La crisis griega…y europea
Crónica de un suicidio anunciado

Por Niko Schvarz*

AQUÍ TEMA VINCULANTE

El último día de mayo, bajo el título:”En Grecia no paran los suicidios por la crisis” apareció la siguiente noticia: “Grecia enfrentó un nuevo suicidio debido a la crisis económica que vive el país helénico. Se trata de un pensionista de 61 años, quien se ahorcó en un parque junto a una nota”. Athens News informa que Alexandros era un hombre muy trabajador cuyos graves problemas lo llevaron a tomar esa decisión. Sus vecinos explicaron que trabajaba en la reparación de bancos y en la construcción, entre otros empleos temporales. En una nota manuscrita que se encontró junto a su cuerpo decía que había trabajado toda la vida, que estaba hundido en las deudas sin posibilidad de pagarlas, y que esperaba que sus nietos no nacieran en Grecia, porque “el griego será borrado del mapa”.

Unos días antes un jubilado de 77 años se suicidó frente a la sede del Parlamento griego en Atenas, tras expresar que se negaba a seguir buscando comida en los tachos de basura. Poco después, un ciudadano griego y su madre se suicidaron al arrojarse desde un quinto piso, debido a sus problemas económicos y a las necesidades de la anciana, que sufría la enfermedad de Alzheimer.

Estos son apenas algunos de los casos que se han difundido. Pero en los últimos tres años, la ola de suicidios en Grecia ha crecido dramáticamente. En ese lapso, la tasa de suicidios en Grecia ha pasado de ser la más baja a la más alta de Europa a causa de la gravísima crisis económica, agudizada por la aplicación de las medidas de austeridad y el pacto fiscal europeo. Los expertos sanitarios y psiquiátricos informaron hace ya meses acerca de la depresión y la ansiedad que genera esta situación.

Dando mayor extensión a este tema, Paul Krugman publicó una sugestiva nota titulada: “El suicidio económico de Europa: la austeridad fiscal que promueve Alemania está ahogando a sus socios europeos”. Se basa en una información inserta en The New York Times de fines de abril, según la cual se extiende cada vez más en Europa la ola de suicidios, de gente desesperada por el desempleo y la quiebra de las empresas. Con este cuadro dramático a la vista, analiza la relación entre la determinación de las personas de quitarse la vida y “la decisión de los líderes europeos de cometer un suicidio económico para el continente en su conjunto”. Éstos parecen dispuestos, dice Krugman, “a tirar su economía y su sociedad por un precipicio. Y el mundo entero pagará por ello”.

Se han registrado otros pronunciamientos igualmente reveladores. En Italia, como se sabe, cuando se desplomó el gobierno de Berlusconi pusieron de primer ministro a un hombre de la banca, Mario Monti, a quien no lo votó nadie. (En Grecia hicieron lo mismo). Pues bien: en Italia también se produjo una ola de suicidios, que alcanzó a 70 en el último período. Y Monti dijo que la culpa de esos suicidios la tenían quienes no habían adoptado, antes de él, las medidas de austeridad requeridas ante la crisis. Agregó que esas medidas debían seguir siendo aplicadas, a pesar de que en las elecciones municipales, el mismo domingo 6 de mayo, el partido de Berlusconi (PDL) y sus ex socios de la Liga del Norte, que las defienden, sufrieron un rotundo revés. Más aún: afirmó que los resultados de las elecciones en Francia y en Grecia en modo alguno habrían de modificar la orientación del gobierno italiano ante la crisis que también azota a la península. Lo mismo que Angela Merkel.

En el caso de Grecia, se agregan otros hechos tremendos, como el siguiente: se elevó en un 300% el número de niños abandonados por sus padres en las puertas de una ONG por carecer de recursos para alimentarlos. Según la ONG Children of Greece, jamás se vio en el país algo similar.

Reportajes desde Atenas muestran trabajadores con sueldos recortados a la mitad, o que no cobran desde hace meses, o quedaron desocupados, mientras la carestía hace estragos. La desocupación alcanzó un nivel record superior al 21%, solo superada por España, con 24,3% (y 51,5% entre los menores de 25 años). Entre los 27 países de la Unión Europea, hay 24:667.000 personas sin empleo, con una tasa de desocupación del 10,3%. Entre los 17 de la zona euro (que Grecia integra, y de la cual amenazan con expulsarla si no sigue aplicando a machamartillo el plan de austeridad), el índice de desocupación es aún mayor: 11%, y el número de desocupados alcanzaba al mes de abril 17:405.000.

“¿Cuánto más puede deteriorarse la situación de un país en que incluso integrantes de sectores de capas medias rebuscan en la basura en procura de comida?”, se preguntaba el secretario general de la Organización de Cooperación Económica del Mar Negro, Leonidas Chryantropoulos. Y la periodista italiana Barbara Spinelli escribía en La Repubblica: “Escuchen cómo grita Atenas”.

El hecho real es que el gobierno de Grecia ya efectuó drásticas podas en materia de salarios, jubilaciones, recursos para la educación y la salud, pero la situación, lejos de mejorar, se ha agravado considerablemente, colocando al país al borde del precipicio, como dice Krugman. Entre otras cosas, la deuda ha llegado a 30.000 euros por persona, que obviamente no se podrá pagar.

Pero la troika sigue reclamando nuevos recortes como condición para seguir recibiendo el dinero de los rescates. Más aún: con Angela Merkel como voz cantante, siguen diciendo que el pacto fiscal es innegociable. Lo mismo han repetido a voz en cuello su ministro de Relaciones Exteriores, Guido Westerwelle, y de Finanzas, Wolfgang Schäuble, el presidente de la Unión Europea, el portugués José Manuel Durâo Barroso y el holandés Karen de Gucht por el BCE. La canciller alemana dijo que el pacto fiscal fue negociado y firmado por 25 países, Grecia entre ellos, y no puede modificarse a tenor de los resultados de las elecciones, en países grandes o pequeños. Pero eso es precisamente lo que está por verse.

Porque en las elecciones griegas de mayo los partidos que sostienen el plan de austeridad (la derechista Nueva Democracia y el socialista PASOK) sufrieron una derrota catastrófica. En cambio, el partido de izquierda radical Syriza avanzó considerablemente, se le sumaron otras fuerzas de izquierda y ecologistas, y a la vez se perfila como ganador de la próxima instancia electoral de junio, convocada después que fracasaran todos los intentos de constituir un nuevo gobierno luego que el anterior fuera derribado. El líder de Syriza, Alexis Stipras, declaró que fue muy clara la voluntad de la enorme mayoría de la ciudadanía de rechazar el pacto de austeridad, y que si llega al gobierno lo rechazará de plano.

Por otra parte, Stipras participó en un acto conjunto en París con el líder del Front de Gauche, Jean-Luc Mélenchon, en el curso de la campaña por las elecciones legislativas francesas del 10 y 17 de junio, lo que demuestra cómo se van uniendo en la lucha las fuerzas que reclaman un nuevo curso para Europa, en la senda anunciada por el gobierno de François Hollande, que llegó a la presidencia de Francia con el concurso de todos los votos de la izquierda y que ha colocado en primer plano (en la campaña política, en la reunión del G-8 en Camp David y en y en la Cumbre europea de Bruselas) los temas del crecimiento económico y la generación de empleo.

A partir del dramático tema de los suicidios, llegamos de esta manera a la disyuntiva de hierro que afronta Europa en la hora presente.

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*Periodista y escritor uruguayo

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