La ALADI sólo tiene sentido si la gente
común, vive mejor y disfruta de
más prosperidad

El pasado 9 de mayo el Embajador Ruy Carlos Pereira, fue recibido como nuevo delegado permanente de Brasil en el Mercosur y en la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), por el Comité de Representantes y por el lic. Carlos Chacho Alvarez , Secretario General de la ALADI. Lo que sigue a continuación fueron los aspectos más salientes del discurso pronunciado por el embajador Ruy Carlos Pereira, luego de saludar a las autoridades presentes.

- Mis primeras palabras son de reiterado agradecimiento a la Señora Presidenta de la República, Dilma Rousseff, y al Canciller Antonio Patriota, por el gran honor y la confianza que en mí depositaron al traerme a esta noble y alta función de Representante Permanente de Brasil ante el MERCOSUR y la ALADI. Para esto, conté con la aprobación del Senado Federal, tal como lo determina la Constitución de mi País, lo que le confiere una legitimidad adicional, en tanto democrática, al ejercicio de las responsabilidades de Jefatura de esta Misión Diplomática de Brasil en Montevideo.

Coincidencia o no, en los años 80 fui Jefe de la entonces División Económica Latinoamericana del Itamaraty, unidad de la estructura de la Cancillería brasileña que se ocupaba específica y exclusivamente de la integración regional; también me correspondió ejercer las funciones de Secretario Ejecutivo de la Comisión Nacional de Asuntos de la ALADI, instancia de diálogo y coordinación del Gobierno con la sociedad civil organizada con respecto a las iniciativas y a la política de Brasil para esta Asociación. Ya a principios de los años 90, viví por primera vez en la capital de los orientales, amable y acogedora ciudad, habitada por gente sensata y valiente. Desempeñé entonces las funciones de Consejero en la Delegación Permanente que, hoy, veinte años después, tengo el orgullo de asumir. En aquella época, mi Jefe aquí en Montevideo, el amigo Embajador Jerônimo Moscardo, insistía en que, algún día, yo estaría sentado en este sillón, en este Comité, en nombre de Brasil. Y yo no lo creía. Pues aquí estoy.

En 1991, participé del proceso de gestación del MERCOSUR, en la medida en que trabajé en la etapa final de la negociación del Acuerdo de Complementación Económica Nº 18, el ACE 18, instrumento que amparó el programa de desgravación arancelaria del Tratado de Asunción bajo la cobertura jurídica del Tratado de Montevideo - 1980, sin el que no habría sido posible implementarlo a la luz de las normas multilaterales de comercio.

Nunca dejé de seguir, con especial interés, los temas relacionados con la integración de nuestros países, aún cuando el servicio diplomático de Brasil me convocó para funciones permanentes en Madrid y en París, en Lima y en Buenos Aires, o incluso en Brasilia. Continúo siendo un fervoroso entusiasta del proceso de integración regional, y del MERCOSUR en particular.

Es, por lo tanto, con gran disposición, y con un claro sentido de misión y de compromiso con la materialización de los altos objetivos del Tratado de Montevideo, que me sumo a los trabajos de este Comité.

Brasil reconoce, y defiende, la inmensa contribución y el extraordinario patrimonio que la ALADI representa para la integración regional, hecho que es innegable cuando se tiene presente el incremento continuo del comercio entre nuestros países.

Recuerdo algunas cifras elocuentes: el comercio intra-ALADI, en 2011, fue de U$S 153 mil millones de dólares, 22% por encima de los U$S 125 mil millones de 2010, en plena crisis económico-financiera internacional; el 77% del valor del comercio intra-regional se hizo, en 2010, al amparo de Acuerdos de la ALADI; y el 73% de las preferencias intrazona ya alcanza el 100%. En el caso de Brasil, el 86% de las exportaciones hacia la región se apoyaron en las preferencias arancelarias negociadas en esta mesa. Estos números seguramente responden por la mayor parte del interés que la Asociación suscita: con la reciente incorporación de Panamá y la inminencia de la adhesión de Nicaragua, en breve ya seremos 14 países miembros. Esta sala comienza a quedar chica para acogernos, lo que es bueno y debe ser bienvenido y estimulado.

Es real, por lo tanto, que la ALADI avanza en dirección del mercado común latinoamericano que nuestra carta fundacional, el Tratado de Montevideo-1980, establece como el objetivo de largo plazo de la Asociación. En cada paso que damos, no obstante, no debemos olvidar que el Tratado estableció que este objetivo de largo plazo, que debía ser alcanzado de forma gradual y progresiva, es parte del proceso del desarrollo económico-social, armónico y equilibrado, de la región. O sea, y para ser más claros, debemos tener siempre presente que el mercado común será el resultado del proceso de desarrollo, y no a la inversa. Y aquí, el orden de los factores, sí, altera el producto.

Como Representante Permanente de Brasil, no puedo dejar de dar prioridad a la dimensión más amplia de la integración, más allá del comercio. Así lo determina el artículo 4º de la Constitución de la República, y lo cito, "La República Federativa de Brasil buscará la integración económica, política, social y cultural de los pueblos de América Latina, apuntando a la formación de una comunidad latinoamericana de naciones" (fin de la cita). Animado y orientado por este mandato constitucional es que, diligente e incansablemente, conduciré a mi Delegación en el cumplimiento de las instrucciones del Canciller Antônio Patriota para implementar la política exterior del Gobierno de la Presidenta Dilma Rousseff.

Permítanme comentar la dimensión tradicional de la ALADI, o sea, las negociaciones entre los países-miembros, realizadas bajo el TM80, que conducen a la profundización y a la ampliación de la integración comercial; y también las tareas desempeñadas por la Secretaría General, que son instrumentales e indispensables para el avance del proceso de integración, como es el caso de la elaboración de estadísticas consistentes y actualizadas; el registro de Acuerdos y protocolos adicionales; la información periódica a la Organización Mundial de Comercio sobre la firma de nuevos Acuerdos en el ámbito de la Asociación; y la gestión de la certificación de origen bajo el TM80 - certificación que, en el más breve plazo posible, espera Brasil que se podrá realizar en medio digital.

Brasil, Señor Secretario General, continuará brindando su más firme apoyo a estas y a otras actividades de la Secretaría General, porque ellas representan, a nuestro entender, el núcleo de la Asociación. Sin el cumplimiento de ellas, no es posible hacer integración a la sombra sumisa del TM80.

Tampoco lo es sin la continua actualización de la Nomenclatura Aduanera de la ALADI - Sistema Armonizado, la NALADI-SH, o NALADISA, en la abreviatura en español. Como sabemos, en la medida en que la Organización Mundial de Aduanas introdujo modificaciones en el Sistema Armonizado, la ALADI fue ajustando la NALADI, registrándose las versiones de 1992, de 1996 y la de 2002; actualmente, subsisten Acuerdos en NALADI/NCCA y en las tres versiones actualizadas de la NALADI-SH. La trasposición de nuestra nomenclatura aduanera hacia versiones actualizadas se viene llevando a cabo en forma gradual, en la medida en que se van firmando los Protocolos de Adecuación de los Acuerdos. Es urgente e indispensable firmar los Protocolos de Adecuación restantes, pues la situación actual de convivencia de tantas versiones diferentes de la NALADI es contraproducente para la consistencia de las estadísticas de comercio, acarrea costos operacionales adicionales innecesarios para los operadores del comercio, y conspira contra la percepción general de seriedad y utilidad que todos deseamos para esta Asociación y para sus instrumentos.

Los datos de comercio que mencioné demuestran que los países-miembros de la ALADI sabemos valernos del TM80 para avanzar en la integración comercial. Sin embargo, también señalan que hay espacio no sólo para estimular el uso de preferencias ya existentes - sobre todo por parte de los PMDERs - sino también para ampliar aún más las reducciones arancelarias. Debemos, y podemos, al mismo tiempo ampliar la red de Acuerdos de libre comercio entre nosotros y acelerar los cronogramas de liberalización comercial ya acordados. En otras palabras, el objetivo más importante de la Asociación, en el plano del comercio y a nuestro alcance inmediato debe ser acelerar el paso para la constitución del área de libre comercio intrazona.

Es necesario, sin embargo, adoptar una actitud de sensatez y mesura, que inspire iniciativas de contenido práctico y que puedan sumar esfuerzos, en lugar de dispersarlos. Integración no es lo mismo que homogeneización. Avanzar en la liberalización comercial no puede ser incompatible con la realidad exuberante y rica, vigorosa y dinámica de la diversidad de los modelos de desarrollo nacionales que tenemos y que juzgamos más adecuados, cada uno de los países-miembros, para nuestras circunstancias internas y para el momento histórico contemporáneo.

La importancia y el papel central de la ALADI en la integración latinoamericana se extienden más allá de la negociación de preferencias arancelarias, más allá del comercio. Después de todo, ningún proceso de integración en la región conjuga, al mismo tiempo, la cualidad plural de esta mesa; la extraordinaria competencia técnica y profesional de los funcionarios de la Secretaría General, a quienes doy la bienvenida con elogios y entusiasmo, en esta oportunidad; y, sobre todo, la experiencia práctica que vinimos acumulando hace más de 50 años. No me canso de reiterar que es aquí, en la ALADI y en Montevideo, donde aprendimos a hacer integración - y continuamos haciéndolo, todos los días. En este sentido, la ALADI y, antes de ella, la ALALC, son la verdadera cuna de esta idea-fuerza que hoy nos reanima a todos, a todos nos estimula, a todos nos compromete y obliga.

Estas credenciales únicas hacen posible y oportuno que la ALADI ejercite una capacidad hasta ahora poco explotada: la reflexión sobre el papel de América del Sur, de América Latina en el escenario internacional presente y nuestras habilidades y oportunidades para convertir dichas reflexiones en acciones prospectivas que nos hagan precavidos contra las trampas del futuro y nos amplíen las visiones para moldelarlo, para construirlo según nuestras posibilidades y de acuerdo a nuestros intereses comunes.

Tengo claro que el Secretario General coincide con esta percepción, al promover iniciativas como el Observatorio sobre las relaciones entre América Latina y la región Asia-Pacífico, y eventos como el reciente seminario sobre la importancia de China para la región, cuando pudimos beneficiarnos de la sabiduría y del conocimiento - vivido, además - de nuestro estimado Presidente, el Representante Permanente de México, Embajador Casio Luiselli.

Es oportuna, de hecho, la discusión sobre el significado de la presencia creciente y variada de China en la región. En 2010, según la CEPAL, China fue el tercer principal inversor entre nosotros, con U$S 15 mil millones. En 2010 y en 2011, China fue el segundo origen principal de nuestras importaciones - incluso detrás de los Estados Unidos, pero ya al frente de la Unión Europea. En estos dos años, figuró también como tercer principal destino de nuestras exportaciones hacia el resto del mundo. Pero China no resume a toda la región del Asia-Pacífico. Me recordó el otro día nuestro Presidente, la relevancia de India; y se puede agregar, entre otros, Indonesia. Pensar el futuro, como propone el Secretario General, está íntimamente asociado a construir bien el presente.

Nuestro presente está aún perturbado por las turbulencias que se abalanzan contra las llamadas "monedas de reserva internacionales" - el "tsunami monetario", como ha sido alertado por la Presidenta Dilma Rousseff. De ahí el renovado interés que deben lograr los mecanismos regionales de pago.

Propongo que trabajemos por la ampliación, modernización y perfeccionamiento del Convenio de Pagos y Créditos Recíprocos, el CCR. El CCR ha permitido a sus países signatarios economizar miles de millones de dólares anuales en los pagos de las importaciones, lo que, en la práctica, contribuye hacia una mayor resistencia de las economías nacionales a los impactos de la crisis internacional. Podemos atrevernos a más, y tratar la transformación del CCR en un verdadero instrumento de apoyo financiero para proyectos de desarrollo regional. El Banco Central de Brasil contempla esta hipótesis. En esta misma línea del perfeccionamiento del CCR, debemos revisar, con carácter urgente, la importancia de la adhesión de Nicaragua al Convenio. Este es un tema que debería merecer atención especial por parte del Consejo de Asuntos Financieros y Monetarios, ya en 2012.

Es urgente y necesario ampliar nuestra propia capacidad para financiar el desarrollo, hacia proyectos de infraestructura física y otros que contribuyan efectivamente para la interconexión de nuestras plataformas productivas, para aumentar nuestra competitividad internacional, para la articulación de nuestros espacios territoriales y de nuestras estructuras económicas, sociales, científicas, tecnológicas, culturales y de innovación. La inminente entrada en operación del Banco del Sur, sumada a las actividades ejemplares de la Corporación Andina de Fomento y a las interesantes perspectivas de un CCR renovado, junto con las operaciones de los bancos nacionales de desarrollo, son todas perspectivas auspiciosas, que debemos explotar y expandir.

Ya nos encontramos, a esta altura de mis palabras, en la dimensión económica de la integración, más allá del comercio.

En este campo, uno de los obstáculos más resistentes al avance de la integración son los desequilibrios de todo tipo entre nuestros países, en especial los relacionados a los países de menor desarrollo económico relativo - PMDERs. La persistencia de estos desequilibrios limita nuestra capacidad conjunta de profundizar el proceso de integración y, finalmente, termina condicionando, a la baja, el ritmo de nuestro avance. Es urgente y prioritario dar curso a iniciativas a favor de los PMDERs y de sus pequeñas y medianas empresas en el contexto de la Resolución 390 de este Comité, adoptada el 14 de diciembre pasado.

La prioridad renovada a la atención hacia los PMDERs debe ser acompañada de otros enfoques para nuestros análisis, deliberaciones y, principalmente, acciones. Me refiero a las cuestiones que preocupan, ya sea a la propia médula de nuestros aparatos productivos nacionales y a las posibilidades de su interconexión, como a las nuevas tendencias que se van detectando en el escenario internacional, en la medida de la persistencia de la crisis económico- financiera de las grandes potencias del Norte y de la incesante emergencia de nuestros países como polos dinámicos del mundo. Recuerdo, a propósito, temas que nos fueron propuestos por nuestro Presidente y por el Secretario General: medios alternativos de pagos (el propio CCR, el Sistema Único de Compensación Regional de Pagos - SUCRE, el sistema de pagos en moneda local que utilizamos Brasil y Argentina y que estamos por implantar con Uruguay, por ejemplo); el papel y la importancia centrales de las pequeñas y medianas empresas en nuestras economías y sociedades; las iniciativas de interconexión de la infraestructura física - sin lo cual no se podrá ir muy lejos en la integración; la agricultura familiar; las nuevas tendencias y flujos del comercio extra-regional. Mi Delegación está lista para participar de los debates y decisiones sobre iniciativas de la ALADI también en estos campos, entre otros.

Brasil está seguro, Señor Presidente, Señor Secretario General, queridos colegas Representantes Permanentes, que América Latina ostenta, hoy, credenciales de sobra en cada país para, en una perspectiva regional, ir abriendo camino para realizar, con nuestro empeño colectivo, la integración profunda y fuerte que todos anhelamos. En el pasado, quedamos demasiado tiempo presos a visiones importadas que nos adoctrinaban y nos distraían en el sentido opuesto, en el sentido de la desintegración, y que, en la actualidad, prueban la amargura de las mismas recetas que nos prescribían. Es un auténtico cambio de paradigma.

Permítanme repetir, a propósito, las palabras de la Presidenta Dilma Rousseff en la ceremonia de graduación de la generación 2010-2012 del Instituto Río Branco del Itamaraty, la academia diplomática de Brasil, el pasado 20 de abril (y cito): "... nosotros probamos que en Brasil, y no sólo en Brasil, algo que era de una cierta forma una visión distorsionada y muy especializada para países en desarrollo, que no era posible crecer y distribuir renta. Nosotros rompimos con esto. El gran respeto que tenemos es porque no gobernamos sin mirar a nuestro pueblo. Un país que deja a su pueblo al margen de su desarrollo y de su crecimiento no es respetado por nadie. Nosotros tenemos nuestra capacidad de generar respeto, porque generamos antes mejoras económicas y sociales" (fin de la cita).

Esta es la experiencia más importante que América Latina exhibe al mundo hoy en día - la del crecimiento con inclusión social, en el imperio de la ley y con respeto por los derechos humanos. Es imperativo, en la visión de Brasil, que esta valiosa experiencia impregne también las actividades de la ALADI y la agenda de la integración regional.

Tenemos que crear las condiciones para que nuestros pueblos puedan beneficiarse concretamente, todos los días, de la integración. El predominio de la democracia que impera felizmente (y nunca será poco recordarlo), en la región, combinada con la afirmación de nuestras sociedades civiles en el deseo de usufructuar verdaderamente de sus derechos constitucionales, establece finalmente el momento de incluir también a la ciudadanía en el proyecto de integración. Tenemos que asumir esta responsabilidad histórica.

Llegó la hora de que conduzcamos la Asociación hacia la construcción de la ciudadanía regional. Es indispensable, y urgente, ponerle una cara, una cédula de identidad a la integración. Y será la cara de nuestras gentes, de nuestros pueblos, hermanados en la diversidad rica de nuestra cultura, de nuestros orígenes, de nuestras historias. Este es el cimiento que nos unirá indisolublemente.

En este proceso desafiante, pero inevitable, de la construcción de la ciudadanía regional como raíz y fruto de la integración, existe un debate que falta ser incorporado a la agenda de la ALADI: la circulación de nuestros ciudadanos por la región. Creo que es esencial examinar este tema.

No estoy proponiendo simplemente copiar la experiencia de otras latitudes extra-regionales, inclusive porque, allí incluso, vienen sufriendo reveses sorprendentes y completamente inesperados. La sugerencia es trabajar con miras a la adopción de medidas, con la necesaria y recomendada flexibilidad, para facilitar y ampliar gradualmente, con seguridad, la circulación de nuestros ciudadanos entre nuestros territorios. El TM80 prevé formatos jurídicos para dar cabida a la comprensión sobre este tema. No se cumplirá con el objetivo central del art. 1º del TM80 si no trabajáramos para definir esquemas que faciliten, no sólo el comercio, sino también la circulación de las personas.

Creo incluso que la ALADI debe ensanchar sus puertas hacia las fuerzas sociales vivas y dinámicas de la región con el propósito de generar una reflexión más plural y amplia sobre los rumbos, las características, los instrumentos y el contenido de la integración. Reconozco el camino, y es largo, que ya recorrimos desde 1980 en esta trayectoria: la existencia de foros como el Consejo Asesor Laborista y su homólogo empresarial nos permiten ventanas de diálogo válidas y que deberíamos aprovechar mejor. La sugerencia es exponer constantemente nuestros trabajos al escrutinio de la sociedad civil, es invitar a sus líderes para que, al igual que lo hicimos recientemente con los Ministros de comercio, participar de seminarios sobre su visión, sus objetivos, sus prioridades y, sobre todo, sus contribuciones, en cada país y en el plano regional, hacia el avance de la integración de América Latina. Existe una laguna en este sentido, que debemos zanjar, y de forma urgente.

Propongo que la ALADI profundice la integración en las áreas científica y tecnológica, social, cultural y educativa. Un paso correcto en esta dirección es concluir rápidamente la actualización del Acuerdo Regional Nº 7. Podremos, así, facilitar el acceso al conocimiento por parte de nuestros pueblos, estimular la industria cultural en la región, calificar intelectualmente a nuestros ciudadanos e incrementar nuestras bases productivas por la mayor difusión del conocimiento científico y tecnológico y por el estímulo que de allí resulte, a la innovación, a la creatividad de nuestros pueblos. Esta es la clave del éxito en el siglo XXI.

Dejo constancia de un punto que me parece importante entre las credenciales de la ALADI como promotora de la integración con inclusión social: el interés de que Haití se una a nosotros, se torne miembro de la ALADI. Recuerdo que adoptamos, en este Comité, el 10 de febrero de 2010, a propósito de la asistencia internacional a aquel país con motivo de las nefastas consecuencias del devastador terremoto que lo afectó en febrero de aquel año, la Resolución 361, que se refiere a la invitación para que Haití adhiera al TM80 y manifiesta la importancia de que los países-miembros "continúen y profundicen medidas comerciales, financieras y de inversión" a su favor. La renovación expresa de la invitación de adhesión es tema de interés para nuestra reflexión.

Hice mención a los éxitos logrados en la ALADI y a caminos que, con una mirada proyectada hacia el futuro, la Asociación podría explorar con más provecho. Hay todavía un conjunto de temas que me gustaría comentar, dado que nos han ocupado en los últimos años y que, de una u otra forma, no avanzan.

Entrarían en esta categoría, por ejemplo, las discusiones sobre servicios y las diversas modalidades de normas y disciplinas inmersas en los proyectos de regímenes regionales actualmente en negociación. La incorporación de estos temas a la agenda de la Asociación es positiva, y en algunos casos, más que esto, es necesaria. Debemos, sin embargo, ser muy cuidadosos. La incorporación de una manera multilateral, rígida y excesivamente ambiciosa podrá representar no un avance, sino un retroceso. Porque la falta de flexibilidad puede fácilmente llevar al impasse. Y, conviene recordar, fue esto lo que extinguió a la ALALC. Así, que tengamos siempre presente la flexibilidad que fue tan cara, con toda razón, a los negociadores del TM80.

Me gustaría también hacer alusión, antes de concluir estas palabras que ya se van prolongando más de lo que deberían, a tres asuntos puntuales que deben merecer nuestra mayor atención.

Comienzo por el financiamiento de la participación de delegados gubernamentales en reuniones de la Asociación, tema que parece menor, pero que viene aumentando su peso sobre el presupuesto de la ALADI, tan rápido que preocupa. Recuerdo que, en los últimos dos presupuestos anuales, el valor de este item aumentó de 84 mil dólares a más de 370 mil dólares, mientras destinamos, para el año en curso y por ejemplo, 204 mil dólares a la implementación del sistema de apoyo a los PMDERs.

Me refiero también a la necesidad de una adecuada planificación de reuniones y de la oportuna circulación de documentos de trabajo, con tiempo suficiente para que las delegaciones podamos operar munidas de las instrucciones necesarias de sus capitales. Sólo por poner un ejemplo: a solicitud de la Delegación de Brasil, el Comité de Representantes, en su reunión del 9 de septiembre de 2011, acordó que serían elaborados calendarios periódicos de reuniones de los Grupos de Trabajo; sin embargo, hasta el momento, esta práctica no vio la luz del día. También hay que decir que, desde nuestro punto de vista, la experiencia de dos años con la actual estructura de los Grupos de Trabajo recomienda volver a examinar esta cuestión.

El tercer tema tiene que ver con los Acuerdos de cooperación firmados por la Secretaría General. Se cuentan 247 Acuerdos de género, la gran mayoría de ellos vigentes. Quiero entender que este elevado número revela el gran interés que las actividades de la ALADI despiertan. Menciono, a propósito, el ejemplo del reciente Acuerdo con la FAO. Precisamente por esta razón, la sugerencia es que los países-miembros nos involucremos más con la elaboración, e incluso, si fuese necesario, con la implementación de estos Acuerdos, en forma paralela y en colaboración con la Secretaría General.

La sintonía entre los países-miembros y la Secretaría General debe orientar también el debate a propósito de la reestructura de la propia Secretaría General, cuyos estudios se encuentran en curso, siempre con la perspectiva positiva de reforzar la ALADI y su papel protagonista en la región.

La mayor colaboración entre la Secretaría General y los países-miembros encuentra un horizonte más abierto porque tenemos la suerte de contar con la visión de futuro y la fuerza de un importante actor de la integración, en la persona del Secretario General, mi querido amigo "Chacho" Álvarez, personaje por todos conocido y que me exime de mayores comentarios.

En los cinco años y medio en que ejercí las funciones de Cónsul General de Brasil en Montevideo, desde 2006, consolidé mi convicción de que la integración sólo tendrá un futuro sólido, duradero y relevante si se la percibe como una fuente de beneficios reales y concretos, palpables, de alta visibilidad y de real utilidad para la vida cotidiana de nuestros millones de compatriotas.

La ALADI sólo tiene sentido para nuestros países y sólo tendrá la larga vida que todos deseamos, si la gente común, en todos los rincones de nuestros países, pudieran decir, con orgullo, que viven mejor, que son más felices, que disfrutan de más prosperidad y de más oportunidades porque encuentran, por todas partes, en todo lo que hacen para sí y sus familias, más y mejor integración. Este es el sueño que tenemos que transformar en realidad. Y es con este propósito que me uno, con todo lo que esté al alcance de mis fuerzas, para colaborar con ustedes en este Comité.

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

LA ONDA® DIGITAL

Portada


Contáctenos

Archivo

Números anteriores

Reportajes

Documentos

Recetas de Cocina

Marquesinas


© Copyright 
Revista
LA ONDA digital