diálogo tan fértil que hemos tenido, ¿qué cosas le interesa a usted subrayar?
-Lo que significó Enrique para Salto y la Región, desde el punto de vista cultural y social, como agente promotor. Muchos, como yo, se sienten deudores con respecto a él. Por todo lo que nos dio y todo el apoyo que se tuvo a través de él y de sus múltiples gestiones.

Por lo tanto, deduzco que se siente también herido por este libro.
¡Profundamente! ¡Indignado! ¡Herido e indignado! Con un sentimiento de “invalidez” frente al tema levantado este señor (Roncagliolo) y viendo también de qué manera se puede revertir todo el mal que este hombre ha dicho y hecho con este libro.

¿Usted no cree que hasta las instituciones uruguayas debieran intervenir?
Yo creo que sí.

El Ministerio de Educación y Cultura, ¿por ejemplo?
Yo creo que si, que debería intervenir.

LA ONDA® DIGITAL

Portada


Contáctenos

Archivo

Números anteriores

Reportajes

Documentos

Recetas de Cocina

Marquesinas


© Copyright 
Revista
LA ONDA digital