Dos orientaciones confrontadas
Los primeros pasos del
presidente François Hollande

Por Niko Schvarz*

Las elecciones francesas del 6 de mayo partieron por el eje al Merkozy (la alianza del entonces presidente Nicolas Sarkozy con la canciller germana Angela Merkel), y ello se vio claramente reflejado desde la asunción misma de François Hollande a la presidencia de la República, el 15 de mayo.

En su discurso de investidura en el Palacio del Elíseo, éste declaró, abarcando el continente en su conjunto: “En Europa nos esperan y nos miran, y voy a proponer a mis socios europeos un pacto que una la necesaria reducción del déficit con el indispensable estímulo a la economía”. Lo reiteró instantes antes de abordar el avión con destino a Berlín (que fue alcanzado por un rayo en pleno vuelo): “Necesitamos solidaridad, crecimiento, un nuevo pacto para reducir la deuda estimulando nuestras economías y acuerdos comerciales que respeten la reciprocidad”. Como es sabido, a lo largo de toda su campaña electoral Hollande destacó la necesidad de modificar el pacto fiscal europeo, llamado el pacto de austeridad, y de introducir el factor crecimiento de la economía, lo cual fue motivo de su enfrentamiento con la canciller alemana, que por otra parte se pronunció abiertamente por la candidatura de Sarkozy. Y para que no quedara ninguna duda, reiteró en el marco del encuentro en Berlín: “Estoy a favor de la seriedad presupuestaria, y eso quiere decir estar a favor del crecimiento, porque sin crecimiento, sean cuales fueron nuestros esfuerzos, no alcanzaremos nuestros objetivos”.

Cronistas anotan que este concepto provoca una mueca de incomodidad en el rostro de Merkel, y resumen el contenido del encuentro en estas palabras: “El viaje del presidente electo a Alemania fue la primera cita de importancia internacional con una interlocutora, Merkel, a quien Hollande hizo frente proponiendo cambiar la política de austeridad que la canciller alemana promueve en toda Europa como poción curativa de la crisis”.

Análogamente, en el plano interno los primeros pasos del nuevo presidente constituyeron el reverso de la política del gobierno que se va para no volver. Se ha dicho que Hollande se inscribió en una posición de ruptura con su predecesor, que todos sus juicios fueron una suerte de negación del sarkozismo. Prometió luchar contra todas las discriminaciones al tiempo que instaba a crear “un nuevo camino para Europa”. Su discurso inicial realizó una profunda valoración de la democracia, que se comprometió a desarrollar durante su mandato en tres dimensiones: la democracia social, incluyendo la negociación con todos los sectores sociales; la democracia local, basada en el fortalecimiento de los poderes locales; y la democracia ciudadana, dando lugar a las iniciativas de la sociedad civil. No negó los graves problemas que enfrenta el país: una deuda masiva, un crecimiento débil, un desempleo elevado, una competitividad degradada, una Europa que sufre para salir de la crisis, pero frente a ello recalcó su concepto básico de que la austeridad no era una fatalidad.

La antítesis con el anterior gobierno se marcó asimismo en la extrema sobriedad del acto de asunción, reflejo e una dignidad republicana opuesta a la aparatosidad que revistió el de cinco años atrás. Dijo en ese mismo plano que el poder será ejercido con escrupulosa sobriedad, y que “defenderé siempre el laicismo y lucharé contra el racismo y el antisemitismo”, procurando la reconciliación y la unión entre los ciudadanos. Esto último en clara alusión a la concepción racista y xenófoba del Frente Nacional.

En el encuentro de Berlín se analizó la crisis griega, pero al respecto ambos interlocutores se limitaron a señalar, en conferencia de prensa conjunta, su anhelo de que Grecia permaneciera en la zona euro. Al día siguiente, Le Monde exponía las razones de esta posición (más allá de sus divergencias notorias sobre otros temas capitales) en estos términos: “Grecia se hunde. Al enfermo grave de los 17 miembros de la eurozona le ha vuelto a subir la fiebre. No tiene gobierno y debe volver a pasar por las urnas. No consigue decidirse si debe permanecer dentro de la unión monetaria”. Y agrega esta imagen: “No sorprende que un rayo haya caído sobre el avión del presidente Hollande, Zeus ha querido indicar a su manera lo grave que es la situación”. Esto nos lleva a otro punto clave del panorama europeo.

La tragedia griega y el efecto dominó
En Grecia, los líderes de los partidos Nueva Democracia, Syriza y PASOK que fueron convocados por el presidente Karolos Papulias para formar un nuevo gobierno de coalición después de las elecciones parlamentarias del 6 de mayo, fracasaron en su empeño. Tampoco prosperó la propuesta de conformar un nuevo gobierno de técnicos. La conclusión es que deberán realizarse nuevas elecciones en fecha próxima. El anuncio de que quedaron por el camino los intentos de formar gobierno provocó un desplome de las bolsas en Europa. Es un anticipo del presumible efecto dominó si se concreta la salida de Grecia de la zona euro, alternativa que está en el orden del día.

En las elecciones del 6 de mayo, los partidos que apoyaban el plan de austeridad impuesto por la troika (Banco Central Europeo, Comisión Europea y FMI) sufrieron un descalabro completo. Tal fue el caso de la derechista Nueva Democracia y de los socialistas del PASOK. La izquierda radical configurada por Syriza creció notablemente convirtiéndose en la segunda fuerza política y asoma como la posible ganadora de las próximas elecciones. En el campo de la izquierda se le suma el KKE (Partido Comunista), la izquierda democrática DIMAR y los Verdes, todos ellos opuestos frontalmente al plan de austeridad. Un hecho alarmante ha sido el avance (como en Francia) de la extrema derecha racista, configurada por Alba Dorada, que entró por primera vez al Parlamento. Uno de sus diputados electos, Nikolaos Michaloliakos, acaba de negar el holocausto y calificó a Hitler como “gran personalidad histórica del siglo XX”.

La crisis de Grecia no tiene precedentes, el deterioro del nivel de vida de grandes sectores de la población es enorme, la recesión campea desde hace varios años, crece el desempleo y los suicidios colocan una nota trágica. Si persiste el desgobierno, no hay posibilidad de que lleguen los “fondos de ayuda” europeos, se agotarán los recursos y en julio el gobierno no estará en condiciones de pagar los sueldos y las jubilaciones. En todo caso, se dice, no podrá hacerlo en euros sino con pagarés en dracmas (la antigua moneda griega), mientras la gente se precipita a los bancos a retirar sus ahorros, en una corrida general.

La perspectiva avizorada es que la posible salida de Grecia de la zona euro provoque una crisis bancaria en España, Italia y Portugal, para empezar. Se recuerda que el economista norteamericano y Premio Nobel, Paul Krugman, llegó a evocar a ese respecto el “corralito” argentino, corridas de gente desesperada para recuperar su dinero, acompañado por fuga de capitales en gran escala. En el artículo publicado en su blog de The New York Times, titulado “Eurodämmerung”, Krugman pronostica que Grecia abandonará el euro el mes entrante, lo que provocaría una corrida bancaria en las principales entidades financieras de España e Italia; y que para evitar una quiebra generalizada los Estados limitarán los retiros de efectivo y prohibirán la transferencia de depósitos al exterior.

Dos eventos próximos
Todo esto está en juego en la actual coyuntura europea, que en el caso de Grecia demuestra a qué extremos dramáticos se ha llegado por la aplicación a rajatabla de las políticas de austeridad. En Francia, la expectativa se extiende a las elecciones legislativas del 10 y 17 de junio, en que el conjunto de las fuerzas de izquierda agrupadas en el Frente de Izquierda, más los verdes ecologistas y otros grupos, se esfuerzan por alcanzar un pacto republicano con el PS, animados por el objetivo de dotar de una mayoría parlamentaria al gobierno de Hollande. Y en el seno de la Unión Europea, la próxima cumbre será el escenario en que debatirán las dos tendencias contrapuestas sobre el futuro del continente.

* Periodista y escritor uruguayo

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