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Chile: el movimiento estudiantil se acabó
Por: Juan Pablo Fernández*
En su último discurso Boric marcó un punto definitivo. Las posibilidades eran drásticas: “O seguimos atados al legado de la dictadura con su democracia estrecha y nuestros derechos convertidos en bienes de consumo”, o tomábamos una decisión rotunda de iniciar “una nueva etapa en la historia de Chile”.
Fue claro: “no es momento de grises, de pactar con la vieja política, hoy agotada, sorda y decadente. Queremos nuevos tiempos, mejores, que tengan a las mayorías como protagonistas y ya no como meros espectadores. Donde la alegría nos llegue a todos”.
Y el silencio posterior confirmó que esto se terminó.
Se terminó porque hoy el movimiento estudiantil no se ve y no puede ser que no se vea. Es un movimiento ciudadano, no puede no verse, no puede ser que la única supuesta política que hacen la hagan en hipotéticas reuniones para negociar, o charlas de su recién estrenada fundación, cerradas para apenas un puñado de universitarios de la Chile.
Repito: es un movimiento ciudadano -y es casi una broma que tenga que repetirlo-. No es opcional su masividad, es obligatorio que sea público, no puede aparecer una vez al mes en la marcha que corresponde y nada más. El 2011 al movimiento estudiantil uno se lo encontraba aunque no quisiera, hoy hay que salir a buscarlo y no es fácil encontrarlo. Quedan pocos destellos de lo que fue y después de eso solamente queda el desamparo. Sería todo. Francamente esa política invisible está para MEO, pero no para los estudiantes. Si dicen que están haciendo política pero no se nota, entonces no están haciendo política.
Se terminó porque el 2012 no es ni la sombra del 2011. El año pasado tuvo a Camila Vallejo, una imagen que no existía. Por meses ella fue el centro de nuestra cultura. Tuvo estudiantes dispuestos a morirse en huelgas de hambre si era necesario y tuvo marchas que fueron verdaderas victorias. Hasta los rectores marcharon con ellos. Sacaron ministros y obligaron una reforma tributaria. Construyeron la fuerza contra Labbé. Construyeron una fuerza contra Villegas. Fueron al congreso y tuvieron a todo Chile viéndolos por televisión hasta la última hora de ese día. Fueron cuatro veces a Tolerancia Cero y lograron que por momentos esas conversaciones fueran el centro del país.
En cambio 2012 tiene apenas una sombra de la líder del año anterior, que se pierde entre genuflexiones a Fidel en vez de rebelarse contra lo predecible, como dijo Pato Fernández. Hay menos personas dispuestas. Las marchas ya no son victorias. Se habla de persecuciones a estudiantes, pero ni perseguidores ni perseguidos se toman la molestia siquiera de discutir, de insistir. Pasa nomás. Ya se olvidó.
No hay adversarios comunes en función de generar una identidad colectiva. Beyer sigue teniendo ventaja porque nadie en verdad lo ve como enemigo. Piñera se ve poco y tiene todavía menos que perder. La Concertación se está reconstruyendo. Escalona se ha posicionado de nuevo -después que hace poco más de dos años todo el mundo estaba pidiendo su renuncia a la presidencia socialista casi a escupos-.
Supongo que nadie tendría la desvergüenza de rebatir eso. No porque hayan empezado recién va a ser justo que se demoren tanto en construir poder. Disculpen, pero el 2012 no partieron precisamente de cero. La Concertación y el gobierno han hecho mejor su trabajo que los estudiantes este año. Y aunque los estudiantes tengan todas las excusas para justificar eso -que sus adversarios tienen más poder, recursos, experiencia-, nada de eso vale. El movimiento eligió enfrentarse a ese poder sin tener poder. Es lo que le toca si quiere obtener poder.
El movimiento estudiantil se terminó porque debieron haberse aliado con la ciudadanía que estaba exigiendo poder en otros lugares de Chile. En Aysén, en Freirina, en Calama -y desde anteayer, en Valdivia, los pescadores-. Porque necesitaban crecer y su rol no se limitaba a lo educativo: su responsabilidad era ser la oposición a la concentración del poder político y económico. Ellos lo dijeron, su demanda no era meramente gremial. Pero no sé en qué quedo eso.
El movimiento estudiantil se terminó porque no están haciendo nada para el momento clave que se acerca: las elecciones. En 5 meses hay elecciones municipales y no se ve que estén trabajando con los candidatos a alcaldes. Entiéndalo de una vez: el poder que ayer les daban las marchas hoy ya no se los da, no sirven para nada si son lo único que hacen. Hoy ese poder lo recuperarán si consiguen otra cosa: votos. Su influencia en las decisiones dependerá de los votantes que puedan movilizar para las elecciones que vienen. La de alcalde es prácticamente pasado mañana. Ahí se va a transar poder por poder. Sino esto está acabado.
El movimiento estudiantil se acabó porque las comisiones, fundaciones y los partidos de sus presidentes de federaciones pesan más que los líderes. El ejemplo más claro y más grave: se ha priorizado al autonomismo por encima del liderazgo de Gabriel Boric. Otro tan claro: la fundación nodo XXI, en cuyo directorio están Boric y Francisco Figueroa entre otros; está actuando de manera errática. Hace poco organizó una serie de discusiones.
Algunos de los invitados: Mónica Jiménez, ex ministra de educación de Bachelet; Jaime Quintana, Ricardo Lagos Weber y Guido Girardi, Senadores PPD; Ximena Rincón, Senadora DC y Jorge Arrate, ex ministro de Frei. Seis de los diez invitados eran concertacionistas puros. Quiero ser claro: estoy seguro que es necesario que discutan y negocien lo más posible con ellos. Pero también hay que resolver los problemas que acarrea esa necesidad. La imagen pesa. Lo que se ve es que los estudiantes organizaron un foro concertacionista. Como todos, como siempre.
Mientras tanto, como es habitual, Bachelet sigue infalible y ya no puede renunciar. En la práctica su silencio ha sido efectivo: aunque hemos querido no hemos podido obligarla a hacerse cargo de los errores de su gobierno. Ha logrado eludirlo. Sin embargo, el mismo mutismo sí la ha obligado a otra cosa: a volver. Porque su abulia no permitió que surgiera otra alternativa. Ahora le toca responder a eso. Tácitamente aceptó. No liderar a la izquierda -porque Bachelet no es ni nunca ha sido lider- sino representarla.
El movimiento estudiantil se acabó y es intolerable que se acabe por tanta torpeza. Porque es el único que puede hacer algo para evitar que Bachelet recupere el poder. Necesitamos que exista para evitar que Bachelet venga el 2013 a hacernos creer que estamos en 2005 de nuevo, que nada de esto ha pasado. Para evitar que los convenza a todos de que está todo bien y que tendremos mañanas de marraquetas más crujientes y tés más dulces todos los días.
El movimiento estudiantil se acabó a menos que haya alguien dispuesto a asumir su responsabilidad, dejar la estrategia y volver a actuar.
*Fuente: El Dínamo cl
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