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Cuba y la Cumbre de las Américas
Por la segunda independencia
Por Niko Schvarz*
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Los días 14 y 15 de abril se efectuó en la hermosa ciudad colombiana de Cartagena de Indias la VI Cumbre de las Américas, que finalizó sin que fuera emitida una Declaración Final, por las razones que se verá. El presidente ecuatoriano Rafael Correa, que no asistió a la misma en protesta anticipada por la exclusión de Cuba, señaló a su término que “América Latina está pasando de haber sido dominada por el Consenso de Washington a vivir en el consenso sin Washington”. Es otra definición muy ajustada del presidente de Ecuador, que ya había caracterizada la nueva situación que atraviesa el continente desde el comienzo del nuevo siglo y milenio con la conocida fórmula de que “América Latina vive no una época de cambios sino un cambio de época”.
Correa hacía referencia en su última declaración a que todos los países latinoamericanos y caribeños se manifestaron en la reunión de Cartagena contra la exclusión de Cuba y el bloqueo norteamericano a la isla, y a favor de la soberanía de la Argentina sobre las islas Malvinas, pronunciamientos que fueron vetados por Estados Unidos y Canadá. La falta de consenso sobre estos dos puntos esenciales fue la causa de que la reunión se levantara sin declaración final. Correa manifestó asimismo que en materia de derechos humanos (pretexto invocado en relación a Cuba), Estados Unidos debería comenzar por eliminar la base y el centro de torturas de Guantánamo, que constituye la mayor violación a los derechos humanos y a la soberanía de un país; a la vez condenó el bloqueo a la isla, que se mantiene desde hace medio siglo.
Apenas finalizada la Cumbre, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba emitió una declaración que se inicia con esta aseveración contundente: “En Colombia, Cartagena de Indias, quedó demostrado que hay un abismo creciente entre ‘Nuestra América’ martiana y ‘el Norte revuelto y brutal que nos desprecia’. Allí se produjo una rebelión de América Latina y el Caribe contra la imposición de ‘un gobierno y medio’, que ejercía un veto imperial a los párrafos de un proyecto de Declaración Final de la llamada Cumbre de las Américas que reclamaban el cese del bloqueo y de la exclusión de Cuba de los eventos hemisféricos”.
La declaración consigna que desde la anterior Cumbre, efectuada en el año 2009, no hubo mayor cambio en la política del gobierno de Barack Obama en relación con el bloqueo a Cuba, que continuó, e incluso se endureció en el sector financiero, pese a la condena internacional y a sucesivas votaciones abrumadoras en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Agrega que la reunión del ALBA efectuada en Caracas el 4 de febrero de este año se pronunció categóricamente a favor de la soberanía argentina sobre las Malvinas y contra el bloqueo a Cuba, a la vez que consideró injusta e inaceptable la exclusión de la isla de estos eventos.
Recuerda asimismo que el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, visitó Cuba, en actitud respetuosa, y recibió la respuesta del presidente Raúl Castro de que, en caso de ser invitada, Cuba asistiría, como siempre, “con todo respeto, apego a los principios y a la verdad”. El presidente Santos tuvo el mérito de introducir el tema del bloqueo y de la exclusión de Cuba en la reunión.
La declaración consigna luego una sucesión de pronunciamientos de presidentes sobre el tema. El presidente de Bolivia, Evo Morales, quien ya había promovido el tema en la reunión del ALBA en Caracas, señaló que “no es posible que un país pueda vetar la presencia de Cuba”. El presidente Chávez, de Venezuela, (que no asistió a la reunión en razón de su enfermedad, asumiendo el canciller Nicolás Maduro la representación de la República bolivariana) y que en anteriores ocasiones se había pronunciado categóricamente “por el fin del vergonzoso y criminal bloqueo a la hermana República de Cuba ejercido por el imperio con crueldad y sevicia”, se preguntó en esta ocasión: “Si estos dos gobiernos, Estados Unidos y Canadá, se niegan a discutir temas tan profundamente consustanciados con el ser de la América Latina y el Caribe, como el tema de la hermana Cuba o el tema de las islas Malvinas, ¿para que más Cumbres de las Américas entonces?”. Hacía referencia a la decisión compartida por los participantes de que la de Cartagena sería la última Cumbre de las Américas sin Cuba.
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega (que tampoco asistió a la reunión) dijo en un mitin celebrado en Managua precisamente el día 14 de abril: “Yo creo que es el momento del gobierno de los Estados Unidos para escuchar a todas las naciones latinoamericanas de las más diversas ideologías, de los más diversos pensamientos políticos, desde los más conservadores a los más revolucionarios, todos coincidiendo en que Cuba tiene que estar presente en estas reuniones o no habrá próximas Cumbres llamadas o mal llamadas de las Américas”.
La declaración consigna luego las tomas de posición de las presidentas de Argentina y de Brasil, coincidentes ambas con estos planteos, y resume la tesitura común de los mandatarios de la región en estos términos: “Resultó impresionante la sólida postura unitaria de Nuestra América en torno al bloqueo, la exclusión de Cuba y las Malvinas. Fue esencial la firmeza y la dignidad de la presidenta de la Argentina en la defensa enérgica de esas causas. Nos sentimos orgullosos cuando la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, defendió con serena dignidad ante Obama, que la Patria Grande solo puede ser tratada como igual y confirmó la postura común en apoyo a Argentina y Cuba”. A ello se agregaron los pronunciamientos análogos de los países nucleados en la Comunidad del Caribe (CARICOM), de la Reunión Interparlamentaria de las Américas y del Congreso de los Pueblos que se desarrolló en Cartagena en paralelo con la Cumbre presidencial.
En la reunión estuvo vivo el espíritu que llevó a la conformación, el 2 de diciembre de 2011, de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), sobre la cual Fidel Castro señaló que “ningún otro hecho institucional de nuestro hemisferio, durante el último siglo, refleja similar trascendencia”. Precisamente, la CELAC habrá de reunirse en 2013 en La Habana, previa una reunión durante el año en curso en Santiago de Chile. El presidente cubano Raúl Castro señaló que con la creación de este organismo “reivindicamos más de dos siglos de luchas y esperanzas. Llegar tan lejos nos ha costado esfuerzo, pero también sangre y sacrificio. Las metrópolis coloniales de antaño y las potencias imperiales de hoy han sido enemigas de este empeño”.
La unidad de América Latina Sobre estas bases se delinea una perspectiva común para América Latina y el Caribe hoy. “Lo nuevo de Cartagena -expresa el documento- es que buena parte de los gobiernos, con naturales diferencias y distintos enfoques, demandaron un modelo alternativo que privilegie la solidaridad y la complementariedad frente a la competencia fundada en el egoísmo; procure la armonía con la naturaleza y no el saqueo de los recursos naturales ni el consumismo desenfrenado. Pidieron que se asegure la diversidad cultural y no la imposición de valores y estilos de vida ajenos a nuestros pueblos; que se consolide la paz y se rechacen las guerras y la militarización. Hicieron un llamado a recuperar la condición humana de nuestras sociedades y a construir un mundo donde se reconozca y respete la pluralidad de ideas y modelos, la participación democrática de la sociedad en los asuntos de gobierno, incluida la consulta de las políticas económicas y monetarias; se combatan el analfabetismo, la enfermedad infantil y materna, las enfermedades curables. Se reclamó el acceso tanto a la información libre y veraz como al agua potable; se reconoció que los derechos humanos son para el ejercicio de todos”.
La otra diferencia fundamental entre esta Cumbre y las anteriores es que antes EEUU debió escuchar una sola voz, o a una minoría, y ahora fueron mayoría los pueblos que a través de sus representantes plantearon estas alternativas (a lo que se sumó la actitud de quienes se negaron a participar). En cierto sentido la Cumbre es el entierro de la Doctrina Monroe (“América para los (norte)americanos”), a la vez que ya nadie recuerda el engaño de la Alianza para el Progreso de 1961, estigmatizada por el Ché Guevara, ni el ALCA, condenado en la reunión de 2005 en Mar del Plata. Con razón la declaración recuerda las palabras señeras de José Martí, pronunciadas en una reunión similar, en Washington, 120 años atrás: “Ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia”. Es lo que da el título a la declaración.
Más cerca nuestro, cabe recordar que por esas fechas de abril, en el año 1961, Cuba defendía la recién proclamada revolución socialista y derrotaba a los mercenarios del imperio en Playa Girón.
En la conclusión se abre una perspectiva de futuro: “Con un sólido consenso de soberanía regional y defensa de nuestra cultura, dentro de nuestra rica diversidad; con casi 600 millones de habitantes; con enormes recursos naturales, Nuestra América tiene una oportunidad para resolver los graves problemas de extrema desigualdad en la distribución de la riqueza y puede, con su fuerza ya evidente, contribuir al ‘equilibrio del mundo’, a la defensa de la paz y a la preservación de la especie humana. Para ello, frente a los intentos de dividirnos y descarrilarnos que otra vez vendrán, necesitará mantenerse unida”.
* Periodista y Escritor uruguayo
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