¿Casual?
Suárez y reyes

Por Joselo Olascuaga*

Del Blog; la piedra en el charco

Suárez y Reyes es el domicilio de la residencia presidencial de la República Oriental del Uruguay, la casa que el presidente José Mujica desechó como residencia, porque está más a su modo en su chacra de Rincón del Cerro y en el quincho de un vecino el Pepe tiene su cuartel general sui generis. La finca de Suárez y Reyes la usa para alguna reunión con ministros, alguna recepción internacional y para que los gurises del INAU jueguen al fútbol en la cancha que Tabaré Vázquez en el primer período de gobierno del Frente Amplio -el de Mujica es el siguiente-, destinó al fútbol de niños que dirigía Gustavo Poyet, ex futbolista uruguayo que brilló en el fútbol inglés donde hoy es el Director Técnico del Brighton y fue elegido el mejor DT de la temporada de la League One por parte de la Asociación de Entrenadores de Inglaterra.

Que en la residencia presidencial de Uruguay haya una cancha de fútbol no es casual, al país se lo reconoce en el mundo principalmente por el fútbol y en las ciencias sociales por ser el primero que integró negros y blancos en el deporte, en el sudamericano de fútbol de 1916 en Chile. Por eso tampoco llama la atención que el propio Presidente de la República se indigne cuando en el reino de la hipocresía victoriana, que fue objeto de la sátira de William Thackeray y del repudio de Virginia Woolf, acusan al futbolista uruguayo Luis Suárez de racismo; El “Salta” que, como dijo Mujica, “no tiene nada de racista”.

Llamar racista a Suárez es torturar las palabras para volverlas su contrario, es hacer lo que mejor que nadie describió el formidable narrador inglés republicano John Berger, “Se tortura a las palabras hasta que ceden y se rinden a sus polos opuestos; cuando vuelven a sus celdas, Democracia, Libertad y Progreso son incoherentes y hay otras palabras, Imperialismo, Capitalismo y Esclavitud, que tienen negada la entrada, que son rechazadas en todos los puestos fronterizos y cuya documentación, confiscada, es entregada a ciertos impostores, como Globalización, Mercado libre y Orden Natural”.

La película que nos quieren contar con Suárez de villano parece incontrastable en el campo de las ideas, precisamente por aquello que escribió Berger de las palabras que se rinden a sus polos opuestos. Cuando la palabra Racismo vuelve a su celda en Londres, el racista es un sudaca que toca en la orquesta de Palito Pereyra y de Arévalo Ríos y se entienden como hijos de la misma madre.

Fidel Castro (acaso el único que en las cumbres de este planeta sigue llamando a las cosas por su nombre) dijo poco antes del caso Suárez: “los ingleses están desesperados porque Uruguay les cerró el puerto para los buques con bandera de Malvinas”. Era la primera vez en años que Fidel nombraba a Uruguay en sus declaraciones públicas, porque lo que el canciller uruguayo Luis Almagro definió como una diplomacia uruguaya marcando el camino (Uruguay fue el primero en adoptar la medida a la que luego se sumaron Brasil, Chile y los otros posibles proveedores de servicio portuarios a barcos de Malvinas), no pasó desapercibido para nadie y menos para Inglaterra.

Sólo por su condición de Sudaca y en medio de esa coyuntura de conflicto con Uruguay, se podría explicar de alguna manera que un tribunal del Reino Unido haya declarado racista a Suárez y lo haya castigado con tal desproporción, ocho partidos de suspención -aún considerando todos los antecedentes de sanciones de ese mismo tribunal-, por llamarle negro a Evra (un francés que ha perdido el sentido de la ofensa, cosa que Suárez ya sabía porque Evra había hecho otras denuncias, no porque le dijeran “traidor” o “alcahuete”, sino porque le decían “negro” y, para hacerlos entrar -Suárez es uno de los futbolistas que mejor se hace pegar, diez tiros libres al borde del área por partido, es guapo además de hábil y potente- lo corrió a Evra por donde disparaba, como ocurre normalmente en el fútbol, es parte del juego y es código del futbolista que ese juego quede en la cancha; todo lo que siguió luego del partido fue un gran circo político-mediático.

Parte de ese circo fue el modelado hipócrita que le exigieron a Suárez.

La "era victoriana" se caracterizó por esas reverencias falsas, mientras Inglaterra en la India hacía volar en pedazos a los cipayos atándolos a los cañones.

Hace poco, hinchas de Manchester pusieron un camión de basura con la inscripición “arroje aquí su camiseta de Tévez” a recorrer las calles de la ciudad.

Ahora, los monárquicos británicos, al estilo autoritario de su flemático primer ministro conservador, el ultramilitarista David Cameron, tomaron medidas para que Suárez no pueda responder y externalizan así la culpa, sancionando a un sudaca por llamar negro a un compañero y se pretenden muy antirracistas por abuchearlo en un estadio de fútbol.

“Luis Suárez es un botija salido del pobrerío, que no es hipócrita y no se preparó para la diplomacia del protocolo”, lo defendió Mujica, dándole “su apoyo absoluto”, como corresponde.

La palabra Negro ha sido esclavizada ahora por Inglaterra como durante siglos esclavizó a los propios negros y a millones de éstos los tiró por la borda de los barcos para regular los precios en el mercado del esclavismo. Lucho Suárez en cambio, es un futbolista uruguayo y entre los futbolistas uruguayos (no me refiero a otros ámbitos de este país, donde sí hay racismo, los dirigentes, los periodísticos, los políticos, diferencias que se pueden enumerar y detallar personalmente) “negro” tiene entre los futbolistas uruguayos, como principal acepción, “alta probabilidad de buena calidad”. En cambio, “patas blancas”, por ejemplo, es un término que indica desconfianza y no porque nuestros futbolistas sean racistas, sino por precaución histórica, que con honestidad desestiman en cuanto ven que el “patas blancas” tiene, en ciertos casos, condiciones auspiciosas (no aludo a los “patas blancas” colonienses sino a los rubios; por ejemplo, llegó a probarse a Fénix un chico de las formativas de Huracán de Buenos Aires, los primeros comentarios del plantel fueron “¿este patas blancas juega al fútbol?”. A la segunda práctica ya le cambiaron el apodo por el de un futbolista histórico de la selección argentina, en homenaje a cierto parecido estilístico entre ambos. Aplicaron lo que Mao Tse Tung llamaba “discriminación positiva” y Jiam Zeming -el mayor puente entre el pequeño timonel Deng Ziao Ping y Hu Jiobao- explicaba así: “en el tema de las minorías nada es de poca importancia”; procede anotar que los chinos conocen bien la agresión británica que hizo estragos durante la secular guerra pupular prolongada de la revolución china, sin embargo, en Occidente, apenas sabemos algo de las masacres causadas por los colonialistas británicos en la India y en el Vietnam que ocuparon directa y luego indirectamente, pero estamos poco informados del resto, de la historia de los pueblos de extremo Oriente, Arabia, África y América.

No deja de ser notable que un legislador inglés haya dicho, acerca de Luis Suárez, que Uruguay es el país más racista del mundo y espectacular que el canciller británico diga que la República Argentina es colonialista. Esas declaraciones son parte de un repliegue inevitable de las potencias imperiales que ya no pueden invadir y ocupar militarmente, como lo hicieron durante larguísimos siglos, a los países que se les rebelan. Se ponen a la defensiva de lo que ellos mismos harían y ni siquiera pueden transferirnos sus crisis como en tiempos de gobiernos más corruptos en el hemisferio Sur.

Pueden descargar sobre nosotros misiles nucleares desde aviones no tripulados (drones) y lo harán con la misma cobardía con que ya están usando los drones con bombas que masacran seres humanos desde la inhumanidad del robot (en Pakistán, en Irán, en Libia, como antes con un par de pilotos en Hiroshima y Nagasaki, en Belgrado) cuando llegue su momento y sea el nuestro volverán a usar su poder nuclear (para eso lo tienen), pero los últimos países invadidos y ocupados por el imperialismo anglosajón lo están derrotando. Afganistán e Irak le depararon al Imperio verdaderos reveses militares, bajando el umbral tecnológico de la guerra e incidieron, con la resistencia de sus pueblos, en la crisis económica de Europa y Estados Unidos, por lo costosas que les han salido esas ocupaciones con ejércitos varados.

Ninguna lavada de cara a lo gato, como las que les hace de tanto en tanto Evra a los tribunales británicos, denunciando en un ámbito muy mediático a compañeros de trabajo, nunca a dirigentes (aunque también a él le llegará el camión de basura de los enfermos hinchas de Manchester), podrá hacernos olvidar la verdadera crónica roja de los siglos diecinueve y veinte, las cañoneras con que impusieron al mundo el comercio desigual, los empréstitos leoninos y el saqueo (Uruguay las sufrió durante décadas en la Guerra Grande) y los marines que asolaron América Latina, Indochina, África y Arabia (todavía más que el imperialismo español en los tres siglos anteriores). El más certero resumen de estos cinco siglos (y del camión de basura contra Tévez) lo hizo Mahatma Gandhi, cuando al expulsar al invasor inglés de India, le preguntaron qué opinaba de la civilización occidental.

“Sería una buena idea”, contestó Gandhi.

No existe ni puede existir en el mundo nada más antirracista que transgredir un protocolo del Reino Unido como lo hizo Luis Suárez. “Para eso hay que tener huevos”, como sabe muy bien y declaró valientemente el capitán celeste Diego Lugano.

Un artículo del semanario Brecha, fustiga a Lugano por esos dichos (y de paso a Mujica, para la interna) diciendo que todos ya sabemos que Inglaterra es colonialista, en cambio ocultamos nuestro racismo. El artículo está dirigido a un lector modelo que hace de su no identificación racial con los cabecitas negras una especie de postulado progre contra el populismo. No hay deportista en el planeta que tenga más fotos con Fidel que Diego Maradona, pero la única vez que Maradona salió en tapa de Brecha con un presidente, fue con Menem. Ese progre antipopulista lector modelo de Brecha puede que sepa algo de Inglaterra, pero la admira como bien supo la Reina Isabel en su respuesta a Tony Blair, tras el affair Lady D.

La película que protagoniza la genial Helen Mirren, revela una cierta verdad. Cuando murió Lady D, Isabel de Inglaterra no quiso dar a conocer públicamente sus sentimientos. El Primer Ministro Tony Blair la obligó a hacerlo (en la medida de lo posible) y después de cumplir con la obligación, Isabel le dijo a Tony: "Hemos vulnerado la causa por la cual todo el mundo nos admira". Lo cual en parte es cierto. No todo el mundo los admira, pero cierta parte del mundo que los admira es por esa causa: cosas que no se dan a conocer. Yo admiro a varios británicos, desde Charles Chaplin a John Lennon pasando por Frederic Engels, por Thacheray y Virginia, pero la institución nacional que más admiro no es la Corona Británica. Es el Congreso Nacional Africano.

El doctor Jorge Da Silveira juzga que Suárez debió apretar fuerte la mano de Evra mirándolo a los ojos. Es la indicación que le dio Clint Eastwod a Scott Eastwood, quien interpretaba al rugbista Joel Stransky, para saludar a Morgan Freeman, que hacía de Nelson Mandela, pero Mandela no es un alcahuete de Inglaterra. Es todo lo contrario. La intención de Eastwood fue poner a Mandela de protagonista de La cabaña del tío Tom (Evra, “amito blanco, el sudaca me dijo ‘negro’”). Mandela, cuyo verdadero deporte (por preferencia y práctica profesional) no es el rugby sino el boxeo, le ganó por puntos. Se adivina el momento del triunfo de las tropas cubanas en Namibia, derrotando las últimas esperanzas de Ian Smith (el discriminador negativo de Rodesia que terminó refugiado en Ciudad del Cabo, penúltimo bastión del colonialismo anglosajón en África). Sin esa guerra, jamás hubiese llegado Mandela al Gobierno. El líder sudafricano siempre lo reconoció y lo tuvo muy en cuenta en su política internacional, a la cabeza de la condena del bloqueo de Cuba por los Estados Unidos.

Suárez no fue el primero que rompió el protocolo británico en el fútbol. Antes del partido Uruguay-Inglaterra que inauguró el mundial de Wembley en 1966, Isabel de Inglaterra saludó a los futbolistas alineados en el centro del campo y el golero uruguayo Ladislao Mazurkiewickz, que tenía sus propias ideas, le dijo, para que lo oyera su equipo, algunas cosas un poco fuertes sobre el anillo que la reina exhibía y sobre quienes la rodeaban, además de pronosticarle cómo le aguaríamos la fiesta de inauguración.

Otra transgresión -que por carecer totalmente de ideología escapa absolutamente a la réplica del reyentismo-, fue la del capitán de la selección argentina Osvaldo Rattín, cuando en ese mismo campeonato un juez alemán le robó a su equipo el partido eliminatorio a favor de Inglaterra. Rattín fue expulsado y al salir de la cancha le enseñó con gestos ostensibles a Isabel, tomándoselo entre las manos, el "paquete genital". Aquel mensaje gestual de Rattín no fue más sexista que la vida de Carlos de Gales (que de azul solo tuvo algún estado alcohólico) pero acaso resultará mas célebre, cuando pasen los siglos. El ogro Rattín servirá para un cuento de hadas.

Entre tanto, como dijo Fidel, “Inglaterra hizo un provocación descarada mandando un buque, un submarino y a un Príncipe piloto a las islas argentinas, pero los ingleses tendrán que negociar e irse de las Malvinas” y que no cuenten con Suárez y Reyes para abastecerse en el puerto de Montevideo. Hemos vuelto a la diplomacia de los tiempos del Pepe Batlle, cuando éramos los más avanzados de la región en la acción antiimperialista.

Se especula con un pase del delantero uruguayo al Real Madrid como consecuencia de estos episodios. Vale. Barcelona-Real Madrid es un partido bastante más importante que Manchester City-Liverpool (también, por supuesto, es más importante Peñarol-Nacional si de la historia del fútbol se trata). En el Real, con su capacidad desnivelante, Luis podrá romper la hegemonía catalana, hará historia.

Pero en nuestra historia nacional Luisito Suárez ya es parte de lo más grande y granado, junto al Negro Jefe Obdulio Varela y al Mariscal José Nasazzi, junto al Pepe Artigas y son los pueblos los que tienen historia. Las coronas de España y de Inglaterra lo que tienen no es historia, son antecedentes penales.

* Periodista y escritor uruguayo

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