|
Recuerdo de una fecha histórica
Ocurrió en Saigón, hoy ciudad Ho Chi Minh
Por Niko Schvarz*
AQUÍ MAS DEL AUTOR
Escribo estas líneas el 30 de abril, vísperas del día internacional de los trabajadores. Esta fecha permanecerá en la historia, porque ese día del año 1975 las fuerzas del ejército nacional de liberación de Vietnam del Sur irrumpieron en el palacio gubernamental de Saigón mientras el gobierno títere de Sudvietnam huía a la desbandada. En los días previos, ante la ofensiva del ejército liberador se había tomado los vientos el embajador norteamericano Grahan Martin, que fugó en helicóptero desde el techo de la sede diplomática, con sus allegados trepando en forma precipitada a los aparatos y registrados en fotos que dieron la vuelta al mundo. Ya antes, en enero de 1968, la embajada yanki había sido ocupada durante 24 horas por las fuerzas liberadoras.
Al joven tanquista Le Van Phuong, participante en las batallas de la carretera 9 y de Da Nang, le correspondió derribar las puertas del palacio de gobierno de Saigón, según una toma para la posteridad de la fotógrafa francesa Françoise Demulder. El jefe de su compañía, Bui Luang Than, izó en lo más alto del recinto la bandera de la liberación. Ello trae el recuerdo de los sargentos del Ejército Rojo, Mijaíl Yegórov y Melitón Kantaria, que plantaron la bandera soviética en la cúpula del Reichstag en Berlín, precisamente el 30 de abril, pero de 1945, 30 años antes.
Al día siguiente de aquellos acontecimientos, el ejército de liberación y el pueblo de Vietnam del Sur desfilaban en conmemoración del Día Internacional de los trabajadores por el centro de Saigón, rebautizada con el nombre de Ho Chi Minh, el héroe de la lucha por la reunificación del país, su primer presidente tras la proclamación de la República el 2 de setiembre de 1945, y quien guió a todo el pueblo unido en la lucha contra el colonialismo francés, los ocupantes japoneses y los imperialistas norteamericanos. Antes, en una lucha multisecular, el pueblo vietnamita luchó por mantener su identidad nacional y su integridad territorial contra las incursiones chinas en varias oportunidades e incluso contra las huestes de Gengis Khan. Siempre, a través de los siglos, con el arma al brazo.
En esta lucha prolongadísima, ocupa un lugar destacado la batalla de Dien Bien Phu de mayo de 1954 contra las tropas de Francia, país que había colonizado a sangre y fuego toda la península indochina (Vietnam, Laos y Camboya) desde el siglo XIX, y que después de la II Guerra Mundial, desalojados los ocupantes japoneses por las fuerzas vietnamitas, pugnaba por reconquistar su antigua colonia. Esta batalla fue un prodigio de arte militar, la de un ejército constituido por el pueblo en armas contra las tropas especiales de una gran potencia. El héroe de estas jornadas, general Vo Nguyen Giap, hoy sobrepasó los 100 años de edad, rodeado del cariño de todo su pueblo. Expulsados los franceses sin retorno, Estados Unidos pretendió ocupar su lugar, y desencadenó la guerra más cruenta de la segunda mitad del siglo XX, que epilogó precisamente con su derrota en el episodio del año 1975 a que aludimos al comienzo, del que acaban de cumplirse 37 años.
La derrota del imperialismo norteamericano Tres presidentes norteamericanos estuvieron empeñados en esa guerra: John F. Kennedy, Lyndon B. Johnson y Richard Nixon, el pillastre desaforado. Para escapar al pantano en que se habían metido, lanzaron nada menos que a Henry Kissinger para buscar una salida, por medios engañosos, en sucesivas conferencias en París. Las tropas norteamericanas transformaron Vietnam del Sur en territorio ocupado, lanzaron a la batalla contra Vietnam del Norte un millón de hombres junto a los efectivos sudvienamitas a sus órdenes, arrojaron más bombas de sus B-52 en ese estrecho territorio que en toda la segunda guerra mundial, utilizaron defoliantes y gas naranja, verdaderos crímenes de guerra cuyos efectos se sienten hasta hoy, arrasaron poblados enteros como My Lai dando muerte a todos sus pobladores, remedando los crímenes de los nazis en Lídice y los fascistas en Guernica, destruyeron diques y represas, hospitales y asilos de ancianos, bloquearon con minas los puertos y los ríos. Nada igual se había visto desde el fin de la guerra en 1945.
Comenzaron esta etapa con la provocación del Golfo de Tonkín en 1964, un autoataque contra los destructores USA Maddox y Turner, que afirmaron habían sido atacadas por lanchas torpederas norvietnamitas en aguas internacionales de dicho Golfo (lo que según se reveló mediante los Documentos del Pentágono en el año 1971 había sido fraguado por el propio gobierno estadounidense). Y después de 10 años de guerra, con la mayor movilización de tropas de EEUU después de la segunda conflagración mundial, tuvieron que retirarse con la cola entre las patas, dejando sus aviones en tierra, abandonando al gobierno títere a su suerte. Antes del desenlace, el 26 de abril de 1975, el último de los “gobernantes” colocados a dedo por EEUU, Nguyen Van Thieu, se había fugado hacia Taipei. Fue el “sálvese quien pueda” general. Como los militares franceses después de Dien Bien Phu.
En la etapa final, la ofensiva se desplegó a partir del 10 de marzo de 1975 a lo largo y ancho del sur del país. Poblados, ciudades y provincias fueron cayendo progresivamente a manos de las fuerzas del Gobierno Revolucionario Provisional (GRP) de Vietnam del Sur. Este gobierno se constituyó en mayo de 1960 y se iba integrando en las regiones liberadas. Por ejemplo, Cuba tenía su embajada en una de dichas regiones, a cargo de Raúl Valdés Vivó. El 26 de abril se inicia la campaña para la liberación de Saigón. Es fulgurante, dura menos de 48 horas. Con la entrada de un tanque del ejército del FNL en el palacio presidencial, el 30 de abril, cae la última fortaleza de EEUU y el seudogobierno adicto en Vietnam del Sur. El 7 de mayo, tras la manifestación jubilosa del 1º de Mayo, se proclama la paz, la independencia y la reunificación de Vietnam.
La antigua capital de Vietnam del Sur, al sur del renombrado paralelo 17º, es bautizada como Ciudad Ho Chi Minh, en homenaje a quien sigue siendo hasta hoy su máxima figura nacional, el gestor de la unidad de todo el pueblo para la conquista de la independencia y la libertad.
He querido recordar este episodio porque ha quedado grabado en la historia. Fue la primer gran derrota militar del imperialismo norteamericano, empeñado en la batalla con buena parte de su fuerza militar, a manos de un ejército del pueblo en armas y unido por su vocación de independencia, el bien más preciado al decir de Ho Chi Minh. Hoy vemos que los vietnamitas avanzan por ese camino, construyendo una sociedad que restaña las heridas de una guerra feroz y prolongada, impulsa un creciente desarrollo económico a tono con el del sudeste asiático en su conjunto (una de las regiones más dinámicas del planeta), eleva el bienestar de las grandes masas de su población y constituye un factor activo en la lucha por la paz mundial.
*Periodista y Escritor uruguayo
LA ONDA® DIGITAL
|
|