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Habitar Montevideo El caso Colonia
Por el Arquitecto Luis Fabre
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Dos días con sus noches en el casco histórico alcanzan para percibir condiciones de vida que naturalmente se comparan con las que tenemos en Montevideo . No hay “ cuida coches”, no hay “limpiavidrios”..no hay semáforos. No hay gente pidiendo, no hay gente vendiendo en las veredas…Los perros, sueltos, se echan en medio de las calles empedradas y los autos paran, sin tocar bocina, hasta que se apartan! Salvo las originales de edificaciones históricas, no hay rejas en las casas y muy pocas en los jardines. No hay grafitis. En los mas de cincuenta locales gastronómicos y comercios, no se ven policías ,ni guardias de seguridad, ni vigilantes..ni patovicas .Pero no es solo lo que se ve..o lo que no se ve. No se oyen alarmas, sirenas, bocinas. Sí a las motos, pero no con escape libre! Las placas recordatorias, los murales cerámicos, las plantas con flores y hasta los naranjos con frutos…están intactos. No hay música estridente, aunque si proveniente de los propios locales, abiertos a los espacios exteriores donde ubican mesas tendidas…
Domina el espacio, la rambla y el río, las ruinas y reciclajes, los trozos de la muralla, los árboles y las plantas en las aceras y plazas, los siempre abiertos “boliches”. Y la gente. De todo tipo y lugar, alternando con uruguayos de todo el país, con los lugareños. Fotografiando todo. Filmando. Caminando a cualquier hora del día y la noche. Mirando y comprando artesanías y souvenirs en los stands ubicados secundariamente, no invadiendo el espacio. Haciendo la ronda de resto y pubs, uno de día y otro de noche. Entrando y saliendo de las hosterías ubicadas dentro y en el entorno de la ciudad antigua.
La única distorsión en la percepción integral de nuestra subjetividad, la constituye el automóvil. Ya que hasta aquí la crónica, comienzo el análisis con estos componentes icónicos de la modernidad , que poca utilidad prestan en espacios a escala peatonal , interfiriendo visuales y distorsionando la paleta de colores de las construcciones arcaicas y la flora ribereña A la ciudad funcional del siglo XX la sigue la ciudad atractiva. Colonia posee ese acumulado histórico-temporal que en otras ciudades del mundo contemporáneo se pretende sustituir artificialmente. Incluso no segregado de la trama urbana actual, sino integrado a ella, respetado, conservado.
Mérito de colonienses, pobladores, profesionales, municipios y funcionarios que conviven entre sí y con los visitantes armoniosamente, trabajando en su lugar de origen. Es cierto que el desaparecido colega Odriozola lideró el trabajo previo a posicionar el sitio como Patrimonio de la Humanidad. Pero esa clasificación se obtuvo por la natural afiliación de todos a una forma de sentir el lugar, su “genius loci”.
Por su población y manifestaciones vitales la ciudad de Colonia no podría catalogarse como metropolitana, razón por la cual el turismo selectivo prioriza actividades que no agreden el medio, no lo invaden masivamente. Conjugar con el pasado, recorrer construcciones y espacios que marcan secuencias de ocupación colonial, con la historia del Pais, es una actividad de contemplación , de paseos sin estridencias , sin apuros. Y aquí sin riesgos.
Para una percepción integral alcanza, con algo de conocimiento histórico, dejar que los sentidos actúen. La sensación de admiración y respeto por todo lo allí realizado se completa con el tacto en las texturas materiales, el aroma del río y las plantas. (La Santa Rita, al igual que calles y edificios arcaicos, integra el santoral). También el gusto, que no es ajeno a la variedad gastronómica liderada por la parrilla y el pescado del lugar. El oído percibe la complementaria situación nocturna de música y canto de los artistas locales con el increíble silencio nocturno de calles y plazas. Transitando veredas y calles de piedra, plazas y puentes de madera, conventos y vestigios de fortaleza, la posible omisión en iluminaciones fuertes, en eventos de luz y sonido_ por que también la ciudad postmoderna es espectáculo_ sobre las ruinas, mantiene sobre las mismas la magia de lo no evidente, de lo vivido allí por los ancestros . Recuerdo haber presenciado hace unos años , la representación de un “cambio de guardia” en la entrada a la Fortaleza, teatralización que remonta al pasado didácticamente y agrega a la percepción, a lo lúdico sobre el visitante. Termino esta crónica esperando puedan extraerse algunas claves que posibilitan un ámbito urbano original y seguro, disfrutable a toda hora para propios y extraños, que aporten al distorsionado proceso urbano de la Ciudad Vieja en Montevideo. Ese será otro tema.
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