El pronunciamiento de la Cancillería uruguaya
Contra los asentamientos israelíes
en territorios palestinos ocupados

Por Niko Schvarz*

Manteniendo una posición tan justa como tradicional, Uruguay votó el 22 de marzo en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU con sede en Ginebra una resolución en contra de los asentamientos israelíes en los territorios palestinos ocupados. Es un tema de candente actualidad, porque estos asentamientos ilegales se multiplican sin cesar, se extienden a Jerusalem oriental e incluso llegan ahora hasta el Golán sirio, ya que el gobierno de Tel Aviv practica una política de hechos consumados y, en los hechos, se niega a reanudar las conversaciones de paz con los palestinos destinadas a configurar dos estados en la región viviendo en paz uno al lado del otro. La posición de Uruguay, que se identifica con la de la inmensa mayoría de la comunidad internacional (como se verá) fue denostada por el gobierno israelí y por quienes se identifican invariablemente con su política. En esas condiciones, la cancillería uruguaya emitió un comunicado que clarifica todos los aspectos de la cuestión.

En primer lugar, la resolución sobre los “Asentamientos israelíes en los territorios palestinos ocupados, incluyendo Jerusalem oriental y el Golán sirio ocupado” fue aprobado en la fecha citada por 36 votos a favor (incluyendo junto a Uruguay todos los países sudamericanos representados) y 1 solo voto en contra, registrándose 10 abstenciones.

La cancillería uruguaya fundamenta su posición en estos términos: “La cuestión de los asentamientos en los territorios palestinos ocupados por Israel es uno de los temas de mayor gravedad y sensibilidad en el conflicto de Medio Oriente, ya que la persistencia de la ocupación puede inviabilizar una solución definitiva en el conflicto del Medio Oriente basada en la coexistencia pacífica de dos Estados. Es por esta razón que la enorme mayoría de los miembros de las Naciones Unidas han subrayado la ilegalidad de estos asentamientos, expresando que ellos se han llevado a cabo en contravención del Derecho Internacional y establecido en numerosas resoluciones del Consejo de Seguridad y de la Asamblea General que “la inadmisibilidad de la adquisición de territorio por medio de la guerra” (tal como lo señala la Resolución 242 del Consejo de Seguridad de noviembre de 1967). Consecuentemente han aprobado sucesivas resoluciones llamando a Israel a detener estas construcciones y proceder a su desmantelamiento”.

La declaración de la cancillería establece que la situación en los territorios se ha agravado como consecuencia de la ocupación israelí, según consignan los informes de varios órganos de la ONU, razón por la cual este año el Consejo de DDHH estableció una Comisión de Investigación Internacional sobre el tema.

La resolución sobre los asentamientos israelíes es una de las que cuenta con el mayor grado de apoyo en el ámbito de las Naciones Unidas. La nota de la cancillería recuerda que la última declaración de la Asamblea General sobre el tema fue aprobada el 12 de enero de este año por 160 votos a favor, 5 abstenciones y 7 votos en contra. Asimismo, el propio Consejo de DDHH vota invariablemente una resolución de similar tenor. La última del año pasado fue aprobada el 13 de abril por 45 votos a favor y 1 en contra. En síntesis: desde 1998 la resolución sobre asentamientos israelíes en territorios palestinos ocupados fue votada invariablemente por altas mayorías en la Comisión de DDHH (y a partir de 2006 en el Consejo de DDHH), y Uruguay siempre acompañó esta posición. Lo mismo hizo, en actitud inobjetable, el 22 de marzo pasado.

Lo que podría agregarse es que el gobierno de Israel ha incumplido sistemáticamente estas resoluciones, adoptadas por mayorías amplísimas en el seno de la ONU, solo comparables a la adhesión que reciben las resoluciones de rechazo al bloqueo de EEUU contra Cuba extendido durante medio siglo. El gobierno israelí, por añadidura, extiende provocativamente estos asentamientos, utilizando la fuerza, en abierto desafío a los derechos de los palestinos, que ven usurpadas sus tierras, y a la voluntad de la comunidad internacional.

El muro de la vergüenza… y otro en el Golán sirio
El mismo objetivo de despojar a los palestinos de sus tierras, y de agravar la división de los dos pueblos posponiendo indefinidamente una solución de paz, tiene la construcción del muro del apartheid, que se extiende a lo largo de toda Cisjordania, sumándose al cerco que Israel mantiene sobre la franja de Gaza por tierra, aire y mar. Este muro se adentra por lo menos 6 kilómetros en los territorios palestinos, pone esas tierras en manos de los israelíes, separa en muchos casos las viviendas de los palestinos de sus tierras de cultivo. En otro lado hemos comentado el magnífico documental realizado por un equipo francés con la colaboración de une entidad de Jerusalem, titulado El Muro (Le Mur) difundido en todo el mundo y en nuestro país por Canal 5. La construcción de este muro también ha sido condenada por la comunidad internacional, pero prosigue a tambor batiente, afectando duramente la vida diaria de los palestinos de las zonas circundantes, su actividad laboral y sus relaciones, e imponiéndoles condiciones humillantes y agresivas, a punta de fusil, en los numerosos puestos de control militar. Los entrevistados en los aledaños del muro en construcción dicen que su territorio se ha transformado en una prisión, condición extensiva a la franja de Gaza, donde se ha impedido por la fuerza de las armas la llegada de las Flotillas de la Libertad, que aportaban ayuda solidaria a una población martirizada.

La novedad en esta materia es que otro muro de 8 metros de alto se comenzó a construir por parte de Israel en las alturas del Golan sirio, y ya lleva 4 kilómetros de extensión, según denunció el gobierno de Damasco el 11 de abril.

El poema de Günter Grass
Al mismo tiempo Israel ha colocado en el orden del día la agresión a Irán y se ha puesto a la cabeza de las fuerzas que tienen en la mira el ataque a sus instalaciones nucleares, lo que entraña el peligro de una guerra nuclear en la región, de imprevisibles consecuencias para el mundo entero. Eso es lo que dijo Günter Grass, el escritor alemán Premio Nobel de literatura en un poema titulado “Con mi última tinta”, que ha hecho caer rayos y centellas sobre su cabeza por parte de las autoridades israelíes, de Netanyahu y del xenófobo canciller Avigdor Lieberman en primer término. Desde luego se le acusó de antisemita, como lo anticipa en su propio poema.

¿Y qué es lo que dice? Lo siguiente: “Israel, potencia nuclear, pone en peligro/ una paz mundial ya de por sí quebradiza”. Define a Israel como “el país en el que/ desde hace años, aunque mantenido en secreto,/ se dispone de un creciente potencial nuclear,/ fuera de control ya que/ es inaccesible a toda inspección”.Y más adelante: “…estoy harto/ de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además/ que muchos se liberen del silencio, exijan/ al causante de ese peligro que renuncie/ al uso de la fuerza e insistan también/ en que los gobiernos de ambos países permitan/ el control permanente y sin trabas/ por una instancia internacional/ del potencial nuclear israelí/ y de las instalaciones nucleares iraníes”.

Se refiere a Alemania en estos términos: “…mi país/ va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad/ es dirigir ojivas aniquiladoras/ hacia donde no se probado/ la existencia de una sola bomba”. Grass se refiere aquí a la decisión del Bundestag, hecha pública el 10 de abril por el ministro de Defensa Thomas de Meziere, de enviar a Israel en fecha próxima el sexto de una flotilla de submarinos de guerra de fabricación germana, con los cuales lo viene dotando desde hace 50 años. El submarino pertenece al grupo Dolphin, fue fabricado en el puerto de Kiel por el conocido grupo Thyssen y está equipado con misiles atómicos de largo y mediano alcance.

* Periodista y escritor uruguayo

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