El milagro económico holandés,
la cuna del capitalismo comercial

Por el profesor José Luís Fiori*

MÀS DEL AUTOR

En los siglos XVI y XVII, Holanda fue la cuna del capitalismo comercial y de la ciencia moderna, y fue la patria de Grotius, Spinoza, Vermeer, Rembrandt, Huygens y Sawammerdam, entre tantos otros genios que vivieron en Amsterdam, Utrecht o Leiden, como en el caso de Descartes o Hobbes. En aquel período, Holanda fue considerada la tierra del inconformismo por excelencia y de la libertad de pensamiento. Y fue también el lugar donde se dio el primer “milagro económico nacional” de la historia del capitalismo. De todos modos, existe la costumbre de prestarle poca atención a la historia real, violenta y discontinua que está por detrás de esta visión estilizada e idílica de la ascensión holandesa, y de su revolución capitalista.

En el siglo XVI, los Países Bajos eran una pequeña provincia del Imperio Habsburgo, de Carlos V y Felipe II, recortada por ríos y canales, y ocupada por una red compacta de ciudades. En aquel período, sus ciudades costeras funcionaron como uno de los almacenes mercantiles del Imperio Español, con un comercio de bajo valor agregado y poco impacto sobre toda la economía de la provincia. A partir de 1540, sin embargo, el pequeño territorio holandés fue transformado en el epicentro geopolítico y militar de la guerra entre el Imperio Español y Francia, que comenzó en Italia, a fines del siglo XV, y se prolongó durante casi todo el siglo XVI. A partir de este momento, aumentó enormemente la presión tributaria y la opresión política y religiosa de los españoles sobre su provincia, provocando una reacción cada vez más violenta, que se transformó en insurrección nacional, a partir de 1572. Siguieron 80 años de resistencia y lucha, hasta el reconocimiento español de la independencia holandesa, en la Paz de Westfalia, en 1648. En estos 80 años, las Provincias Unidas vivieron cercadas y en estado permanente de guerra, dentro de su propio territorio. En 1585, la situación se había deteriorado de tal forma que Amsterdam llegó a ofrecer la soberanía holandesa, a los Reyes de Francia y de Inglaterra, y vivió dos años como protectorado de la Reina Elizabeth I. Pero en 1590, este escenario cambió de forma súbita y radical. Amsterdam centralizó el poder e impuso su hegemonía dentro de la federación, y en seguida hizo un enorme esfuerzo fiscal y organizó en pocos años uno de los mayores y más eficientes ejércitos de Europa, iniciando una ofensiva militar impresionante y victoriosa que conquistó 43 ciudades y 55 fortalezas españolas, en menos de 10 años. En seguida creó un anillo protector de ciudades fortificadas y militarizadas, y mantuvo su ofensiva hasta el establecimiento de una tregua de 12 años, con España, entre 1609 y 1621.

Lo que llama la atención es que fue exactamente en este período de la ofensiva victoriosa de la revolución que se dio el llamado “milagro económico holandés”, con el aumento exponencial de sus gastos e inversiones, de su comercio de alto valor, de su industria y de su innovación tecnológica, de su finanzas y de su integración económica nacional.[1] Fueron 15 años de expansión acelerada, y sólo a fines de este período se puede hablar de comercio de larga distancia, y de Imperio colonial, que comienzan con la creación de la Compañía de las Indias Orientales, en 1602. Más allá de esto, fue en este mismo período que Holanda completó su “revolución financiera” con la creación de un mecanismo de financiamiento de sus guerras, a través de un “motor” revolucionario de multiplicación nacional de la riqueza financiera, alimentado por sus títulos de deuda pública de largo plazo, negociados en la bolsa de valores y transformados en la base del sistema de crédito holandés.

La historia sigue y es larga, se pueden sacar algunas lecciones de esta revolución holandesa:

1) Recién después de 1590, Holanda dejó de ser apenas uno de los almacenes mercantiles del Imperio Español para transformarse en una “economía capitalista”, de los grandes lucros extraordinarios, y del comercio de alto valor agregado.

2) La frontera de la economía nacional holandesa fue creada por el propio cerco de los ejércitos españoles. Y dentro de este territorio sitiado, fue la lucha revolucionaria y la centralización del poder que dieron el primer impulso al milagro capitalista de Holanda

3) Los economistas heterodoxos acostumbran decir que la inversión crea su propio ahorro, pero en el caso del modelo holandés se podría decir que fue la revolución la que creó su propia inversión, pública y privada.

4) De todos modos, es interesante observar, que también hubo una revolución o guerra nacional a comienzos de la expansión de todas las demás grandes potencias, como fue el caso de Portugal y España, pero también, de Inglaterra, EE.UU., Alemania, Japón, Rusia, o incluso de Francia, y ahora también de China.

5) Por último, la gran lección de toda esta historia es que después de Holanda, todos los grandes “milagros económicos” del capitalismo, que se sustentaron en el tiempo, formaron parte constitutiva del proceso de ascensión de sus Grandes Potencias.

José Luis Fiori: profesor de ciencia política en la Universidad de Río de Janeiro

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