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Después de la vuelta de la luz
Raúl Legnani* Urumex80@gmail.com
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Desde el lunes al viernes de noche, parece que transcurrió un siglo. Tanto para los responsables de esta empresa, como también para los trabajadores del multimedio plural.
No es la intención de estas opiniones tratar el diferendo entre las tres empresas del grupo La República con UTE, porque los balances de una crisis superada requieren tiempo y tranquilidad. Por eso vale tomar unos mates, dormir una buena siesta, caminar por el barrio, conversar un rato con la familia y después volver a conectar el cerebro y el corazón con la realidad y los problemas.
Pero no se puede dejar pasar que hubo mucha gente que jugó franca y leal, para que el apagón del multimedio no fuera definitivo.
Pongo en primer lugar a los trabajadores de estos medios de comunicación, que mostraron serenidad, inteligencia y una mirada amplia, para encontrar caminos de salida y de diálogo, a pesar que se estaban jugando la suerte de sus familias,
Sería injusto no nombrar al PIT- CNT, a APU y al sistema político en su conjunto, por lo menos una parte de él, que actuaron con cautela pero tratando siempre de influir para que el apagón no fuera definitivo, lo que hubiera sido trágico para los empresarios, para los trabajadores y también para la propia democracia, más cuando lo que estaba en juego era la voz de una parte sustancial de la libertad. No la única, por cierto.
Fueron legisladores de todos los partidos los que ayudaron a abrir el camino para un acuerdo entre UTE y la empresa periodística, que es lo que hoy la ciudadanía está festejando.
Los próximos días no serán sencillos, porque aún resta mucho por construir, planear. Imaginar y soñar, siempre teniendo en cuenta a los que se ganan su jornal con esa forma tan humana que es trabajar.
Serán lo oyentes, los lectores y los televidentes, los que ahora deberán ser los principales protagonistas, para que ellos mismos no pierdan la voz.
De ninguna manera voy a reprochar a quienes se quedaron sin velorio y entierro del grupo La República, porque estoy convencido que algunos puntos de vista que emitieron fueron solo un error, producto de un mal momento.
A los 62 años de edad prefiero este punto de vista a cualquier actitud de reproche, más cuando los que se equivocaron son amigos, compañeros de esperanzas y de luchas hermosas, algunos ganadas, otras perdidas.
Sabiendo que los próximos días no serán sencillos, vuelvo a la práctica del periodismo y me empiezo a preguntar qué está pasando con nuestra relación con Argentina, fundamentalmente en el plano comercial.
Nuestros hermanos de Argentina están protegiendo su industria nacional, con las restricciones de sus importaciones. A la vez están sintiendo la huída de dólares de su economía, hacia a otras. Por cierto que la situación es compleja.
Esta realidad nos perjudica sobre manera, en tanto algunos rubros de exportación nuestros, son ultra dependientes del mercado argentino.
Seguramente como país, como sociedad, de continuar esta realidad tendremos que salir a la caza de nuevos mercados, pero sabiendo que no es lo mismo venderle al vecino que aquel que vive a decenas de miles de kilómetros.
Como país no podemos romper con el vecino en tanto tenemos destinos comunes como sociedades hermanadas por múltiples causas, pero a la vez hay que plantarse firmes sabiendo de nuestra debilidad como país pequeño, en el momento de las negociaciones.
Esto no es un problema de quien grita más, de quien golpea con mejor certeza en la zona baja el otro, sino que hay que tener la independencia necesaria para hacer los mejores negocios que se puedan fuera de nuestro ámbito de hermandad geográfica. Pero ya, sin demora. Hay que poner en la agenda tratados comerciales con quien más nos convenga y no dejar de conversar con el hermano mayor, Este es el arte, dicho humildemente, que hay que practicar cuando los problemas son complejos, Se pueden claro que se puede.
*Maestro y periodista Nota publicada el lunes 12 de marzo en La República
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