Mónica presidenta sin restricciones
Por Eduardo Vaz*

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El resultado apabullante que obtuvo Mónica Xavier para presidir al FA abre una nueva etapa llena de desafíos trascendentes.

Es la primera presidencia electa directamente por los frenteamplistas, hecho histórico que marcará un antes y un después en nuestras filas. Es la primera mujer que se apresta a dirigir a toda la izquierda frenteamplista y mostrar su capacidad para transformarse en una gran líder del partido de los cambios. Ojalá lo logremos.

Si bien el número de votantes refleja el estado actual de tendencia a la baja participación política - respecto a las anteriores elecciones de 2006 se perdieron 50 mil adherentes-, no es desdeñable contar 170 mil votos. Los motivos son múltiples para que haya bajado la concurrencia y no hay consenso en cuales son los principales. Es claro que hay problemas heredados y otros nuevos de la propia campaña que se deben analizar en profundidad.

Pero, más allá de los estudios y conclusiones que cada sector y cada frenteamplista harán, hay una nueva dirección que inicia sus funciones en breve y tiene arriba de la mesa una controversia fundamental: la renuncia o no de la Presidenta a su banca de senadora. Entuerto planteado antes de que el Plenario Nacional saliente lo discutiera y aprobara por mayoría, planteado durante la campaña electoral por la propia Mónica Xavier y vuelto al tapete una vez electa con semejante contundencia.

¿Qué hará el nuevo Plenario? ¿Desechará la posición de la Presidenta? El voto tan abrumador que obtuvo, ¿no significa un aval a sus planteos también en este tema?

Es claro que de no reverse la decisión del Plenario saliente, tendremos un malísimo comienzo para la Presidenta, dejándola en soledad, desairada, con sus potestades muy limitadas y marcándole una cancha bien reducida delimitada por lo que la anterior correlación interna pautó.

Como suele suceder, estamos ante un tema que aparece como menor pero en realidad expresa la visión de qué FA se quiere, qué presidencia se busca, qué dirigentes se promueven, es decir, es parte fundamental del proyecto general que se propone a la sociedad en la medida que el partido político es una muestra fehaciente de lo que se piensa y hace realmente.

La inmensa mayoría de sus votantes y también muchos de los que no la votaron, entienden que no hay mejor lugar que el Parlamento para tener a nuestra Presidenta -al igual que los sectores que votan la restricción opinan cuando se trata de sus propios dirigentes como el PCU con Lorier o el MPP con Topolansky, verdad?-.

Lo que se necesita es iniciativa, dirigentes de peso, que jueguen en la cancha grande de la confrontación con la derecha y donde se dirimen las leyes que pautan el rumbo nacional. No será encerrados en esta estructura pequeña y reductora de toda posibilidad de hacer política que el FA resolverá su crisis existencial -cosa probada hasta el cansancio a esta altura-. Política en todas las canchas, dentro y fuera del Parlamento como la izquierda demostró útil y necesario hace décadas, apostando a promover nuevas figuras sin temor a que lo sean aunque no pertenezcan a nuestro sector.

Si confiamos en Mónica para presidir al FA, ¿no confiaremos en su capacidad para equilibrar su trabajo, para que sea la voz de todo el FA en el Senado, para que prestigie a nuestra fuerza en ese ámbito privilegiado del acontecer político? En realidad, deberían ser los demás candidatos y los sectores derrotados en la elección los que deberían pedir la reconsideración en honor a la voluntad del soberano. Sería una buena señal de aceptación de esta nueva realidad, de su buena disposición a apoyar sin reservas a la nueva Presidenta, de hacer esos gestos que la sociedad frenteamplista reclama y necesita.

**Eduardo Vaz (integrante de la red Proyecto Miramar)

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