26 de marzo,
una doble fecha

Por Raúl Legnani*
Urumex80@gmail.com

Fue un 26 de marzo de 1971 que el pueblo unido se juntó en la calle, para anunciarle al Uruguay que una nueva fuerza política nacía desde las entrañas de la historia y que se iba a llamar Frente Amplio, para disputarle el gobierno a los viejos partidos fundacionales, que vivían un proceso contradictorio, donde lo conservador y lo democrático se expresaba dentro de sus propias filas.

La otra gran novedad era que por primera vez la izquierda uruguaya, junto a sectores desprendidos de los viejos partidos, llevaba como presidente a un militar retirado, el general Líber Seregni, de origen batllista y que en su propio nombre mostraba su raigambre liberal, cuasi anarquista.

Desde ese día, para muchos de los uruguayos que aún éramos jóvenes, nuestras vidas cambiaron sustancialmente. Quedamos atados de por vida con un compromiso político que no es eterno, pero que es perdurable.

El destino quiso que unos días antes del 26 de marzo, el comité de base de los estudiantes de medicina organizara un acto en el Teatro El Galpón, el día en que Seregni fue designado candidato a la Presidencia de la República.

Por eso motivo llegó hasta ese teatro, saludó al público y se retiró. Los oradores en esa noche fueron el diputado Rodney Arismendi, el profesor Enrique Rubio y quien escribe, estudiante de magisterio, que había estudiado medicina.
Aquellos días serán inolvidables, por siempre. Si la vida tuviera la posibilidad de poner replay, lo pondría para volver a disfrutar esas horas y seguramente para realizar una nueva edición, con el afán de corregir cada momento, cada instante.

Hoy el Frente Amplio duele, por falta de grandeza que espero sea recuperada en estas elecciones internas.

Es de esperar que apenas den sus primeros pasos los candidatos, las ideas reaparezcan, los sueños vuelvan a ser disfrutables y así se pueda construir una visión de futuro que conmueva a los uruguayos, hoy perdidos en la desconfianza, en el individualismo, en la torpeza de sentirse indispensables, sin tener códigos y valores fundamentales para transformar una sociedad.

Tenga a la vez en mi memoria, otro 26 de marzo, de 1976, que fue cuando llegué a México como asilado político. Por cierto que no es una fecha de alegría, pero es una fecha que uno lleva en el alma porque el pueblo mexicano nos recibió como hermanos.

En ese país “florido y espinudo” como lo calificó una vez Pablo Neruda, vi. nacer a mis dos hijos y vi morir a mi padre, que era una preso político con “licencia” para poder visitarnos una vez por años.

Aquella estadía de ocho años me permitió ver al Uruguay desde la lejanía y lo hice con un espíritu crítico. Fue así que comprendí nuestras virtudes y limitaciones como sociedad, como nunca antes lo había hecho.

Pero finalmente volvimos al paisito con la familia entera, a empezar de nuevo, lo que no ha sido nada fácil. Y lo peor es que siento que lo poco que queda por delante va a ser, aún, mucho más difícil.

Aunque usted no lo crea: sigo siendo optimista, aunque en algunos momentos pienso que lo mejor es mudarme al primer piso, para no lastimarme si me caigo.

*Maestro y periodista

Columna publicada el 26 de marzo en La República

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