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La hegemonía de Alemania en jaque
La Cumbre de la Unión Europea en Bruselas
Por Niko Schvarz*
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En Bruselas se celebró el 23 de mayo la Cumbre de la Unión Europea con el trasfondo de la crisis griega y su extensión a varias naciones del continente. Participaron los 27 países de la Unión Europea: los 17 que integran la zona euro, creada el 1º de enero de 1999 y que con incorporaciones posteriores a sus once estados iniciales está actualmente conformada por Alemania, Austria, Bélgica, Chipre, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Malta, Países Bajos y Portugal; y los 10 miembros de la UE que no utilizan el euro, a saber: Bulgaria, Dinamarca, Reino Unido, Suecia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, República Checa y Rumania. También circula el euro en tres pequeños estados que no forman parte de la UE: Mónaco, San Marino y el Vaticano (envuelto actualmente en los episodios de corrupción en vasta escala del Banco del Vaticano, denominado Instituto de Obras Religiosas, IOR).
La crisis griega ha llegado a un punto en que se considera probable su salida de la eurozona (algunos le ponen fecha, bastante próxima por cierto), con un previsible efecto dominó en países sumidos en la recesión y con elevadas tasas de desempleo. Este cuadro ocupó el primer plano en la reunión de Bruselas. Con un rasgo colateral dominante: la reunión coincidió con la caída en picada de las Bolsas (de París, Milán, Madrid, Frankfort, Londres) y del propio euro. Se ha escrito que estas bolsas “fueron literalmente aspiradas hacia abajo debido a los temores que suscita Grecia y la alarma que se encendió sobre la eventualidad cercana de que abandone el euro”. Según el diario francés Libération y la agencia Reuters los 17 países de la eurozona recibieron instrucciones para ir preparando un escenario sobre la salida de Grecia del euro; y el anterior jefe del Ejecutivo heleno, Lucas Papademos, declaró a The Wall Street Journal que “el riesgo de que Grecia salga del euro es real”.
Esta cumbre tuvo un rasgo diferencial respecto a las anteriores, en las cuales llevaba la batuta el tándem conformado por Angela Merkel y Nicolas Sarkozy, el denominado Merkozy. Ahora este eje se quebró. La orientación política que definió François Hollande es el reverso de la de su antecesor, y esto grabó su sello en la reunión. Angela Merkel reclamó mantener el pacto de austeridad fiscal y, en particular, insistir en la reforma laboral, que se traduce en la reducción de salarios y pasividades y en facilitar los despidos por parte de las empresas, en momentos en que la desocupación crece a límites fuera de control. Un ejemplo: en España, el Congreso de los Diputados acaba de aprobar la continuidad del contrato con despido gratuito (es decir, sin indemnización), que se mantendrá vigente hasta que la tasa de desempleo, que hoy está por encima del 24% (y del 50% entre los jóvenes), se vea reducida a 15%. Pero la previsión del FMI es que recién en 2017 la desocupación bajará a 20%. O sea que las empresas podrán seguir despidiendo a los trabajadores sin pagar indemnización hasta las calendas griegas.
También el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Guido Westerwelle, en una columna publicada en Le Monde de París volvió a defender el rigor presupuestario por encima de cualquier otra consideración.
François Hollande se situó en la tesitura opuesta, colocando en primer término el crecimiento de la economía y del empleo, como lo hizo a lo largo de toda la campaña electoral. Dijo que existían “medidas a largo plazo, como las reformas estructurales o los esfuerzos en materia de comercio y mercado interno”, pero enfatizó que “se debe actuar de inmediato a favor del crecimiento porque de lo contrario no lograremos los objetivos de reducción del déficit”. A su juicio, la austeridad como receta exclusiva (según la fórmula germana) es un agujero negro que se tragará la estabilidad europea. Planteó asimismo el tema de los eurobonos, ante lo cual la reacción de Frau Merkel fue como la del diablo ante la cruz.
El mecanismo ha sido descrito en la siguiente forma: los eurobonos permitirían a los estados europeos obtener préstamos comunes en los mercados y protegerse de los ataques especulativos, ya que los países más vulnerables podrían lograr intereses más bajos, semejantes a las que obtienen las economías más sólidas. Por ejemplo: España e Italia pagan un interés de 5 a 6% por sus préstamos a 10 años, mientras Alemania abona 1,4%. Angela Merkel dice que los eurobonos “son un mal instrumento en un mal momento” y se opone a la propuesta, alegando que sobre esa base los países no harían lo necesario para la reducción de sus déficits.
Así se van alineando las fuerzas para la batalla. De un lado, la política de austeridad y rigor fiscal a cualquier precio, que está haciendo estragos en Europa; del otro, colocar en el centro el crecimiento y el empleo “como rumbo y prioridad de la política europea”, según se ha escrito.
La crisis vista desde Grecia Las dos tendencias son claramente visibles en Grecia misma, en vísperas de las cruciales elecciones de junio. Hay que recordar que en las anteriores elecciones, el 6 de mayo, los partidos que sostienen el plan de austeridad del gobierno (que se traduce en tremendos sufrimientos para la gran masa del pueblo) sufrieron un revolcón histórico, y se consolidaron las tendencias que sostienen un programa opuesto, las que aparecen como favoritas en la próxima instancia electoral. Esto se refiere a Syriza de Alexis Tsipras, al KKE y demás fuerzas de izquierda.
Comentarios desde Atenas sobre la cumbre de Bruselas han sido publicadas bajo el sugestivo título de: “El fin de la hegemonía alemana”. Allí se dice que en la reunión de la capital belga no aterrizó ninguna directiva cocinada de antemano por el dúo Merkel-Sarkozy; que se está generando un nuevo equilibrio europeo; que la dominación de Alemania se enfrenta a una oposición activa, lo que incide directamente en la situación de Grecia; y que, en síntesis, la hegemonía alemana en Europa está llegando a su fin.
Pero de ello no se extrae una conclusión idílica, sino todo lo contrario. Aseguran que Alemania luchará con uñas y dientes para mantener su predominio e imponer su orientación. Pero “ya no están solos en el mando, no son ellos solos los que dictan la política que debemos seguir, y esto genera grandes esperanzas”. Alemania ya no es el único interlocutor. En otros términos, “Grecia vislumbra el final del túnel”.
En ese sentido se destaca la importancia de los planteos de François Hollande en la Cumbre, su priorización de los temas del crecimiento y el empleo, y se afirma que “el parámetro del crecimiento cambia toda la situación” porque “el país sale del túnel de la desesperación al que lo había empujado la hegemonía alemana.”. Ahora pueden confiar en sus propias fuerzas, el futuro está en mayor medida en sus manos.
El cambio es el resultado de la expresión de la voluntad del pueblo francés y del pueblo griego, en las elecciones señaladas. Los franceses tuvieron la capacidad de desafiar el poder absoluto alemán, al que se había subordinado su anterior presidente, y lo han sacado de circulación, mediante la acción concertada de todas las fuerzas de izquierda, unidas tras el objetivo común de cerrar el paso a Sarkozy. Los griegos demostraron con el voto su rechazo decidido a la política de austeridad practicada por el gobierno. La conclusión es un toque de vida y esperanza: “Vamos a luchar para volver a conquistar nuestro futuro. Ahora existen condiciones para hacerlo”. Con ese espíritu se aprestan a las próximas instancias.
*Periodista y escritor uruguayo
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