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Brasil: El “desarrollismo de izquierda”
Por José Luís Fiori*
En Brasil, la relación entre la izquierda y el desarrollismo nunca fue simple ni lineal. Sobre todo, después del golpe militar de 1937, y del Estado Nuevo de Getúlio Vargas, que fue autoritario y anticomunista, aunque también fue responsable por los primeros pasos del “desarrollismo militar y conservador”, que se mantuvo dominante dentro del estado brasileño, hasta 1985. En este contexto, no es de extrañar que la izquierda en general, y los comunistas en particular, sólo hayan variado su posición crítica con relación al desarrollismo, después de la muerte de Vargas.
No es fácil clasificar ideas y jerarquizar instituciones. Pero aún así, es posible identificar, por lo menos, tres instituciones que tuvieron un papel central en los años 50, en la formulación de las principales ideas y tesis del llamado “desarrollismo de izquierda”. En primer lugar, el Partido Comunista Brasileño (PCB), que apoyó la elección de JK, en 1955, pero recién en su V Congreso de 1958, consiguió abandonar oficialmente su estrategia revolucionaria y asumir una nueva estrategia democrática de alianza de clases, a favor de la “revolución burguesa” y de la industrialización brasileña, que pasan a ser clasificadas como condición previa e indispensable de una futura revolución socialista. En segundo lugar, el Instituto Superior de Estudios Brasileños (ISEB), que fue creado en 1955, por el Gobierno Café Filho, y que reunió un número expresivo y heterogéneo de intelectuales de izquierda que fueron capaces de liderar una amplia movilización de la intelectualidad, de la juventud y de amplios sectores profesionales y tecnocráticos, en torno de su proyecto nacional desarrollista para Brasil. Finalmente, desde 1949, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), produjo ideas, informaciones y proyectos que influenciaron decisivamente el pensamiento de la izquierda desarrollista brasileña. Pero a pesar de su importancia para la izquierda, la CEPAL nunca fue una institución de izquierda. Desde el punto de vista político práctico, a comienzos de la década del 60, la “izquierda desarrollista” ocupó un lugar importante en la lucha por las “reformas de base”, pero al mismo tiempo, se dividió enteramente, en la discusión pública del Plan Trienal propuesto por el Ministro Celso Furtado, en 1963. Pero inmediatamente después del golpe militar de 1964, la izquierda y el desarrollismo volvieron a divorciarse, y su distancia aumentó después que el régimen militar retomó y profundizó la estrategia desarrollista del Estado Nuevo. Tres días después del golpe, el ISEB fue cerrado; el PCB volvió a la ilegalidad y la propia CEPAL hizo una profunda autocrítica de sus antiguas tesis desarrollistas. Aún así, a pesar de estas condiciones políticas e intelectuales adversas, se formó en la Universidad de Campinas, a fines de los años 60, un centro de estudios económicos que fue capaz de renovar las ideas y las interpretaciones clásicas - marxistas y nacionalistas - del desarrollismo capitalista brasileño.
La “escuela campineira” partió de la crítica de la economía política de la CEPAL y de una relectura de la teoría marxista de la revolución burguesa, para postular la existencia de varias trayectorias posibles de desarrollo hacia un mismo capitalismo nacional. Por esto, la escuela campineira hizo su propia lectura y reinterpretación del camino específico y tardío del capitalismo brasileño y de sus ciclos económicos Y se posicionó favorablemente ante una política desarrollista capaz de llevar a cabo los procesos inacabados de centralización financiera e industrialización pesada, de la economía brasileña.
Hoy, parece claro que la “época de oro” de la Escuela de Campinas fue la de la década del 70, hasta su participación decisiva en la formulación del Plan Cruzado, que fracasa en 1987. Es cierto que inmediatamente después del Cruzado, y durante la década del 90, la crisis socialista y la avalancha neoliberal archivaron todo y cualquier tipo de debate desarrollista, independientemente de lo que pasó en Campinas. Pero parece claro que la propia escuela retrocedió, en este período. y se dedicó cada vez más al estudio de políticas sectoriales y específicas, y a la formación cada vez más rigurosa de economistas heterodoxos, y de cuadros de gobierno. Sea como fuere, la verdad es que - con raras excepciones - después del Plan Cruzado, la “escuela campineira” perdió su capacidad de creación e innovación de los años 70 y la mayoría de sus ideas e intuiciones originarias acabaron transformándose en fórmulas escolásticas. Por esto, no es de extrañar que en este inicio del siglo XXI, cuando el desarrollismo y la escuela campineira volvieron a ocupar un lugar de destaque en el debate nacional, la sensación que queda de su lectura, es que el “desarrollismo de izquierda” estrechó tanto su “horizonte utópico”, que acabó transformándose en una ideología tecnocrática, sin ninguna otra capacidad de movilización social. Es como si la izquierda hubiese aprendido a navegar, pero al mismo tiempo hubiese perdido su propia brújula.
*José Luis Fiori: profesor de ciencia política en la Universidad de Río de Janeiro
Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte
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