Desarrollismo y “dependencia”
Por el profesor José Luís Fiori*

En la década del 60 del siglo pasado, la crisis económica y política de América Latina provocó, en todo el continente, una ola de pesimismo, con relación al desarrollo capitalista de las naciones atrasadas. La propia CEPAL hizo una autocrítica y puso en duda la eficacia de su estrategia de “sustitución de importaciones”, proponiendo una nueva agenda de “reformas estructurales” indispensables a la reanudación del crecimiento económico continental. Fue en este clima de estancamiento y pesimismo que nacieron las “teorías de la dependencia”, cuyas raíces se remontan al debate del marxismo clásico y de la teoría del imperialismo, sobre la viabilidad del capitalismo en los países coloniales el dependientes.

Marx no le prestó casi ninguna atención al problema específico del desarrollo de los países atrasados, porque suponía que la simple internacionalización del “régimen de producción burgués” promovería, en el largo plazo, el desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas, en el mundo dominado por las potencias coloniales europeas. Más tarde, a comienzos del siglo XX, la teoría marxista del imperialismo mantuvo la misma convicción de Marx, que sólo fue cuestionada radicalmente, después del lanzamiento del libro del economista, Paul Baran, “La Economía Política del Desarrollo”, en 1957. Luego de su publicación, la obra de Baran se transformó en una referencia obligatoria del debate latinoamericano de los años 60. Para Paul Baran, el capitalismo era heterogéneo, desigual y jerárquico, y el subdesarrollo era causado por el propio desarrollo contradictorio del capitalismo. Más allá de esto, según Baran, el capitalismo monopólico e imperialista habría bloqueado definitivamente el camino en los países atrasados.

Las ideas de Baran vinieron como guante al dedo ante el pesimismo latinoamericano de los años 60, y sus tesis se transformaron en una referencia teórica fundamental de las dos principales vertientes marxistas de la “escuela de la dependencia”: la teoría del “desarrollo del subdesarrollo”, del economista americano A. G. Frank, que ejerció, personalmente, una fuerte influencia en Brasil y en Chile; y la teoría del “desarrollo dependiente y asociado”, formulada por F. H. Cardoso, con el apoyo intelectual de un grupo importante de profesores marxistas de la USP..

La tesis central de Gunder Frank, viene directamente de Paul Baran: según Frank, el imperialismo sería un bloqueo insuperable, incluso con la intervención del estado, y el desarrollo de la mayoría de los países atrasados sólo podría darse a través de una ruptura revolucionaria y socialista. Esta tesis de Frank, fue siendo matizada por sus discípulos, pero todavía es la verdadera marca académica internacional de la teoría de la dependencia. Por otro lado, la tesis central de F.H Cardoso nació menos radical: según Cardoso, el desarrollo capitalista de las naciones atrasadas sería posible aún cuando no siguiese las previsiones clásicas, pero sería casi siempre, un desarrollo dependiente y asociado con los países imperialistas.

El avance de la teoría del “desarrollo asociado” fue interrumpido por su propio éxito político, al transformarse en el fundamento ideológico de la experiencia neoliberal en Brasil, bajo el liderazgo del propio F.H.Cardoso. Con relación a G.Frank y sus discípulos, él mismo “inmigró”, en los años 80, hacia otros temas y discusiones históricas, y su teoría del subdesarrollo quedó paralizada en el tiempo, como si fuese apenas una lista de características especificas, estática e insuperable de la periferia capitalista. O quien sabe, una especie de teoría de los “pequeños países”.

A pesar de todo, la “escuela de la dependencia” dejó plantadas cuatro ideas seminales, que agitaron el fundamento teórico del “desarrollismo de izquierda”, de los años 50:

i) el capital, la acumulación del capital y el desarrollo capitalista no tienen una lógica necesaria, que apunte en todo lugar y de forma obligatoria, hacia el pleno desarrollo de la industria y de la centralización del capital;

ii) la burguesía industrial no tiene un “interés estratégico” homogéneo que contenga “en sí”, un proyecto de desarrollo pleno de las fuerzas productivas “propiamente capitalistas”;

iii) no basta concientizar y civilizar a la burguesía industrial y financiar la centralización de su capital, para que ella se transforme en un verdadero condotieri desarrollista.

iv) por último, la simple expansión cuantitativa del estado no garantiza un desarrollo capitalista industrial, autónomo y autosustentado.

Lo que llama la atención es que hasta hoy, el “desarrollismo de izquierda” no haya conseguido rehacerse del golpe, ni haya conseguido construir una nueva base teórica que pueda dar un sentido de largo plazo a sus interminables e inconclusas deliberaciones macroeconómicas, y a su permanente entusiasmo por la comprobación keynesiana.

* José Luis Fiori: profesor de ciencia política en la Universidad de Río de Janeiro

Traducido para LA ONDAdigital por Cristina Iriarte

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