Habitar Montevido
Carnaval y espacio urbano
Por el arquitecto Luis Fabre

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El control social sobre el espacio público es una dirección para el uso accesible, higiénico y seguro, democrático del mismo.La dirección opuesta es el control institucional, piramidal, represivo.El vector resultante resulta de la participación ciudadana conciente en el uso y disfrute junto al respaldo institucional integral en el sentido que desarrollaremos.

Quien se atreve a fijar los limites a la apropiación espacial democrática del espacio de todos? ¿Los funcionarios desde el panóptico a distancia? Los vecinos desde su propiedad privada? ¿Los políticos desde su discurso ideológico?

Démosle, desde sus saberes, la oportunidad a los sociólogos, cuya interpretación de la sociedad y dinámica proporcionan insumos para la discusión que es de todos.Algunos nos ilustran sobre el devenir de la sociedad de control hacia la de autocontrol en un sentido restrictivo que no compartimos. Prefiero pensar que la sociedad deviene hacia nuevos paradigmas que la información globalizada misma construye, entre los cuales el renacimiento de la diversidad vuelve a poner en clave humana la vida sobre el planeta.

Es en ese camino que los mitos y costumbre se renuevan construyendo la identidad de los pueblos, aportando al concepto de nación en los asentamientos humanos integrados al territorio. El Carnaval uruguayo es un ejemplo entre otros. Desde la comunidad africana integrada con los inmigrantes libres y los criollos, hasta nosotros, orgullosos descendientes de aquellos, el Carnaval y sus espacios, cada vez mas grandes, alimentan nuestro sentido de pertenencia, nuestra condición ciudadana. Sobre el mismo se vuelcan todos los elogios que hacen al -verbo y apelativo simultáneamente- ; “ser uruguayo” y todas las expresiones de la discriminación a que, bueno es decirlo, facilita ser acreedor. Estas expresiones, provenientes desde generaciones distintas a las intervinientes, apoyadas por la inercia de antiguos paradigmas, la resistencia a las nuevas escalas de valores sobre la diversión, son multiplicadas exponencialmente por los medios y sus más rancios voceros. Eso sí, guardándose bien de hacerlo en forma explicita. Recordemos que así pasaba con las Llamadas hace no muchos años, manifestación popular que logró superar- como lo hizo el tango- la demonización y el racismo para alcanzar un rango componente de la identidad nacional que a todos enorgullece.

Hubo otras actividades contemporáneas neutralizadas por la invasión popular, como la que se había creado, en horarios nocturnos, incorporada a la zona gastronómica de la Ciudad Vieja. Y el ejemplo mas actualizado; el carnaval de La Pedrera.

Una diferencia entre unos y otros es esencialmente la que hace a su génesis. El Carnaval, en sus típicas expresiones barriales, ahora multitudinarias; los tablados, como así también las Llamadas nacen desde el seno del pueblo. En cambio, aún con matices entre ellas, la movida nocturna de Ciudad Vieja y el evento anual de La Pedrera proviene de sectores medios y medios altos de población, podría decirse de algunos grupos. No incide en esta percepción, como no cambia la aceptada definición popular de las Llamadas, que algunas relevantes figuras del ámbito político participe.

Significativamente las Llamadas se fueron auto-ordenando, haciéndose accesibles a todos, incluyendo las élites, y, en cambio las otras distorsionadas hasta la anulación . No habrá una relación en esto?

No será que una generalizada toma de conciencia entre participantes y pueblo, una conjunción de intereses sociales hace que unas trasciendan y otras no? Es sabido que los gobiernos progresistas departamentales habilitaron espacialmente, organizaron cronológicamente y premiaron los logros del Carnaval. Pero este ya estaba creado!

Entonces, en la necesaria reflexión, antes de irreflexivas medidas, la toma de conciencia sobre el ser nacional y nuestra relación ahora globalizada entre culturas de adentro y fuera, con todas, debería estar comprendida. Distingue al hombre la capacidad de pensarse a si mismo. Una vez más; aprovechémosla.

Fuente: Foto floridadiario.com.uy /
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