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Sobre el control de YPF, la Argentina tiene razón
Por el economista Luiz Carlos Bresser-Pereira*
No tiene sentido dejar bajo control extranjero un sector estratégico para el desarrollo del país
La Argentina se ubicó nuevamente bajo la mira del Norte, del "buen sentido" que emana de Washington y Nueva York, y decidió retomar el control del Estado sobre la YPF, la gran empresa petrolera del país que estaba bajo el control de una empresa española. El gobierno español está indignado, la empresa protesta, ambos juran que tomarán medidas jurídicas para defender sus intereses. El "Wall Street Journal" afirma que "la decisión va a perjudicar aún más la reputación de la Argentina ante los inversores internacionales". Pero, pregunto, ¿el desarrollo de la Argentina depende de los capitales internacionales, o son los dueños de estos capitales quienes no se conforman cuando un país defiende sus intereses? Y, en el caso de la industria petrolera, ¿es razonable que el Estado tenga el control de la principal empresa, o debe dejar todo bajo el control de multinacionales?
Con relación a la segunda pregunta, parece que hoy los países en desarrollo tienen pocas dudas. Casi todos trataron de asumir este control; en América Latina, todos, excepto la Argentina.
No tiene sentido dejar bajo el control de una empresa extranjera un sector estratégico para el desarrollo del país como es el petróleo, especialmente cuando esta empresa, en lugar de reinvertir sus ganancias y aumentar la producción, las remitía hacia la matriz española.
Además, ya pasó el tiempo en el cual, cuando un país decidía nacionalizar la industria del petróleo, sucedía lo que sucedió en Irán en 1957. El Reino Unido y Francia inmediatamente derrocaron el gobierno democrático que había en aquel entonces en el país y pusieron en el gobierno a un Sha que se puso inmediatamente al servicio de las potencias imperiales.
¿Pero qué va a suceder con la Argentina debido a la disminución de las inversiones de las empresas multinacionales? ¿No es esto un "mal mayor"? Esto es lo que nos dicen todos los días estas empresas, sus gobiernos, sus economistas y sus periodistas. Pero un país como la Argentina, que tiene la enfermedad holandesa moderada (como la brasileña) no precisa, por definición, de capitales extranjeros, o sea, no precisa ni debe tener déficit en cuenta corriente; si tuviera déficit sería una señal de que no neutralizó adecuadamente la sobrevaluación crónica de la moneda nacional que tiene como una de sus causas, la enfermedad holandesa.
La mejor prueba de lo que estoy afirmando es China, que crece con enormes superávits en cuenta corriente. Pero la Argentina es también un buen ejemplo. Desde que, en 2002, depreció el tipo de cambio y reestructuró la deuda externa, tuvo superávits en cuenta corriente. Y, gracias a estos superávits, o sea, a este tipo de cambio competitivo, creció mucho más que Brasil. Mientras que, entre 2003 y 2011 el PBI brasileño creció un 41%, el PBI argentino creció un 96%.
Los grandes interesados en las inversiones directas en países en desarrollo son las propias empresas multinacionales. Son ellas las que captan los mercados internos de estos países sin ofrecer en contrapartida sus propios mercados internos. Para nosotros, las inversiones de empresas multinacionales sólo interesan cuando traen tecnología, y la comparten con nosotros. No precisamos sus capitales que, en vez de aumentar las inversiones totales, aprecian la moneda local y aumentan el consumo. Serían interesantes si estuviesen destinadas a la exportación, pero, como esto se da en raras ocasiones, generalmente constituyen apenas un señoreaje permanente sobre el mercado interno nacional.
* Profesor y economista de Brasil // Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte
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