¿Por qué solo una historia del Estado uruguayo
de bienestar y no una historia del Estado
sancionador y terrorista?

Por el Dr. Alvaro Rico

“El ex – presidente Dr. Sanguinetti, hizo un
uso político de la historia durante 25 años –
hoy debe historizar sus memorias, si quiere
seguir compitiendo con cierta eficacia en la
lucha ideológica o en la disputa en torno a
las interpretaciones de la historia reciente”

Aspectos fundamentales tomados por La ONDA digital, de la conferencia del Dr. Alvaro Rico, decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, durante la mesa redonda “Construcción de la historia reciente”(27/04/12), en el marco del “Coloquio: Memoria y representaciones artísticas del pasado reciente en Argentina y Uruguay.

“(…) Algunas ideas que me provoca este tema. Incluso, teniendo conocimiento del trabajo que fue presentado anteriormente, lo que me sugiere también ese enfoque. Un punto es la estrecha relación y problemática tensional, contradictoria y de lucha - si pudiera llamarse así - entre el contexto político, la divisibilidad social o el contexto cultural que tiene un momento determinado y el trabajo de la historia. La reconstrucción histórica y el trabajo del historiador. Efectivamente las ciencias históricas, si bien tienen su autonomía, su objeto, su metodología, su objetividad, su cientificidad, etc. (no viene a cuento ahora detenernos en ello), es un campo de trabajo muy difícil por la relación estrecha que hay, como digo, con el contexto político y los contextos culturales que legitiman, o no, determinadas concepciones, aproximaciones y enfoques historiográficos, sobre todo. Recuerdo siempre como anécdota, que uno lee a veces los acápites de algunas memorias que en momentos conflictivos se elaboran, recuerdo muy precisamente cuando el golpe, donde muchas memorias de políticos que escribían en ese instante, decían: “bueno, quedará para los historiadores el juzgar esta etapa y elaborar conclusiones más alejadas de ella”. Y resulta que cuando vienen, muchos años después el tiempo de los historiadores para ocuparse de ello, 20 o 30 años después, viene el otro discurso político, diciendo: “se politiza el tema” o “está demasiado cerca”. Entonces, eso que es una anécdota, es permanente. Y esto siempre ha sido así y, seguramente, si nos ocupáramos de otros tiempos históricos - y quien quisiera forzar el análisis de la reconstrucción de los hechos con una reconstrucción también de esta tensión entre la reconstrucción histórica con el contexto político y cultural, apreciaría quizás, más fríamente, las mismas coordenadas y las mismas tensiones.

Seguramente, por la cercanía de los sucesos, por la permanencia de los actores de aquellos sucesos en el presente, porque la interpretación de la historia reciente es un factor de el hacer política hoy, es parte del hacer política práctica hoy, es parte de la construcción de un discurso político, es parte del alineamiento de las posiciones de los votantes, una interpretación de la historia reciente. Esto no tiene nada que ver con la historia reciente funcional a la política, pero quizás también por esa razón, junto con la cercanía de los hechos y la permanencia de los actores, hace que en un país como el nuestro, donde prácticamente todo es historia (la reconstrucción del mundial del 50, de los jugadores, de cómo era el Uruguay del 20, es decir, un país donde todo es historia) esta actualidad de la historia reciente hace que esa tensión entre política, contexto cultural y reconstrucción histórica, sea un marco.

Creo que desde el trabajo que presentamos, esto está permanentemente presente. Por algo se habló de que el contexto del año 2000, con la creación de la Comisión para la Paz y, sucesivamente, lo que se fue generando desde decisiones políticas, también está muy vinculado a cómo fue avanzando la historia, la historiografía, en sus productos, en sus resultados, en sus accesos a puentes. Pero también en la connotación social de sus investigaciones. No siempre esto está asegurado. Uno puede (y abuso) escribir 100 libros para buscar un formato tradicional de producción historiográfica y que sean leídos con la misma mentalidad o con la misma indiferencia, que el sentido común o el que el contexto cultural imprimió para esos temas. Otra cosa es cuando uno logra darle un giro al sentido impuesto, a la sensación social, para poder también leer desde otras posiciones, la producción historiográfica. Y eso fue así, volviendo al caso de Uruguay y su historia reciente, desde todo el proceso que llevó a la Ley de Caducidad, cuyo resultado no fue, solamente, el no juzgamiento a los responsables, sino que el resultado fue también un no a la verdad histórica, en cierto modo. Negar el acceso a las fuentes o, construyendo un relato político - y un uso político de la historia - que impedía generar otros sentidos y, ni que hablar, impidió acercarnos a esa reconstrucción con fuentes documentales, etc. etc.

Yo diría que uno de los signos mayores del cambio en esta construcción del campo historiográfico a partir del año 2000, o en los avances, mejor dicho, en la reconstrucción de ese campo, de esa mayor aceptación a los resultados y conclusiones, es que uno de los protagonistas fundamentales en el uso político de la historia - que fue el Dr. Sanguinetti, durante 25 años - hoy debe historizar sus memorias, si quiere seguir compitiendo con cierta eficacia en la lucha ideológica o en la disputa en torno a las interpretaciones de la historia reciente. Tiene que transformarse en un político historiador para que aquello que años atrás se resolvía con una simple afirmación, con una frase técnica y daba vuelta la página, o tenga que hacer un libro de 400 páginas, a los efectos de poder seguir sosteniendo la coherencia de aquello que en aquellos años se resolvía desde la política de la autoridad en el tiempo. Entonces me parece que esa tensión es muy interesante y siempre se insiste en la pregunta acerca de la cooperación y extensión del conflicto entre esos pensamientos que señalé (sin decir nada nuevo), que uno se hace como parte del desarrollo que este tema tiene.

En segundo lugar, es interesante (me parece a mí, como sugerencia) el ejercicio de correlacionar los rasgos de la producción historiográfica en este período - tanto en la etapa pre-golpe como desde el 85 - si se quiere enmarcados en una demostración de cómo se fue construyendo ese campo con los estudios sobre la historia reciente, con los ciclos de la memoria en la etapa post-dictadura. Cómo ha contribuido, qué tensiones, qué cooperaciones, qué trasvasamientos, qué papel de la historia en corregir las memorias y qué papel de las memorias en hacer historia, en aquellos lugares en los cuales uno sabe que la crítica de la historia reciente es imposible una construcción tradicional basada en puentes de la historia. Un relato historiográfico sobre el momento mismo de la desaparición de una persona, o el relato historiográfico sobre los momentos de convivencia finales en los centros clandestinos de detención, son muy difíciles o, prácticamente, imposibles de documentar. Por lo tanto el relato, cumple allí el papel de documento histórico, en esas lagunas por las mismas características de cómo se construyó esa historia, o cómo se borró esa historia en las fuentes tradicionales de una reconstrucción historiográfica.

Entonces, esta reconstrucción entre ciclos de la memoria, para no volver a hacer caer en hacer una comprensión paralela de no diálogo entre unas y otras, me resulta interesante y, de alguna manera, vamos caminando hacia eso. Si uno dice: “bueno, quizás después del 85 hay un primer ciclo de la memoria de una fuerte impronta del poder estatal en esa teoría de los “dos demonios”, ley de caducidad mediante y eso condicionó mucho las reconstrucciones históricas, al punto que en el período son muy difíciles de ubicar en el trabajo de revisión historiográfica”. No son muchos los trabajos que podemos ubicar en ese primer ciclo. Sin embargo, desde el punto de vista de la memoria, dejando de lado la memoria del Estado, es un ciclo muy fértil en testimonios. Es un ciclo muy precedido por la legitimidad del testigo, que se hace presente en un hecho muy importante, como es - por ejemplo - la Comisión Investigadora Parlamentaria que se constituyó en aquella época. Y otras más sobre detenidos desaparecidos. Y otras donde, evidentemente, el papel testimonial y el circuito que se creó entre el testimonio en ese ámbito parlamentario de los testigos sobrevivientes y el circuito periodístico, como réplica al testimonio y las vivencias de sobrevivientes, fue un vector fundamental de la presencia del pasado reciente, por esta vía de la memoria en el espacio público. Y como Aldo señalaba, un producto a medio camino entre memoria e historia, como fue el “Nunca Más “ de SERPAJ en el año 89.

Uno podría seguir en segundo ciclo de la memoria que también coincide - en cierto modo - con lo que señalaba acerca del silenciamiento, el interregno de cinco años de silencio en la historia, que se genera a partir de la legitimación plebiscitaria de la ley de caducidad en el año 89, hasta otro hecho público más vinculado a las memorias que, de alguna manera, logra romper ese silenciamiento o ese repliegue de las memorias de la resistencia y de los sobrevivientes en este período post-aprobación de la ley de caducidad, que es la Marcha del Silencio en el año 96. En ese interregno, en ese período memoria/historia, yo creo que es muy interesante retratar esfuerzos. Uno que fue dicho en el año 93, “Fracturas de Memoria” y “Crónicas sobre una Memoria por Venir”. Recuerdo que se ponía mucho esfuerzo en los subtítulos, para decir lo que no se podía abarcar en la concisión que debía tener el título de un libro. Pero de alguna manera, los subtítulos, eran proyectos. Este es un proyecto: “Crónica sobre una Memoria por Venir”, que proviene de un ámbito no desde la historia, pero que dialoga y que es muy importante en los efectos que dejó.

Hay un libro de Gerardo y Achúgar, que es “Identidad Uruguaya: mito, crisis o reafirmación”, que abre otro de los efectos fundamentales de la dictadura en el presente o, por lo menos, en aquel presente. Que fue inicial a los relatos tradicionales sobre la identidad uruguaya. Es el relato de la sociedad excepcional, integrada, de cercanía, después de una dictadura muy difícil de sostener, a pesar de que se sostuvo y se reinstaló ese relato. No obstante, en el campo más académico, este libro inaugura un cuestionamiento desde los estudios culturales, con participación de historiadores a esas visiones hegemónicas y tradicionales de nuestra identidad e incorpora otros hechos históricos que el relato de la excepcionalidad en el Uruguay, también invisivilizó. Aparece allí lo de Salsipuedes, aparece allí cómo se revierte el relato de que esta sociedad uruguaya surge desde los barcos, enfatizando el papel positivo del inmigrante español e italiano y olvidándose de quienes venían en las bodegas de esos barcos, que eran los esclavos. Entonces, ¿qué tienen para decir en la construcción de esos relatos de identidad los afrodescendientes?

Entonces, me parece que es una historia muy importante, aunque discontinuada. Y en Uruguay hay cuentas pendientes desde el 95, que también lo subtitulamos: “Dictadura: memorias y desmemorias”. Podríamos seguir haciendo esto como lo decía anteriormente, en un tercer ciclo de la memoria, con los resultados del taller “Género y Memoria” de ex presas políticas, con “Vivos los llevaron”, que es la historia de la Asociación de Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos, hecha también honorariamente por un equipo universitario. Aquí también hay un intento de traducir historiográficamente - yo no sé cuál es la palabra, porque los historiadores tienen mucho celo por establecer exactamente lcánones, pero a ver si se entiende lo que quiero decir - un esfuerzo grande por historizar, en todo caso, lo que antes estaba en el campo desamparado y fragmentado de la memoria de ciertos actores, de ciertas organizaciones que no accedían ni al campo historiográfico - para ser objeto de estudio - ni, mucho menos, a la legitimidad social para incidir sobre el sentido común del Uruguay post-dictadura. El cuarto ciclo es el de la memoria a la historia, o del testimonio al documento.

En tercer lugar lo que quería decir - y ya prácticamente en titulares - es que es importante en la reconstrucción del campo historiográfico como se fue dando la institucionalización del mismo. De aquellos momentos en los cuales eran algunos universitarios o algunos periodistas aislados o separados y no generaban ninguna comunidad, cómo se van institucionalizando y, por distintas vías, cómo se va colectivizando ese campo de estudios sobre la historia reciente. Y cuáles son sus prácticas, o sea, la institucionalización y formando parte de la reconstrucción de esa institucionalización… Porque las prácticas fueron clásicas y algunas bastante heterodoxas. Un papel muy importante en la construcción de ese campo y en su institucionalización, tuvieron los eventos académicos. Yo creo que si no se hubiera organizado nuestra Universidad, aquel mega-evento a 30 años del golpe de estado, hubiera durado quizás más o hubiera tenido otras manifestaciones desde el año 2003. Las redes, los proyectos que desde la Universidad y la implementación de esos llamados, para desde esos proyectos generar productos, la relación con la enseñanza - para no verlo solamente desde el punto de vista de la investigación - cómo se traducen los resultados de las investigaciones a una labor educativa y de enseñanza, en particular, en programas de estudio, en bibliografía. Antes poner historia reciente en un programa de estudios, era leer bibliografía argentina. Ahora hay una producción que permite sostener programas de estudio sobre la base de nuestra propia experiencia, sin el importante aporte de la producción argentina sobre su propia experiencia y sobre la región.

La Universidad jugó un papel muy importante. Recuerdo muy pioneramente, el Centro de Estudios Interdisciplinarios Uruguayos que fue creado en el año 85, a medio camino entre la academia y la memoria, como forma de sostener la bandera y producir académicamente, que se mantuvo como un único ámbito institucional de investigación de los años 60 a la dictadura y a la transición. Si me permiten, cierro definitivamente respecto a lo de las investigaciones históricas, a lo ya dicho y a otras dimensiones. Yo creo que aporta en la historia de la represión. Quizás se han transformado en una especie de sub género dentro la historia reciente. Esto tiene un correlato muy importante, porque tiene muchas limitaciones, pero no se pueden poner limitantes a generar una historia de la represión del Estado uruguayo en el período 73/75. Esta historia de la represión, en la medida que el Estado tuvo un centralidad tan grande como sujeto, es una historia de Estado, es una historia del estado uruguayo. ¿Por qué hacer la historia del Estado uruguayo sólo cuando el estado uruguayo fue de bienestar y paternalista y no reconstruir una historia del estado uruguayo sancionador y terrorista? Pero también es una historia de los partidos políticos. ¿Por qué quedarnos en la visión racionalizadota de los partidos políticos y no alcanzar un momento histórico en el que esa historia de los partidos políticos se adapta a las condiciones de la represión? Y cuántas preguntas se generan, por ejemplo, para el estado de derecho histórico bajo una dictadura, que no es el mismo trato que le damos al acontecimiento en otros contextos de situaciones no extraordinarias. ¿Qué decir, en esta reflexión, de la clandestinidad? No solamente como una forma de funcionamiento, sino también, una reflexión. Entonces, yo creo que, de verdad, surge una historia de los partidos políticos - particularmente de la izquierda - muy potente, como el estado de derecho.

Y - esto sí es lo último - lo del campo interdisciplinario. Ahora, yo lo vivo en otro contexto. Acá se generaron campos interdisciplinarios, en estos estudios sobre la historia reciente, con la arqueología y con el derecho, que no lo puede absorber ni monopolizar las interpretaciones historiográficas. Entonces, acá hay un campo de diálogo muy importante de reflexión, que lo hacemos con los equipos que trabajamos en Presidencia: sitio arqueológico, sitio histórico y sitio de la memoria. Cómo se conjugan. El papel de la entrevista, para el arqueólogo, el papel del testimonio y de la entrevista, para el historiador. La historia de los edificios y la historia de las geografías, son muy importantes. Es un campo que dentro de la historiografía no interesa tanto. Sin embargo, en nuestro trabajo interdisciplinario, tenemos que incorporar la historia de los edificios, para poder determinar los antecedentes de un sitio clandestino de reclusión o de un centro clandestino de enterramientos. Y el campo interdisciplinario con el derecho, no solamente desde el punto de vista de los juicios que están en curso y que las investigaciones históricas, éstas, forman parte de las pruebas de las denuncias presentadas, tanto en Uruguay como en Argentina, sino también porque los jueces, en la búsqueda de su verdad judicial, para dictar su sentencia, le dan otro status a la producción historiográfica, como reforzadora de pruebas. Y el contexto de reconstrucción historiográfica que se había logrado, los relatos que se han logrado sistematizar, generan una prueba de contexto tan contundente que cualquier prueba que deba generar las defensas de los acusados o los involucrados, deben ser lo suficientemente sólida, sistemática y documental, como aquellas que generaron, desde el campo de la historiografía, sobre el período histórico. No sé si me explico. Me parece que eso también revierte un poco, a escala uruguaya, lo que son grandes discusiones. Aquí se mencionaba ese libro sobre el papel del historiador y el papel del juez que, en las prácticas modestas de nuestra experiencia nacional, sin cuestionarlas, obligan también a repensarlas. Esto también son resultados del tema que nos convoca hoy”.

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