Izquierda: el debate
que no se da

Raúl Legnani*
Urumex80@gmail.com

Ha finalizado mayo, pasaron las elecciones internas del Frente Amplio, tengo la sensación de que sigo perdiendo la vista, pero por motivos pocos racionales sigo creyendo que vale la pena construir una perspectiva de cambio para todos los uruguayos.

El momento es tremendamente complejo para la izquierda, porque existe la creciente sensación de que no hay rumbo y mucho menos conducción, a pesar de que un equipo económico fuerte ha sabido construir murallas para un capitalismo internacional en crisis aguda, que no se va, pero que se revuelve en la cama por las noches porque no encuentra estabilidad y serenidad.

Las elecciones internas del pasado 27 de mayo mostraron que lo que veníamos diciendo desde hace muchos años se ha confirmado: no hay enamoramiento entre la dirigencia política, donde incluyo a las bases de la coalición de izquierda, y el ciudadano frenteamplista.

Este divorcio es responsabilidad de las dos partes. En primer lugar de los dirigentes y de los sectores del FA, pero también de la propia gente que se ha acostumbrado a identificarse con la política, como simple espectadores de una película.

Hoy no hay sectores sociales, no hay sectores que provienen de la política, que quieran apropiarse de la política. Hay críticos de los actores (los dirigentes), hay críticos de las estructuras que regulan la democracia partidaria, pero no hay un sentimiento de entrega y disposición para ejercer los derechos políticos de forma masiva.

Esta crisis de la relación ciudadanos-política, no es solo una enfermedad de la izquierda, sino que invade a todo el sistema político. Pero se hace más grave en la izquierda, porque la identificación de los individuos con la política siempre fue mayor a la de la derecha y del centro, por lo menos desde 1971 cuando se gestó el Frente Amplio.

El asunto capital es que el centro y la derecha pueden ganar elecciones y gobernar sin fuertes identificaciones partidarias - aunque el caso del PP en la España de hoy puede poner en tela de juicio la apreciación anterior-, pero la izquierda no puede ganar ni gobernar, mucho menos trasformar radicalmente la realidad sin una fuerte actividad militante, que no es sinónimo de avasallamiento de la individualidad del otro, sino que debe ser la construcción de una nueva cultura ciudadana que sienta que sus derechos y obligaciones no se pueden transferir, gratuitamente, a los profesionales de la política.

En un clima de desinterés político, las elecciones nacionales de 2014 las puede ganar cualquiera, más si desde el gobierno no se transmite coherencia, serenidad y competencia (por aquello de la capacidad).

Si la derecha volviera a gobernar a nuestro país, pobre país. Porque desde las filas de los blancos y los colorados no ha surgido una sola idea de cómo transformar el Uruguay en un sentido de avance, en tanto solo añoran volver a ocupar cargos (tener el poder) para llevar adelante un neoliberalismo que ha fracasado en el mundo entero.

Ante este momento crucial, la izquierda tiene que sincerarse, mirar en su ser íntimo, para construir una nueva realidad interna y así influir en toda la sociedad. Y eso pasa por entender que cuando teníamos todas las respuestas, nos cambiaron las preguntas. Pero lo bueno de todo esto es que esa reflexión profunda la podemos hacer, en el caso uruguayo, desde el escenario del gobierno y desde la fuerza política, pero también habrá que hacerlo desde la sociedad que está enferma, en muchas de sus capas.

Aquellos sueños
El Frente Amplio está envejecido. Los jóvenes frenteamplistas de hoy que participan del quehacer político, tienen 50 años de edad. Ya hablaremos de ellos, en otra oportunidad, pero son pocos. Demasiado pocos.

En las internas votamos los viejos y algunos hijos de los viejos. La muchachada que fue a votar, estaba entre los 35 años y los 45 años. Los más chiquitos fueron solo una linda anécdota. En diez años los de 50 tendrán 60 años y los de 60 tendrán 70 años y no sabemos cuántos estarán con vida, por aquello de la biología. ¿Me entiende, no?

Sin renovación generacional no hay futuro, pero con esto no estoy sosteniendo que todos los días haya que tirar a un viejo por la ventana y darle un cargo a un muchachito cuya única propuesta sea poder fumar marihuana sin que lo metan en cana.

Estoy convencido que en el Frente Amplio, como en la sociedad uruguaya, la responsabilidad del cambio sigue estando en los mayores, pero no en todos. Quiero decir que hoy hay un divorcio entre el pensamiento político de nosotros los viejos y la realidad social, particularmente la juvenil, que por múltiples causas no ha golpeado la mesa para decirnos que ahora quieren conducir ellos el proceso de transformaciones y de cambio.

En la década del 60 muchos golpeamos la mesa familiar diciéndoles a los mayores que ya no nos vinieran con los relatos del pasado, que queríamos otras ideas, otras formas de sentir la vida.

El problema es que aquello fue muy fuerte y que su impacto sigue presente, influyendo en la elaboración política y en los sueños de hoy. Por eso los muchachos, algunos, no nos entienden, mientras otros piensan como los viejos.

Hoy el Frente Amplio, copado por los viejos que se sienten jóvenes y jóvenes que piensan como los viejos, palpa en sus entrañas que el compromiso histórico de transformaciones que asumió en 1971 no se está cumpliendo.

Tengo la sensación de que muchos de mis amigos y compañeros sienten que se van a la tumba sin haber podido nacionalizar algún banco, expropiar algún latifundio y haber roto con el FMI y eso los traumatiza, les impide ver el avance democrático del país, tanto en lo superestructural como en la base material de la economía.

Somos gente que metimos la vida entera detrás de determinados sueños y que no soportamos que se nos diga que ahora hacemos lo que podemos en materia de cambios y de transformaciones, porque el mundo se ha complejizado mucho más de lo que creímos que podía ser..

Sencillito: nos sentimos revolucionarios y no pudimos serlo, de acuerdo a aquellos sueños, principios, programas
y voluntades. ¿Qué somos hoy?

No somos capitalistas
El debate es si debemos quedarnos en el sueño de un mejor capitalismo o tener una mirada larga que permita superarlo. Claro que con esto no estamos proponiendo caer en los viejos errores de creer que ahora, en el corto plazo histórico, hay que establecer formas de socialismo que ya fracasaron en el mundo entero. Porque la mejor forma de no llegar nunca al socialismo, es querer implantarlo ahora, pero a la vez hay que tener una visión superadora del capitalismo.

Lo que estamos proponiendo y abiertos al debate, es establecer como se desarrolla el actual capitalismo uruguayo - sus fuerzas productivas- , con miras de ser superado. Si logramos aproximarnos a esta idea, estaremos dejando atrás a las posturas socialdemócratas que están fracasando en Europa, particularmente en España y Grecia. Es que el pecado de haber olvidado la perspectiva socialista, llevó al eurocomunismo a ser una propuesta que no tuvo andamiento y que se perdió en las tinieblas del olvido.

Es una lástima que este tipo de debate, que Brecha promovió en su último número, se haya opacado por errores tremendos que ha cometido el gobierno en el manejo de la gestión del poder. Esperamos, por cierto, que el temporal se vaya, que la transparencia gane terreno y que los códigos de lealtad se desarrollen, para que la izquierda uruguaya tenga una reflexión colectiva por encima de los intereses individuales y sectoriales.

Mientras ese debate se desarrolle, hay que señalar que no hay ninguna necesidad de apartarse del rumbo que ha tenido el progresismo desde que Tabaré Vázquez ganó las elecciones. No se es más socialista por proponer la instalación de un Frigorífico Nacional, pero si hay que discutirlo se deberá discutir, con respeto y con ideas.

*Maestro y periodista
Columna publicada en La República el 4 de junio

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