Ocurrió acá, en Uruguay
Por el Dr. Ramón Legnani*

Cuando ví en la mañana el titular en la prensa, me pregunté “¿en qué país habrá ocurrido?” - Así que leí con cierto interés los primeros párrafos del artículo, referido a muertes de pacientes internados en hospitales, al parecer ocurridas intencionalmente a manos de personal de enfermería.

La desagradable sorpresa provocada por este nuevo golpe al Uruguay imaginario que habita en muchos de nosotros, me hizo recordar otras reacciones similares que me provocaron choques con la realidad, de acá, del país que habitamos, como han sido hechos de violencia intrafamiliar con castigos y muertes de brutales características a mujeres y niños. Igualmente agraviante me resultó ver al perro apaleado hasta matarle, agravado por el sadismo de filmar la escena, pálido reflejo de tanta violencia filmada para cine y TV.

La sociedad actual premia el éxito hasta la desmesura. Sólo importan los que triunfan, los perdedores muchas veces son convertidos en deleznables desechos.

Recuerdo hace años, una nota sobre la conferencia de prensa dada por Maradona en un país europeo cuando se encontraba en pleno apogeo de su carrera futbolística. La nota estaba en un lugar destacado del diario, enmarcando a una foto del astro frente a las cámaras y micrófonos. El periodista ocupó amplio espacio en describir el número y la procedencia de los distintos medios de prensa allí presentes, destacó la inmensidad del número de personas que pudo seguir paso a paso lo dicho a través de cadenas de TV de todo el mundo. Sobre lo que dijo Maradona había unas pocas palabras al final de la nota.

Y así en estos tiempos que tanto se adora a los campeones, pobre de los perdedores. Y ya se sabe, engrosan las filas de los perdedores, los sectores más vulnerables de la sociedad: los viejos, los niños, los discapacitados, los enfermos y todos ellos son más vulnerables cuanto más pobres.

Nos interesa el niño porque de su adecuada formación depende el Uruguay de hoy y de mañana. En primer lugar como agente socializador en su proceso de maduración emocional influye el ambiente familiar. Luego sus pares, después la escuela y más adelante otros centros de enseñanza, así como el deporte para adquirir las ideas de justicia y del derecho de los otros a través del juego organizado, sobre todo a partir de los 7 a 8 años. No es necesario que repasemos los diferentes lugares de la ciudad y el campo donde puede transcurrir la vida del niño para evaluar cómo será ese proceso de socialización, los referentes y los modelos que tendrá, así como los mecanismos y habilidades que incorporará.

Claro que entre los agentes de socialización, los medios de comunicación, con la TV a la cabeza han pasado a tener suma importancia en el proceso que experimenta el niño. La TV pone ante sus ojos, escenas sumamente peligrosas para aquellos que las contemplan sin espíritu crítico y no pueden aún distinguir entre la realidad y la ficción.

La incorporación de lo que ve, el niño lo manifiesta a través de la imitación. Asume el papel de los modelos que contempla, en la realidad que le rodea o en la realidad virtual de la TV y del cine.
En la sociedad consumista actual, todo vale para conseguir ya, hoy, lo que se desea. Y si no es posible otro camino se logrará el objeto preciado por el robo, incluso por el asesinato.

No es para dar una visión pesimista de nuestros tiempos que escribo esta nota. Sino para resaltar que el proceso de socialización se sigue dando toda la vida con incidencia diferente en el individuo según las circunstancias.

Un ejemplo positivo al que quiero referirme, ocurrió y está ocurriendo aquí en Uruguay. Lo relata el maestro Ignacio Martínez en su libro “Yo también tengo mi Historia”, presentado recientemente en la sede del PIT - CNT. En este libro el autor describe una “escuela nueva”, sin maestros graduados, instalada en una fábrica metalúrgica y sus docentes son los mismos obreros. “Se trata de una experiencia cargada de solidaridad, que nace de la visión de que es la propia sociedad la que debe resolver este problema” de la marginación que ella misma ha generado.

Esta experiencia surge cuando la empresa UMISSA necesita ampliar su plantel de trabajadores. En ese momento surge la propuesta del INAU y de la UNTMRA “de ofrecer los nuevos puestos de trabajo a muchachos y muchachas privados de libertad”.

El libro está nutrido con las entrevistas a los muchachos y muchachas, así como a los obreros, empresarios y a los técnicos especializados de las instituciones estatales así como de la ONG “La Barca”, todos los cuales participan de esta experiencia.

Como dijo en febrero pasado el representante de la UNESCO al presentar en Montevideo el informe de la situación mundial de la infancia, se trata de “construir puentes y no muros” de intolerancia, que separan los barrios residenciales de los barrios pobres, a quienes les prometen mayor represión para sus hijos, incluso bajándoles la edad de imputabilidad.

Quiero concluir con el mensaje de uno de los chicos, Emiliano (op.cit. pág.32) que le encomienda a Martínez que diga en el libro, que “si a otros pibes les dan la oportunidad que nos dieron a nosotros, que la aprovechen”.

*Médico, ex diputado del Frente Amplio

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