TESTIMONIO
El libro Lorca-Amorim:
duele el ultraje a la palabra

María Mercedes Calvo Astiazarán*

* Mercedes Calvo niña, foto tomada
por Enrique Amorim en el año 1959

- ¿Cómo conoció a Enrique Amorim y qué edad tenía él y usted?
- Conocí a Enrique cuando ya se había establecido definitivamente en Salto, pocos años antes de su muerte. El frecuentaba la casa de mis tíos, que eran sus amigos desde hacía mucho tiempo, en la época en que llegaba periódicamente a Salto, alternando sus estadías en la ciudad con la vida en Montevideo, Buenos Aires, o sus viajes a Europa. Lo conocí ya afincado en Las Nubes, cuando él tenía 57 o 58 años y yo 50 menos. No obstante siento que existía entre nosotros una relación de amistad; yo admiraba, por supuesto, sus poemas -aún recuerdo algunos que memoricé entonces- y su personalidad, pero era una persona que sabía escuchar y se interesaba realmente por lo que yo podía contarle. Me daba cuenta que su interés no era la atención fingida de un adulto por la opinión de un niño, y valoraba especialmente eso.

- ¿Qué características trasmitía la personalidad de Amorim, que usted recuerde como más significativas?
- Sin duda la alegría de vivir, la vitalidad. Eran sus últimos años de vida y él lo sabía, sin embargo recuerdo oírlo llegar -y digo oírlo porque siempre su voz estentórea llegaba antes que él, en aquella escalera interminable de la casa de mis tíos- siempre contando alguna novedad, alguna información que había escuchado en la onda corta de su radio, sintonizando emisoras de otros países, o invitándonos a salir casi corriendo en su auto porque el sol estaba por ponerse ya y era imperioso no perderse ese espectáculo, o para ir a cenar a su casa Las Nubes, donde pasábamos largas horas de charla. Después de su muerte fui alguna vez a Las Nubes, a requerimiento de Esther, su esposa, pero se sentía tan fuerte allí su ausencia que dejé de ir.

Otra característica de Enrique era su admiración por la gente que se destacaba en alguna actividad, y la generosidad con que promovía esos valores. Organizó concursos y homenajes, donó la casa materna para ser sede del Museo Histórico, financió viajes de pintores jóvenes a París, y tuvo iniciativas lindísimas como la creación de los Cuadernos de Salto, donde los poemas, todos de escritores salteños, aparecían sin firma porque lo importante, decía él, era rescatar la voz de Salto, no los nombres de cada uno.

- ¿Cómo era culturalmente el Salto en que vivió Amorim?
- Había una intensa actividad cultural. El Liceo Nocturno era un semillero de inquietudes; profesores y alumnos se iban juntos, después de clase, a seguir sus charlas en algún café cercano; en la Asociación Horacio Quiroga se difundían las actividades artísticas en todas sus formas. El pintor húngaro José Cziffery - que llegó a Salto a dictar un breve curso y se quedó allí hasta su muerte- nucleó a un grupo de artistas plásticos muy jóvenes, como Lacy Duarte, Aldo Peralta, Osvaldo Paz…, pero también se impulsaban en la Quiroga otras actividades, como el concierto de Hugo Balzo o la visita del poeta Evstuchenko. Era la época de Víctor Lima, Altamides Jardim, Marosa Di Giorgio, el Conjunto Decir, de Nidia Arenas. Pero, por supuesto, también era la época de un núcleo importante de la sociedad inmerso en una terrible chatura intelectual, que Amorim azuzaba con picardía de niño. Para muestra cabe consignar que la grabación de los poemas que, apenas escritos, él leía a su ciudad por una emisora local, fueron borrados después de su muerte para dar lugar a la grabación de programas de música bailable. Sin embargo, también hay que consignar que en 1958 los salteños le tributaron una semana de homenajes de multitudinaria participación popular. Claroscuros de una ciudad y una época que no pretendo idealizar.

- ¿Qué sabe usted del origen y la investigación que dice realizó en Salto el señor Santiago Roncagliolo para escribir el libro sobre Amorim y García Lorca?
- La investigación no fue iniciativa de Roncagliolo sino que surgió a mediados del 2009 por el grupo inversor Alcalá, cuyos intereses trascienden lo meramente literario - aunque poseen una editorial- para abarcar áreas tan discímiles como empresas de construcción, geriátricos, mensajería y turismo.

Este grupo llegó a Salto con un equipo de producción de la TV española para conocer la casa de Amorim, el monumento a García Lorca y realizar entrevistas a algunos salteños. También filmó imágenes de centros termales para difundir en Europa. El grupo compró en exclusividad a los herederos de Amorim los derechos sobre toda la obra, tanto literaria como fílmica, y pretendió comprar también el chalet Las Nubes.

Los españoles ya traían definida su postura respecto al lugar donde estaba enterrado García Lorca y presionaron a los entrevistados para que se lo confirmaran, lo que, por supuesto, no ocurrió. Nunca, en Salto, se barajó tal hipótesis. También hicieron alusiones a cierta forma femenina de sostener el cigarrillo que podían observar en alguna foto de Amorim.

Meses después algunos representantes del grupo regresaron a Salto con Roncagliolo que realizó nuevas entrevistas con idénticos resultados. Otros representantes del grupo, por su parte, se interesaron por el proyecto Parque Temático en el lago de Salto Grande.

- ¿Qué juicio tiene usted sobre el contenido de este libro?
- No puedo emitir juicio alguno de un libro que no he leído pero esta “investigación” previa más los comentarios irónicos y despectivos del autor, además de las inexactitudes evidentes en la información, hacen sospechar que detrás hay otros intereses que no son la búsqueda de la verdad.

Entiendo que algunos estén esperando con expectativa la llegada del libro: la supuesta homosexualidad de Enrique o el sitio donde pudieran estar los restos de Lorca son hechos lo suficientemente mediáticos como para mover el interés de personas alejadas de lo sustancial, pero para mí, como para muchos, el contenido del libro es totalmente secundario. Importa el manejo de la situación, el habernos sentido utilizados, jugando con los recuerdos de los viejos amigos, importa el manoseo del afecto en pro de oscuras empresas comerciales.

Creo que también para quienes tomaron la iniciativa de hacerlo escribir el contenido es secundario; el objetivo del libro ya está cumplido con su publicación y las declaraciones de Roncagliolo.

Los que escribimos tenemos cierta idealización, tal vez, del oficio del escritor y del objeto libro y aunque Roncagliolo no pretende ser escritor (se define a sí mismo como un “asesino a sueldo de los libros”) duele, además del ultraje a la amistad, ver también ultrajada a la palabra y puesta al servicio de intereses mezquinos.

- ¿Cuál puede haber sido el sentido de escribir este libro uniendo estas dos personalidades en este momento?

- Me interesa mucho saber dónde están todos los desaparecidos, no sólo García Lorca, pero no creo que sea este interés el mismo que movió al grupo inversor. Tampoco creo que se limite sólo a promocionar un libro; da la impresión de ser un interés mayor, donde lo literario y sobre todo lo ético, ha sido pisoteado. Es difícil entender que alguien compre los derechos sobre la obra de un autor y después le pague a otro para que diga que esa obra no tiene valor.
Pero no me corresponde a mí arriesgar hipótesis sobre intenciones ocultas. Sin duda las hay, poderoso caballero es don Dinero, pero por suerte los códigos con que los amigos de Enrique nos manejamos son muy diferentes.

- ¿Qué vigencia tiene hoy la creación literaria de Amorim para los uruguayos?
- Me es difícil ver la obra de Enrique objetivamente, y menos aún analizar cómo se proyecta hacia las nuevas generaciones. Sus poemas, sobre todo, son para mí algo muy entrañable, estrechamente unido a mi infancia. Pero creo que tiene total actualidad su sentido de la amistad, su amor a la vida y su compromiso social. Ese es el legado que valoramos sobre todas las cosas.

TEMA VINCULANTE

* Mercedes Calvo, educadora y escritora (Salto) Uruguay

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