Jesús
"Su abrazo apretado y fraterno
rompió de inmediato mis nervios…"

Por Dr. Aldo Lista Paoli*

Hace un mes el gordo Jesús abrió sus enormes brazos por última vez para despedirse de todos. Me asalta la imagen imponente del Cristo Redentor en Río de Janeiro, cada vez que recuerdo su figura.

Mi primer encuentro con Jesús fue allá por abril de 1982. Habían transcurrido unos meses desde la caída de muchos compañeros de la Dirección en setiembre y octubre del 81 y consecuentemente de búsqueda infructuosa de la Dirección del Partido. Teníamos muy presente el triunfo del NO del 80 y de la necesidad de seguir adelante … pero era imposible sin ese contacto. No había desesperación pero sí nerviosismo con el transcurrir de los meses.

Finalmente, a través de una interminable cadena de contactos, se produjo el encuentro. Honestamente ya no recuerdo exactamente dónde, porque me asaltan algunas dudas, pero no importa. Su figura era grande, imponente. Sus brazos, enormes, extendidos, prontos para el abrazo apretado y fraterno rompió de inmediato mis nervios por aquel encuentro con lo desconocido. Seguramente fue la primera vez que nos veíamos. La sonrisa cálida, el optimismo que era capaz de transmitir, aún frente a las situaciones más adversas, eran tan grandes como su figura.

La conversación política, el conocimiento de algunos de los compañeros recientemente caídos, las anécdotas, el mate compartido, hicieron que todas mis dudas en relación a la persona que tenía delante de mí, se despejaran; ahora sí estaba frente a la Dirección del Partido. De ahí en más hasta marzo del 85, transitamos juntos un camino hermoso: el de la reconquista democrática junto a miles y miles que se sumaban a esa lucha. Pero eso es otra historia.

El gordo era optimismo puro. Optimismo convincente y contagioso. Optimismo transmisible, y porqué no decirlo: optimismo revolucionario fundamentado. Tenía la “cancha” del barrio. La sapiencia adquirida en años de militancia en la Juventud y el Partido, y algo mucho más importante: un fino y sutil instinto por todo lo que tenía que ver con las necesidades de la gente.

Hoy no quiero evocar su muerte sino su vida, su alegría y su generosidad. Hay una anécdota que pinta su modo de comunicar. Estábamos reunidos 4 compañeros en una casa de un balneario y Ramón en la cocina, extendió uno de sus brazos en un gesto de reafirmación de sus palabras, con lo cual hizo volar un salero y su contenido por toda la cocina. No tuvo mejor idea que expresar su arrepentimiento por aquel error, diciendo: “Puta madre … ¿porqué seré tan expresivo?” El único problema fue que, en otro gesto de reafirmación, extendió sus dos brazos, con los que hizo volar un frasco lleno de azúcar y otro lleno de yerba…

También recuerdo unas de las primeras marchas por 18 de Julio, luego del 1º de marzo de 1985. El gordo era conocido y reconocido por miles y no exagero. No sé cuántas veces saludó y besó aquella noche. Y no era un saludo forzado, era el reconocimiento, que los militantes, los hombres y mujeres de los barrios y de las fábricas, los estudiantes de Secundaria y la Universidad, le tributaban en reconocimiento a su militancia en los años más duros.

Ramón Cabrera, Jesús, abrió los brazos y nos saludó con optimismo a todos, por última vez. Su ejemplo de lucha, de vida, pateando las mezquindades humanas y abriendo paso a lo mejor de cada uno de nosotros para aportar esa gesta formidable del pueblo uruguayo progresista, sigue iluminando nuestro camino. ¡¡¡Salud Gordo!!! Nos vamos a volver a encontrar y yo te voy a dar un abrazo.

TEMA VINCULANTE: "Del Cerro a la Junta Departamental"(video)

* Foto: Aldo Lista Paoli - Medico uruguayo

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