Los porfiados
huesos de la verdad

Por Raúl Legnani*
Urumex80@gmail.com

La dirigencia de los partidos tradicionales tiene una obsesión: tratar de demostrar que los causantes del golpe de Estado fueron los tupamaros y por ese motivo hay que comenzar a computar la violación de los derechos humanos a principios de la década del 60.

Todo ésta argumentación tiene un solo objetivo y es absolver, por siempre, a los mandos de las fuerzas armadas y a las dirigencias de los viejos partidos, que fueron las responsables del golpe de Estado, porque Juan María Bordaberry, Aparicio Méndez, Juan Carlos Blanco y tantos otros, no surgieron de una probeta.

Todos ellos fueron parte sustancial de las corrientes más de derecha de colorados y blancos, quienes coordinaron con el capital financiero internacional encabezado por el gobierno de turno de Estados Unidos y por grupos económicos poderos de carácter nacional.

Incluso, cuando se dan cuenta que estos argumentos no sirven, ponen replay sin sonido para hacer creer que el golpe no fue el 27 de junio de 1973, sino el 9 de febrero de ese mismo año, lo que no es posible comprobar con la documentación de la época.

El golpe de Estado fue el día en que se disolvió el parlamento, 27 de junio de 1973, y el colorado ruralista Bordaberry quedó en el sillón presidencia con todo el poder, compartido con los mandos militares inspirados y alentado por sus pares de Argentina, Brasil y después Chile, quienes eran cretinos útiles del Pentágono.

En base a este análisis, que puede ser aceptado o no, hay que poner otro ingrediente y es preguntarse por qué se llegó al golpe un años después que el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros fue derrotado militarmente.

Hasta ahora nadie pudo argumentar, con datos más o menos sólidos, cómo un derrotado pudo poner en cuestión las instituciones democráticas.

Si nadie pudo argumentar en ese sentido, se permite sostener que el golpe de Estado tuvo otras causas y otros objetivos. Por eso no es descabellado sostener que el golpe fue parte de una ofensiva mundial del Pentágono para detener el avance que se expresaba en el Conosur, con el triunfo de Salvador Allende en Chile, la buena votación del Frente Amplio en 1971 con un militar al frente y el regreso de Juan Domingo Perón a la Argentina.

Era la contrarrevolución para enfrentar el avance pacífico de los pueblos latinoamericanos, por eso había que eliminar a una izquierda que construía el lenguaje de la unidad en la diversidad y que gracias a esa estrategia se colocaba en la antesala de un gobierno de nuevo tipo.

Los criollos que se opusieron a esta nueva realidad política, no mostraron - en la mayoría de los casos - la suficiente ética democrática para detener ese avance popular y progresista, por eso prefirieron, bajo el pretexto de las acciones militares de los tupamaros terminar con la democracia a sangre y fuego.

Grupos armados como los tupamaros existieron en muchos países a lo largo del tiempo, pero en la gran mayoría de los casos las fuerzas conservadores y muchas veces reaccionarios, no culminaron sus luchas con golpes de Estado.

Las Brigadas Rojas de Italia y Alemania fueron derrotadas, pero en esos países no hubo golpe de Estado. El accionar de la ETA, no cerró las puertas de la democracia en España. Irlanda conservó su institucionalidad democrática, a pesar del accionar del IRA. En Perú, la lucha contra Sendero Luminoso, no trajo la dictadura en la tierra de Mariátegui. La democracia de México, no fue rota a pesar de la existencia de guerrillas urbanas y rurales. Incluso hoy, en Chapas, hay casi como la existencia de un cogobierno entre la institucionalidad clásica y la surgida de los liderados por Marcos.

Por todo esto no hay ningún dato, tanto nacional como internacional, que posibilite asegurar que el enfrentamiento a grupos armados debe culminar siempre en el quiebre institucional.

Pero también hay otro escenario para la reflexión, que fue la creación de grupos armados - “escuadrones de la muerte” - , alentados por hombres afines a los partidos tradicionales y sobre los que nunca nadie investigó. Fueron los escuadrones en democracia, en los años previos al golpe de Estado. De eso mejor ni hablamos…

Todo indica que sería recomendable que ante este tema de dolor y bronca, que es la búsqueda de la verdad, no se quiera seguir sacando rédito político y mucho menos tergiversando los hechos de la historia.

Sabiendo que cada tanto van a aparecer los restos, los porfiados huesos de ciudadanos uruguayos con pistola o sin pistola al cinto (en su gran mayoría desarmados e indefensos), que murieron por sus ideas, la más trágica de las muertes.

* Maestro y periodista
Columna publicada el 19 de marzo en La República

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