Congreso de Educación
en clave de confianza

Por el Dr. Álvaro Rico

Entrevista al decano de la FHCE profesor Dr. Álvaro Rico realizada por la Gaceta Universitaria sobre el Congreso Nacional de Educación a realizarse a fines de 2012. El CDC universitario nombró a Rico como coordinador del Grupo de trabajo de la Udelar con el fin de preparar la contribución de la institución al CNE.

- ¿Qué espera del próximo CNE?, ¿qué aspectos concretos entiende debieran resolverse?
- La Universidad, su CDC en particular, ha demostrado respecto al CNE una preocupación especial, con distintas discusiones y resoluciones en los últimos tiempos, que expresan la voluntad universitaria de contribuir, por un lado, a la definición de un temario que ponga en el centro de la discusión los grandes problemas de la enseñanza y lo que tiene la Universidad para aportar y, por otro lado, nos hemos comprometido a lograr una convocatoria amplia y generar un clima de confianza entre los participantes con el único objetivo de seguir avanzando en torno a la definición de un proyecto educativo nacional.

En su resolución del 6 de marzo de 2012, el CDC definió que: “El Congreso Nacional de Educación sólo colaborará al intercambio de ideas sereno y fecundo, orientado a la mejora y transformación de la enseñanza, si su convocatoria misma constituye una actividad que incluye a todos los actores que deben estar representados en el Acuerdo Nacional de Educación”, y que la Universidad “trabajará en la conformación de espacios de diálogo en el camino hacia el referido congreso, de acuerdo a la propuesta realizada en sala por el orden estudiantil, haciendo énfasis en la construcción de un temario que apunte a los problemas sustantivos de la educación”.

En cumplimiento de esa voluntad, el CDC nombró un grupo de trabajo que realizó su primera reunión el pasado 9 de abril, con la representación del orden de egresados (Federico Kreimerman) y de estudiantes (Malena Pintos, Lucía Gutiérrez y Gonzalo Belcredi), y está por concretarse la designación de los integrantes del orden docente.

Allí definimos los primeros objetivos: avanzar en el posible temario a proponer a los demás participantes, definir encuentros con otros interlocutores, elaborar
documentos y recopilar los distintos antecedentes y resoluciones del pasado CNE y las propuestas elaboradas por diversos ámbitos, desde la Comisión Coordinadora del SNEP, el Ministerio de Educación y Cultura (MEC), la ANEP y el Codicen, la Universidad, la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU), la Asociación de Docentes de la Universidad de la República (ADUR), y también las posiciones adoptadas por organizaciones sociales como el PIT-CNT y los sindicatos de la enseñanza.

En principio, creemos que en el congreso deberíamos avanzar en el reforzamiento del sistema nacional de educación, principalmente en lo que refiere a la coordinación y cooperación entre los subsistemas de enseñanza pública; que deberíamos acordar, a partir del temario puesto a discusión, entre otros, los contenidos de un proyecto educativo transformador que el CDC denominó, en términos generales, “Uruguay, país de aprendizaje” sostenido en tres propuestas: universalizar la enseñanza media, generalizar la enseñanza terciaria y universitaria y combinar a lo largo de la vida trabajo y educación.

Sobre la base de los acuerdos ya logrados desde el año 2009, deberíamos avanzar más rápidamente en la transición hacia la nueva institucionalidad educativa a través del Instituto Universitario de Educación Superior (IUDE) y el Instituto Técnico Superior (ITS) como nuevos entes autónomos.

Asimismo, más allá de los temas programáticos e institucionales, el CNE constituye una instancia de ratificación y actualización de principios de nuestra educación y enseñanza públicas a distinto nivel: su condición de bien social y derecho humano fundamental; la autonomía, el cogobierno y la gratuidad de la enseñanza pública; el carácter integral de sus funciones, los desarrollos de la educación en todo el territorio nacional, la descentralización y coordinación; el compromiso con los sectores populares y la solución de sus necesidades; la calidad de los contenidos de la educación y de los recursos humanos.

- ¿Cuál considera que es el mejor camino en materia de educación terciaria técnica?
- En los últimos tiempos se ha insistido mucho, sobre todo desde el ámbito político y por el propio presidente de la República, en la necesidad de la Universidad Tecnológica y, más en general, en la importancia de la enseñanza técnica para los jóvenes y su relación con el mercado laboral y el empleo juvenil. Y, además, se ha especulado con varios caminos y “modelos” de construcción institucional para llegar a concretar ese objetivo: si dentro de la ANEP, si como ente autónomo, si la UTU transformada en universidad, y otros planteos. Por supuesto que reconocemos la importancia del tema, no sólo porque se insista en ello desde el sistema político sino por nuestra propia experiencia en el desarrollo de las carreras universitarias vinculadas a las áreas del conocimiento científico y tecnológico, en la ampliación y diversificación de modalidades y titulaciones universitarias más cortas que incluyen, principalmente, los niveles de técnicos y especialistas con distintas menciones.

También por la experiencia concreta acumulada por la Universidad en la cooperación que desde hace años desarrollamos con al ANEP y, en particular, con el Consejo de Educación Técnico Profesional (CETP)-UTU, tanto en el impulso de programas regionales de enseñanza terciaria como en la construcción de tecnólogos en distintos puntos del interior del país, a modo de ejemplo: Agroenergético (en Bella Unión), Químico, Mecánico e Informático (Paysandú), Cárnico (Tacuarembó), In-formático (Maldonado), Madera (Rivera) y otros en Montevideo (Químico, In-formático, Mecánico).

En materia de enseñanza técnica terciaria nos resulta muy importante seguir el camino de transición y la propuesta definida y acordada en el informe final de la Comisión de Implantación del Instituto Terciario Superior hasta la constitución del ITS como ente autónomo, definiciones alcanzadas luego de sesionar durante un año los representantes del MEC, la ANEP y la Udelar.

Hemos sido críticos cuando las propuestas políticas de creación de una Universidad Tecnológica autónoma en el interior del país surgen caóticamente, sin tener en cuenta los antecedentes, convenios y realizaciones en la materia.

Un acuerdo político no es un decreto, una nueva universidad sólo puede surgir como parte de acuerdos nacionales amplios. Como dice la resolución del CDC del 6 de marzo pasado, transformar la educación “sólo puede ser una construcción ‘ladrillo sobre ladrillo’, tenaz y sostenida a largo plazo” y, sobre todo, “hacerlo no desde la confrontación sino desde la colaboración con las instituciones ya existentes”, respetando las tradiciones educativas y acordando los tiempos de decisión de cada uno.

- ¿Cómo se pueden pensar, concretamente, diseños para la Educación en estrecho vínculo con el mundo del trabajo?
- Estamos primeramente de acuerdo con el principio de educar para el trabajo. Pero, una breve digresión: también es cierto que los desarrollos del capitalismo en su fase actual es la razón primera de la crisis del mundo productivo, su desindustrialización, el incumplimiento del objetivo del viejo

Estado de bienestar de asegurar el pleno empleo, la pérdida de las viejas identidades laborales y, consiguientemente, la crisis de la utopía del trabajo como forma de realización del ser humano. Recordemos la situación de América Latina y Uruguay en el año 2002 y sus secuelas hasta el presente, veamos actualmente la situación de crisis en Estados Unidos y Europa.

Entonces, hay mucho para exigirle al capitalismo desde la educación, y no al revés, que desde la educación nos adaptemos a las “exigencias del mercado” y a los valores del nuevo capitalismo sin cuestionamientos, a la precarización del empleo, a la pérdida de derechos conquistados, a la inseguridad laboral y existencial, al desempleo estructural, a los no reconocimientos y demás formas de «corrosión del carácter» por las consecuencias sobre las personas que provoca ese desarrollo egoísta del sistema.

No obstante, el CDC, con relación al Acuerdo Nacional de Educación y a la realización del congreso, ratificó el criterio de “combinar a lo largo de toda la vida adulta trabajo y educación, dentro y fuera de las aulas, cultivando en términos clásicos a la vez la mano y el cerebro, pues la mano sin el cerebro es limitada y el cerebro sin la mano es estéril”. Esto quiere decir, en primer lugar, que tenemos que hacer bien nuestro trabajo como universitarios, ampliando la oferta educativa, capacitando técnica y profesionalmente a nuestros estudiantes con vistas a su inserción laboral en trabajos de calidad y remuneración acorde, pero también en su formación integral, cultural y crítica de la realidad social.

Digo esto, porque nuestra formación universalista en humanidades y ciencias sociales no siempre está presente en las orientaciones científicas y técnicas como también la exigencia profesional de estas últimas las subestimamos en las humanidades.

- ¿Qué dificultades encuentra para cumplir con el objetivo de universalizar la enseñanza media?
- La enseñanza media ha sido el nivel del sistema de enseñanza pública más castigado y desestructurado por la dictadura, y sin achacarle todos nuestros
problemas actuales al pasado, es cierto que en materia educativa como, en general, en las relaciones sociales e interpersonales, el corte dictatorial tuvo por objetivo perdurar en el tiempo más allá de su inexistencia como régimen político.

En todo caso, el problema no es solo “universalizar” sino también ‘retener’ estudiantes, ‘reincorporar’ rezagados, ‘concluir’ estudios secundarios, ‘continuar’ a otros niveles terciarios. Es complejo, porque el sistema cultural estructurado en torno a los medios de comunicación cultiva un imaginario dominante hacia la adolescencia y juventud que premia la inmediatez de las realizaciones personales y la gran alternancia o variabilidad de los objetos del deseo en el consumo individual; porque, cada vez más, se sustituye la posibilidad de planificar a largo plazo las alternativas de vida por la adopción de estrategias adaptativas y rotativas de sobrevivencia cotidiana; porque, también en estos años, se han producido otros importantes cambios en la subjetividad de los jóvenes a través de la incorporación de las nuevas tecnologías a su modo de vida y comunicación cotidianos, y los formatos tradicionales de enseñanza centrados exclusivamente en las clases magistrales, instancias presenciales y relación cara a cara en el aula se han tornado “aburridas” para los nuevos hábitos juveniles de aprendizaje. En fin, las transformaciones culturales son importantes, las vocaciones son difíciles de autosostener en el tiempo, las inercias en la relación enseñanza y aprendizaje inciden.

El CDC se ha pronunciado por “universalizar una enseñanza media capaz de ofrecer a todos sus estudiantes, por vías diversas, una formación valiosa en sí misma, una capacitación para el trabajo de calidad y una preparación adecuada para seguir estudiando a nivel avanzado”.

Sobre esto último, es alentador decir que el año pasado ingresaron a la Universidad un 26% más de estudiantes (18.745) que diez años antes y que el crecimiento de los estudiantes provenientes del interior fue más dinámico que con relación a los de Montevideo (14% frente a 4,9%). Y que si tomamos el desarrollo en el interior y las cerca de setenta carreras y otras ofertas académicas radicadas en los Centros Universitarios Regionales (Cenur) y demás sedes, pasamos de 8000 estudiantes en el 2011 a 10.000 jóvenes cursando en este año la Universidad en el interior del país.

Estamos trabajando en la ampliación y diversificación de la oferta educativa incluyendo “carreras cortas” y titulaciones intermedias como las de nivel de tecnicatura de las que ofrecemos, por ahora, un total de 42.

Concretamente, con la ANEP estamos trabajando en todo lo que refiere a la “interfase” entre enseñanza media-enseñanza universitaria en una batería de iniciativas: desde las visitas en jornadas de “puertas abiertas”, reuniones con docentes y hasta pasantías de estudiantes en centros de investigación y laboratorios de facultades; tutorías de pares en distintos programas y talleres conjuntos como Compromiso Educativo y Progresa, entre otros; doble período de inscripciones en la Universidad y previaturas del bachillerato; la democratización de la información a través de la publicación de Guías del Estudiante o a través de las páginas web de los servicios para que los estudiantes que se inscriben puedan hacer sus elecciones con conocimiento de causa, tanto en materia de programas como de horarios de clase, nombre de docentes; la generalización de los Ciclos Iniciales Optativos (CIO) en el interior del país como forma de facilitar los tránsitos educativos entre sistemas; el fomento de políticas educativas transversales de género que asegure derechos de las estudiantes mujeres, la proporción mayor de alumnos; la participación de destacados universitarios en programas centrales de la ANEP.

También la promoción de un sistema nacional de becas y los aportes que en ese sentido pueda realizar el Fondo de Solidaridad -tema que propondremos en el temario del congreso-, generará mejores condiciones sociales para la elección, recuperación y continuidad de los estudios secundarios por los jóvenes en todo el país.

Pero la reforma más importante por hacer, creo, refiere a la reciente aprobación de una nueva Ordenanza de Grado en la Udelar, que en un plazo de dos años nos obliga a la reforma de los planes de estudio, incorporando en su diseño, el principio de flexibilidad curricular, creditización, materias electivas y optativas, presencialidad y semipresencialidad.

Pienso, por último, que uno de los temas del CNE referirá al funcionamiento e integración en la educación media básica, superior y técnico profesional de los consejos de participación con estudiantes, docentes, padres y representantes de la comunidad, y cómo colaboramos desde la Udelar en ese proceso participativo.

- ¿Cómo colaborar desde el sistema educativo con la idea de “formarse toda la vida”?
- Desde la Universidad estamos empujando, hace tiempo, un conjunto de iniciativas para la continuidad de los estudios superiores, tanto para nuestros propios licenciados como para egresados con el título de bachiller o equivalente, siendo la línea principal la formación en posgrados, de maestrías en particular. La Udelar, según datos del año pasado, ofrece 194 carreras de posgrado: 110 diplomas de especialización, 67 programas de maestrías y 17 programas de doctorado.

También, dentro de ese proceso de formación ininterrumpida debemos buscar formas de complementariedad para la continuidad de los estudios de grado en los posgrados dentro de los demás subsistemas de la enseñanza pública.

En este sentido, destaco lo que estamos haciendo con la ANEP en materia de diplomas y maestrías compartidas con el Consejo de Formación en Educación.
En algunas carreras y especialidades, quizá tan importante como los estudios y titulación a nivel de maestrías, son los cursos de actualización y perfeccionamiento por ser especialidades que exigen estar al día.

La Universidad ha reformulado la Ordenanza de Educación Permanente lo que reforzará las ofertas de formación continua. También los cursos de educación no formal y todas las importantes iniciativas de extensión universitaria y actividades en el medio que despliegan los principios de integralidad de las tres funciones universitarias, la promoción de la enseñanza activa, la investigación por problemas y la territorialización de las iniciativas que se vienen generalizando a través de las labores de la comisión sectorial, la red y Unidades de Extensión (UE) de los servicios. Estas concepciones y prácticas educativas, en vínculo directo con la comunidad y personas de distinta formación y niveles, multiplican el universo de alumnos, jóvenes y no tanto, y las formas de su educación continua fuera de los ámbitos académicos.

- Últimamente la educación ha estado en el tapete con muchas críticas y pocas propuestas. ¿Es necesario un cambio de paradigma en la educación?
- Por un lado, está claro que los temas de la educación y la enseñanza ocupan una centralidad en la preocupación de la opinión pública que no es indiferente a las políticas estatales, la inversión de los recursos públicos, los resultados y propuestas de mejoras.

Por otro lado, el sistema político ha “puesto sus miras” en la enseñanza pública en forma crítica y a través de un acuerdo partidario que limitadamente intenta avanzar en aspectos puntuales de la problemática a solucionar. Claro, hemos criticado que esa voluntad no puede estar presidida por el afán de “recuperar el mando político” en las decisiones de la educación en contra del “corporativismo de los gremios” y de su participación en los órganos de conducción.

El monopolio de la política frente a la autonomía de los entes, la voluntad única de los representantes de los partidos frente a la diversidad de los gremios de la enseñanza y la sociedad civil, los acuerdos políticos y los acuerdos nacionales, el inmediatismo de las soluciones operativas frente al largo plazo de los proyectos en materia educativa se nos plantean como disyuntivas incompatibles sobre las que hay que optar.

Pero no debería ser así. Nos parece que de lo que se trata hoy es de avanzar
desde los distintos lugares y posicionamientos de los actores tratando de ampliar los acuerdos tanto en materia de temas como de participantes, tramitando a través de la discusión y el diálogo los acuerdos y desacuerdos.

Para evitar frustrarnos una vez más, no diría que estamos ante la necesidad de un “cambio de paradigma” en materia educativa, pero sí de transformaciones muy importantes, muchas ya iniciadas, otras en proceso y otras en discusión, en un contexto regional e internacional que coloca los temas del conocimiento como fuente de poder pero también como condición de desarrollo independiente del país. Como afirma la resolución del CDC ya mencionada: “en educación se construye desde lo mejor de lo ya realizado, a partir del análisis crítico de la experiencia previa, apuntando a superarla”.

- ¿Cuál es el aporte que está haciendo la Udelar en este sentido? ¿es suficiente?
- En este proceso de construcción y de cambios rápidos nunca es suficiente lo que hacemos como universitarios, debemos exigirnos más y colectivamente para que el esfuerzo incida socialmente. Pero, aparte de los hechos concretos que podemos mostrar como realizaciones propias de la Universidad -varios ya los mencioné-, está la voluntad manifiesta de la institución de cooperar y los esfuerzos compartidos para que, efectivamente, el sistema nacional de enseñanza terciaria pública sea una construcción «entre todos, en todo el país y abierto a todos» como afirma el CDC. Así, sin la soberbia que puede habernos caracterizado en otros tiempos y que muchos no nos perdonan, hemos participado, al menos desde el año 2005, en todo este proceso, junto al MEC, la ANEP y su Codicen, en la Comisión Coordinadora del SNEP y la elaboración de la Agenda para la Mejora Educativa, en la constitución, finalmente, del Instituto Nacional de Evaluación Educativa, pero también a través de múltiples iniciativas bilaterales a nivel de facultades e instituciones de los subsistemas y en varios convenios que tenemos con sindicatos y organizaciones de la sociedad civil, tanto en materia de investigación como en educación formal y no formal.

- El presidente Mujica ha manifestado en reiteradas oportunidades la apuesta a los oficios y a la educación científicotécnica. ¿Cuál es, desde su visión, el rol de la formación humanística en la sociedad actual?
El foco central en los temas de la educación que ha colocado el sistema político ha recaído sobre todo en la enseñanza técnica y el tema edilicio. Este enfoque deja al costado otras dimensiones complejas del mismo tema y los aportes de solución. Por ejemplo, para mencionar uno, deja de lado el problema de la formación docente y los acuerdos que en la materia venimos procesando en el marco de la Comisión Mixta ANEPUdelar y con el Consejo de Formación en Educación, tanto en materia de grado como de posgrado conjuntos o, para mencionar otro y retomar la pregunta, la dimensión de las ciencias sociales y las humanidades en la formación integral de los estudiantes y docentes y su proyección al conjunto social.

Como ya sostuve, los requerimientos del mercado no pueden ser la única variable de promoción de carreras universitarias, tampoco podemos otorgarle nivel universitario a cualquier experiencia empírica o fomentar la excesiva parcialización y especialización de los conocimientos. La formación humanística, que mucho tenemos que mejorar, incluso profesionalizar, puede contribuir a una reflexión profunda de los problemas sociales, como este mismo debate educativo o sobre las razones del delito o la violencia, o sobre el pasado reciente y los derechos humanos en el presente, el bicentenario y nuestra identidad nacional, y otros.

En fin, se trata del desarrollo de un pensamiento reflexivo más abarcativo e interrelacionado de la realidad y la incorporación de autores y enfoques clásicos junto a los desarrollos más actuales para ayudarnos a entender mejor de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Una sociedad que deja de pensar sobre sí misma, que no ejercita sus capacidades críticas y propositivas, que no logra recrear los valores que le dan unidad y consistencia como comunidad y que no es inclusiva ni participativa en los procesos que generan pensamiento colectivo deja de tener intereses y metas generales y se empobrece espiritual y culturalmente por más que los indicadores económicos nos sigan dando bien y celebremos el investment grade.

LA ONDA® DIGITAL

Portada


Contáctenos

Archivo

Números anteriores

Reportajes

Documentos

Recetas de Cocina

Marquesinas


© Copyright 
Revista
LA ONDA digital