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El País se puso a pensar
Por Raúl Legnani Urumex80@gmail.com
No es costumbre en el debate nacional, que una parte reconozca a la otra los valores de sus opiniones, fundamentalmente por su franqueza y lucidez para encarar el análisis.
Debe ser la primera vez en la vida que voy a coincidir con un editorial del diario El País. Me refiero al del 26 de abril pasado, escrito bajo el título “¿Cuál es la mejor oposición?”.
La reflexión está hecha con valentía, con capacidad de autocrítica y, a la vez, exponiéndose al peligro de que los argumentos sean utilizados por el adversario o el enemigo.
Lo mejor, para entender mis elogios, es transcribir partes sustanciales de alguien que es anónimo (los editoriales son anónimos), pero que no oculta su angustia por la marcha de la oposición.
Manos a la obra, entonces, y a transcribir lo que entiendo que es sustancial, que por cierto es subjetivo. Así comienza el editorial: “En tiempos de crecimiento económico como nunca antes registrado, de baja de la pobreza y de la indigencia, de inflación relativamente controlada, de aumentos de los salarios reales y de bajo desempleo, ¿cómo se ejerce una oposición política que se transforme en alternativa real de gobierno?
Si es cierto que la gente vota antes que nada atendiendo a la evolución de su billetera, es claro que los partidos de oposición la tienen difícil. Sin embargo, hay muchos motivos para pensar que la realidad política es más compleja que la simple mejora de los indicadores económicos. En efecto, apenas la situación colectiva empieza a mejorar sustancialmente, se plantean nuevos temas de agenda. Así, el foco de la atención pública se va desplazando hacia una mayor exigencia en la calidad de las políticas estatales”.
Por cierto que con esta parte de la reflexión no tengo nada que decir o solamente señalar que es bueno que el “intelectual orgánico de la derecha” (El País por cierto y pido perdón por la influencia gramsciana), reconozca que al Uruguay y a su gente le va bien, lo que sería bueno que los opositores blancos y colorados así lo reconocieran, aunque solo fuera los 31 de mes.
Veamos la segunda parte de la transcripción subjetiva de este maravilloso editorial:
“Claro está - agrega El País-, (que) quienes primero reclaman mejores servicios son las clases medias que, a pesar de las recurrentes crisis de estas décadas, han conservado intacto su impulso de progreso social. Es por eso que se hacen más visibles y fuertes las demandas por una educación de calidad, una seguridad pública real, servicios de salud confiables, y, en general, un retorno más efectivo de los servicios estatales que son financiados por los impuestos que ellas pagan (por cierto, más que cualquier otra clase social). En todas estas dimensiones, el gobierno del Frente Amplio no está siendo capaz de dar respuestas eficientes, y es por ello que las encuestas señalan que en los grupos sociales de mayor nivel socio-económico las intenciones de voto a la izquierda son relativamente menores”.
Debo confesar que este segundo “recorte y pegue” debería ser tenido en cuenta por la dirigencia de izquierda, que muchas veces se refugia con sus políticas justas a favor de los sectores más pobres y olvida a las capas medias que son las que generan corrientes ideológicas y culturales que terminan impregnando a la sociedad.
Soy de los que creen que si el FA y su gobierno progresista solo apuestan a los “Nini” y se olvidan de los “Sisi”, esas capas medias que necesitan del apoyo del Estado para culminar sus estudios mientras trabajan, puede llegar a perder las próximas elecciones nacionales.
Ya sobre el final y luego de denostar al gobierno por sus presuntas capacidades de gestión a pesar de tener acuerdos políticos, El País sostiene que “Las clases medias sobre todo, que son las primeras en exigir mejor calidad de gobierno, tienen que ver claro que existe una alternativa real a este gobierno que, efectivamente, puede conducir el rumbo nacional mejor que el Frente Amplio. El país precisa esta mejor oposición. Ya es tiempo de que se afirme con vigor.
Se entiende la preocupación del autor de la columna, porque esa “mejor oposición” esta muy lejos de que coagule, en tanto lo único que prima en los viejos partidos es la lucha fraccional interna, por eso no aparecen como una “alternativa real”. Lo que es una lástima porque si fueran una alternativa, el debate del Uruguay sería otro.
No creo que este editorial de El País tenga eco en las corrientes más de derecha de los partidos tradicionales, a pesar de la inteligencia exhibida con la intención de intercambiar ideas entre las filas opositoras. Lo dudo.
*Maestro y periodista
Columna publicada en La República el 30 de abril
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