Victoria socialista con el apoyo de toda la izquierda
ncia señala un cambio para Europa,
contra la política de austeridad

Por Niko Schvarz*

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Manos amigas me hacen llegar una descripción de la explosión de alegría que recorrió las calles de París en la noche del domingo 6, a partir de la mítica Place de la Bastille, tras el mitin de celebración de la magnífica victoria de François Hollande y el retiro de la escena de Nicolas Sarkozy. Revivió el título de la obra póstuma de Ernest Hemingway: París era una fiesta. Y no solo París, sino Francia entera.

El candidato socialista, con 18.000.438 votos que conforman el 51,62% de los votos válidos, derrotó al presidente saliente (para siempre), que logró 16.869.371 votos (48,38%). Los inscritos eran 46.073.165, la abstención alcanzó el 19,66%, los votos blancos o nulos cifraron 4,66%, por lo cual los votos válidos alcanzaron 34.869.809 (75,68% de los inscriptos), que se repartieron en las proporciones indicadas, con una ventaja de 1.131.067 votos para el candidato del PS.

En el primer turno de estas elecciones presidenciales, el 22 de abril, François Hollande recogió 10.272.705 votos, el 28,63% de los votos válidos. En el aumento considerable de su votación en el segundo turno influyó notoriamente el hecho de que el Frente de Izquierda (Front de Gauche), así como Europe Écologie Les Verts de Eva Joly, el Nouveau Parti Anticapitaliste de Philippe Poutou y Lutte Ouvrière de Natalie Arthaud resolvieron unánimemente votar por Hollande, unificados bajo la consigna de sacar de la Troya a Sarkozy. Estos partidos reunidos sumaron en el primer turno 5.426.875 votos, el 15,13% de los votos válidos.

Es revelador constatar asimismo el descenso de la votación de Sarkozy en relación a la que obtuvo en la elección de 2007 que lo consagró presidente frente a Ségolène Royal. En aquella ocasión alcanzó 18.583.138 votos, o sea que perdió 1.713.767 votos entre una y otra. La candidata socialista obtuvo en aquella instancia 16.790.440 votos. Ahora el resultado de Hollande se acrecentó en 1.209.998 votos.

Si se mira el mapa electoral de Francia, predominan ampliamente las regiones rojas sobre las azules. El resultado de París es contundente: 55,60% a 44,40%. Ségolène Royal dijo que “la fiesta de la Bastille es la fiesta de la fraternidad”, aludiendo al hecho de que en la plaza tremolaban las banderas de todas las fuerzas de izquierda acompañando la rosa en el puño de los socialistas. Para los jóvenes de esta tendencia significaba revivir el espíritu de 1981, sellado por la victoria de François Mitterrand. La mayoría de los arrondissements (circunscripciones) son rojas. El alcalde (maire) Bertrand Delanoë saludó esta “victoria histórica”. Esto se extiende a buena parte del país. En Toulouse, escenario de los recientes incidentes sangrientos, se gana con 62,54% y en Marsella ajustadamente con 50,87%. En la Seine-Saint-Denis la izquierda domina ampliamente. En la Basse Normandie se registra un score histórico para Hollande y en el Limousin también sale victorioso por amplio margen. En Puy-de-Dôme el resultado es 60,46% a 39,54%. En Nord-Pas de Calais la región vuelve a estar anclada en la izquierda. En Languedoc-Roussillon la izquierda gana en 3 de los 5 departamentos. Pero no todas son flores. La isla de Córcega (la cuna de Napoleón) vota a la derecha y la Lorraine, en la frontera con Alemania, sigue inconmovible en esa tendencia.

Estos resultados se trasladan a los territorios de ultramar. En América, Guadalupe vota con 71,93% por Hollande, la Martinica con 68,43%, la Guayana francesa con 62,05%. En la isla de la Reunión, el voto por Hollande es de 71,49%.

Las repercusiones en Europa fueron inmediatas y de elevado contenido. El politólogo Arnaud Montebourg escribió que la elección significaba “una bifurcación de la historia, un trueno en Europa, una alternativa más que una alternancia”. En Italia expresan que la victoria de Hollande cambia el destino de Europa. Desde España señalan que Hollande dará impulso a otra Europa. Los portugueses destacan la política anti-austeridad que propugna Hollande. Angela Merkel, que se había pronunciado públicamente por Sarkozy, admite que habrá que trabajar con Hollande, pero el eje del Merkozy, base de la política de austeridad, está a ojos vista resquebrajado. Obama felicitó a Hollande y lo invitó a la Casa Blanca.

Aludiendo precisamente a ese tema central, Hollande dijo en el mitin final que los pueblos de Europa desean el fin de la política de austeridad. “Europa nos mira, la austeridad no puede ser una fatalidad”, declaró. (En cierto sentido y a su manera también lo dijo el pueblo de Grecia en la elección crucial del mismo domingo). En esa dirección se comprometió a concentrar sus esfuerzos, ya que tal es el contenido esencial de la propuesta de cambio que formuló a los franceses, y que extendió a toda Europa, con estas palabras: “Ustedes son mucho más que un pueblo que quiere cambiar, son ya un movimiento que se levanta en toda Europa y tal vez en el mundo para promover nuestros valores, nuestras aspiraciones y nuestras exigencias de cambio. Hay pueblos que miran a nosotros y quieren terminar con la austeridad”.

Para eso reclamó a la ciudadanía darle una mayoría en la Asamblea Nacional, lo que proyecta la jornada victoriosa del domingo 6 a las elecciones legislativas del 10 y 13 del próximo mes de junio.

MAS AQUÍ: Hollande -¿Un presidente de fiar?

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