La consigna unificadora: ¡Fuera Sarkozy!
Una instancia decisiva para Francia y Europa
Por Niko Schvarz*

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El 6 de mayo se juega en Francia una instancia decisiva, en el segundo turno de la elección presidencial. Una victoria de François Hollande cambiaría el curso que ha venido padeciendo el país en los últimos años con gobiernos de derecha, particularmente en el quinquenio, que llega a su fin, de Nicolas Sarkozy. Son considerables las consecuencias que tendría tal resultado en Europa, ya que golpearía de lleno el eje Merkel-Sarkozy (el denominado Merkozy), que es sinónimo de la aplicación del modelo neoliberal a ultranza y de su imposición sin miramientos a toda la Europa comunitaria por medio del gobierno real configurado por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI, al margen de las decisiones del cuerpo electoral de los distintos países.

En el caso de Francia, este modelo se ha traducido en ataques a la legislación social consagrada desde hace largos años como la semana laboral de 35 horas, el desempleo creciente (cerca de un millón de trabajadores perdieron su empleo bajo el actual gobierno), todo ello sumado al retraso de la edad para acogerse a la pasividad y a una política agresiva contra los inmigrantes. En el tramo final de la batalla electoral, Sarkozy ha endurecido de manera brutal (que ha asustado hasta a integrantes de su propio campo y al ex primer ministro Dominique de Villepin) sus propuestas contra los inmigrantes de todo signo, en una maniobra para aproximarse a las concepciones de la ultraderechista Marine Le Pen y cosechar una parte de los votos que fueron a parar al Front National.

Además de las estadísticas, que le están dando a Hollande una ventaja del orden de 10 puntos, lo que permite augurar el triunfo del candidato socialista es que se ha configurado una poderosa corriente de opinión, integrada además por el Front de Gauche, los restantes partidos de izquierda y ecologistas, el movimiento obrero en sus distintas vertientes, la juventud estudiantil y diversos sectores sociales, levantando una gran consigna unificadora: ¡Fuera Sarkozy!

Por otra parte, el resultado del 6 de mayo puede impactar de lleno en las elecciones legislativas en los dos turnos de los días 10 y 17 de junio. Existe un acuerdo en principio entre el Front de Gauche y el Partido Socialista de votar al candidato mejor situado. En el campo opuesto, el Front Nacional está poniendo a Sarkozy contra las cuerdas para arrancarle la promesa de que hará votar por su candidato (el del FN) en las circunscripciones en que la representación esté en disputa con los socialistas o el Front de Gauche.

Al final del primer turno, el secretario Nacional del PCF, Pierre Laurent, declaró que “los casi 4 millones de votos obtenidos por Jean-Luc Mélenchon, el candidato común del Frente de Izquierda, representan un resultado inédito y un éxito en esta elección. El pueblo combatiente, la izquierda valerosa y el compromiso están de regreso y tras su huella la esperanza de cambiar la vida, de abrirle otro futuro a nuestro país, Francia, y a la vez a Europa”. Y formula un llamado “al reagrupamiento, lo más amplio y fuerte posible, de toda la izquierda, de todo nuestro pueblo para derrotar a Nicolas Sarkozy votando por el candidato socialista François Hollande. La derrota del presidente saliente deberá ser amplia, clara y neta. Pondremos toda nuestra fuerza en ello. Todo debe ser hecho para impedir la reelección del candidato de la UMP y del Medef”. Esto último alude a las grandes patronales, y al hecho de que Sarkozy ha sido definido como “el presidente de los ricos”, recordándose que después de su triunfo electoral en 2007 se reunió en un banquete suntuoso con algunas de las mayores fortunas de Francia.

El peligro de la extrema derecha en Francia y en Europa
El dirigente comunista destaca asimismo que Sarkozy no ha dudado en retomar en varios aspectos el programa del Front Nacional, y afirma: “La derecha y la extrema derecha no pasarán. Francia no merece cinco años suplementarios de esta pesadilla. Combatir y hacer fracasar las ideas xenófobas y racistas de Marine Le Pen sigue siendo de una actualidad candente. El Frente de Izquierda se siente orgulloso del trabajo que empezó solo en esta campaña, para hacer retroceder las ideas del FN. Vamos a amplificarlo en las próximas elecciones legislativas”.

Un aspecto de esta confrontación se verá en las manifestaciones del 1º de Mayo. Los sindicatos obreros, que han llamado sin equívocos a votar contra Sarkozy a causa de su política anti-obrera, harán una manifestación que culminará en la Place de la Bastille, el mismo lugar donde convergió la primera gran concentración masiva del Front de Gauche. Acaban de reiterarlo los dirigentes Bernard Thibault, de la CGT, y Jean-Claude Mailly, de Force Ouvrière. El Front de Gauche convocó a sus militantes a sumarse a las concentraciones de los trabajadores, en París y en todas las ciudades. De manera análoga, los estudiantes, agrupados en la UNEF, exhortaron a pronunciarse contra Sarkozy, el 1º de Mayo en las calles y el 6 en las urnas. El presidente, en una maniobra divisionista de baja estofa que ha merecido un repudio generalizado, ha pretendido dividir a los trabajadores en “verdaderos” y “falsos” (como en su hora lo hicieron Pétain y Laval, los agentes colaboracionistas de los ocupantes nazis) y llama a una concentración en la Place du Trocadéro, cerca de la Tour Eiffel. Por su parte, Marine Le Pen cita a una tercera manifestación desde la Place de L’Opéra hasta el monumento a Jeanne d’Arc.

También en este terreno, la elección francesa repercutirá en Europa, que ha visto crecer en los últimos años a la extrema derecha de manera altamente preocupante. En Francia el FN alcanzó en el primer turno 17,9% y 6.421.773 votos, su mejor resultado desde su fundación en la década de los 80. Por la misma época surgía en Austria el FPÖ (Partido Austríaco de la Libertad) de Jörg Haider, que llegó a integrar en esos años una coalición gubernamental con los socialdemócratas, y volvió al gobierno en 1999 con 27% de los votos en las elecciones legislativas. Ahora es un partido legitimado, crítico de la Unión Europea y violentamente islamófobo. En Holanda, el Partido por la Libertad (PVV), dirigido por Geert Wilders, obtuvo 24% de los votos en las elecciones de 2010 e integró la coalición derechista dirigida por Mark Rutte que gobernó hasta ahora y que acaba de caer, forzando elecciones anticipadas, precisamente porque Wilders le retiró su apoyo.

En los países escandinavos también creció la extrema derecha, como ocurrió en Dinamarca entre 2009 y 2011, en que integró alianzas de gobierno. En Noruega, el Partido del Progreso obtuvo el 22% de los votos. En Finlandia, el Partido de los Verdaderos Finlandeses alcanzó 19% de los votos y se convirtió en la tercera fuerza política. En Suecia, el Partido Demócrata entró por primera vez al Parlamento. En Italia opera la regionalista y profascista Liga del Norte de Umberto Bossi y el neofascista Movimiento Social Italiano de Gianfranco Fini, que luego participó en el gobierno de Silvio Berlusconi. Estos partidos de extrema derecha están creciendo incluso en los países del ex bloque socialista, como sucede en Hungría.

Ahora Sarkozy acaba de declarar que las opiniones de Marine Le Pen son “compatibles con los valores de la República”.

Angela Merkel en la campaña electoral francesa
A todo esto la canciller alemana Angela Merkel, interviniendo en la campaña electoral francesa, expresó su apoyo a Nicolas Sarkozy y confrontó con el candidato socialista François Hollande, quien declaró que era partidario de cambiar el pacto fiscal europeo de manera que, además de reducir los déficits gubernamentales y la deuda pública, incluya medidas de fomento del crecimiento. Merkel replicó airadamente que el ajuste fiscal es inmodificable. De los 27 países de la Unión Europea, 25 ya han suscrito dicho pacto fiscal, que implica la llamada austeridad presupuestaria. Las excepciones son el Reino Unido (que junto a España, ya ha entrado en recesión técnica, con dos trimestres consecutivos en rojo) y la República Checa. Hablando de España, la política que se pretende aplicar como un dogma intangible a todo el continente es la que la ha llevado a un aumento de la desocupación que alcanza el 24,4% (con 5.639.500 parados, abarcando 1,7 millones de familias) y con 1 de cada 2 jóvenes menores de 25 años sin trabajo, un auténtico record.

Hollande ha declarado que “Alemania no puede decidir sola por el resto de Europa”, lo que hace prever una aguda zona de confrontación a corto plazo, con derivaciones en todo el Viejo Mundo.

* Periodista y Escritor uruguayo

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